Rosana trae su música a Bariloche y Neuquén

Entrevista con la cantante

Por Redacción

MÚSICA

El pasado 26 de marzo a la mañana Rosana (50) recibió en Buenos Aires, el informe de su traumatólogo madrileño, quien le indicaba regresar y someterse a una intervención quirúrgica pues los meniscos de su rodilla izquierda estaban rotos.

A la tarde, tenía previsto cantar en el subte porteño siguiendo su vieja idea de ir con la música donde la gente está. Su equipo le sugirió cancelar todo. Imposible. Usando muletas y rodillera para evitar daños mayores, descendió al metro y durante ocho estaciones cantó con su guitarra en vagones de la línea D, y en un pequeño escenario montado en el andén de Congreso de Tucumán, donde la sorprendió Abel Pintos y juntos interpretaron dos canciones.

La cantante se mostró bajo una sensación agridulce, por lo que acababa de hacer y por deber posponer la gira argentina.

Felizmente se recuperó en Madrid y con las maletas llenas de espera este mes la llevó a San Juan, Mendoza, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, y Comodoro. Este jueves estará en el Teatro La Baita, de Bariloche y el 1 de agosto se presentará en Casino Magic, de Neuquén.

“Estoy bien, me operaron de los meniscos. Llegué a Madrid un viernes me hicieron todos los estudios pre quirúrgicos y el lunes siguiente a los ocho de la mañana entré a quirófano… Pasé por un largo proceso de rehabilitación en el que fui progresando muy bien, tal como es cuando las cosas tienen un toque de suerte, no?”

-En el subte te paraste sobre un asiento y desde ahí, cantaste. Ahí deben haber temblado tus colaboradores…

-Temblaron todos y yo la primera, que dije cómo puedo ser tan imbécil de hacer esto con el enorme dolor que tengo? Pero intenté apoyarme en la pierna derecha y logré subirme. Me puse allí arriba porque lo prefería para ver a todo el mundo en el vagón. Pude, pero cuando me bajé, me regañaron, me mencionaron mal.

-Eso muestra la marca de tu temperamento, la energía y la pasión que fueron más allá de la molestia.

-Sí, total. De hecho, fíjate, esa mañana, cuando me ordenaron que debía operarme, tenía un dolor enorme en la rodilla, producto de una caída. Pensé que podía ser una cuestión de ligamentos y tal, pero nunca una rotura. Te juro… ¡No me la puede estar jugando así este momento! Estaba en el principio de una gira por casi veinte ciudades argentinas que pasará por otros países y nos llevará hasta finales del 2015. No entendía por qué la vida me estaba obligando a pararme por tanto tiempo. Aquella mañana del subte me anunciaron la rotura, la operación y comenzamos a reprogramar todo. El médico de Madrid me dijo: si vienes ya, te opero ya! La verdad fue que después de haberle avisado a la gente que iba a cantar en la línea D, no pudimos hacer otra cosa que respetar ese compromiso.

No nos salió, de manera natural, irnos esa tarde a Ezeiza y partir en un avión que nos llevara a España. Decidí irnos a la mañana siguiente, pero después de hacer el subte. Me ordenaron usar muletas. Como sea pero voy, sí o sí! Respondí. Y cuando ya estuve ahí y les vi la cara a las personas que fueron a verme, que la estaban pasando bien, divirtiéndose y emocionándose, me olvidé de todo, del inconveniente que sufría y la pasión hizo como una especie de efecto placebo. Y aunque fue doloroso, pasó a un segundo plano.

-Marca también otras cuestiones que podrían describirse con las palabras profesional, respeto por lo acordado, por los que están detrás tuyo y de tus canciones. Podrías haber dado las excusas del caso, ante un problema tan evidente, pero seguiste adelante…

-Es que se dan muchas cosas. Primero, que soy una enamorada del ser humano, por lo tanto, cualquier excusa para encontrarme con él, me vale para moverme. Pa’ empezar. Y aparte de eso, evidentemente, sí me gusta ser… Responsable. No sé si es el término adecuado… Creo que se relaciona más con la honestidad de ser quien soy y de no querer fallar a la gente, de no querer fallarle de corazón. No para quedar bien, sino por cuestionarme cómo dejarte tirado, de lado… Todas la palabras que en este sentido busquemos, están siempre alrededor –en cuanto a mí se refiere- intentar no hacer lo que no quiero que me hagan. A veces lo consigo, otras no. U originar lo que me gustaría que hicieran. Es una base que me mueve… Según termine el subte, si hay un avión, me voy, contesté. En el primero que salga. Pero, no voy a dejar de cantar allí…

– Dijiste ser enamorada del ser humano y dentro de ese concepto genérico, hay también humanos que mientras pensás en actuar mejor cada día, en brindarte en cada canción, se levantan pensando qué medida económica tomar para beneficiarse sin que les importe quién se perjudica, o fabrican armas, guerras, o generan hechos negativos en la realidad que compartimos.

-Sí hombre… Y además podría uno plantearse que precisamente el mundo no está pasando por un buen momento. En general. Es una época súper frágil en casi todos lados y cuando me plantean la brutalidad de la crisis económica, mi respuesta es siempre la misma: evidentemente hay tal crisis, pero el dinero no es más que lo que hacemos con él… Debe haber una crisis de valores, anterior a la económica y seguro ahí hay mucho terreno que abonar y mucho para hablar y entender. Creo, con honestidad, en el ser humano y que la gran mayoría de la gente –no le doy vueltas a cómo suene eso- es buena. La evidencia es que hay de todo, pero mayoritariamente, me parece que si no fuera bueno, tendríamos una guerra montada desde hace rato…

-Allí está bien plantear la utilidad de la canción, a través de la cual te expresás y es interpretada según quien la recibe.

-Definitivamente… De hecho, hago una canción y resulta –como decimos en España- que me quedo en pelotas. Estás en pelotas ante un papel en blanco y al final escribes lo que sientes y piensas. Y eso, cierto es, luego muta, se va reconvirtiendo y va haciendo protagonista a todo aquel que la escucha y la recepta. Quien se vuelve partícipe de una canción, al final acaba siendo protagonista de ella. Ese el motivo por el cual la cantamos, porque de alguna manera nos mueve, nos sentimos involucrados en la historia que alguien nos cuenta. Creo en la música como pócima, a veces como interacción y la gran parte de las veces, no sé, como un revulsivo para que tomemos conciencia y deseemos cambiar las cosas.Yo tengo una frase que digo siempre porque así siento, no? En mi caso es así, no sé si ocurrirá a todo el mundo. Digo que mis canciones no se terminan hasta que no las comparto. Yo la hago, la escribo, la grabo, la saco al mercao, pero hasta que no se comparte, la gente no se adueña de ella y le va dando otras formas, no está terminada. Por eso, en verdad, nunca concluye porque constantemente hay personas redescubriendo lo que otras detectaron antes. Pasa un montón de veces que muchísimos años después de que su autor muriera, un tema reaparece y se coloca en el mundo como si fuera de ayer… Existe una especie de motor que hace que la gente siga descubriendo continuamente una canción. Continuamente. Cada vez que la escucha la descubre, por eso las canciones son como el aire. Ni se envasan, ni se concluyen.

-¿Esa metáfora se te ocurrió ahora?

-Sí… (Estalla en risa Rosana)

-Define con precisión de orfebre la idea que estábamos dialogando. Es también una fuerte responsabilidad, no se puede decir cualquier cosa, hacer volar una idea solo para armar una rima o pegar con el ritmo.

-Además es verdad que se relaciona con una forma de vida, con ser consciente de que, por decisión, vas con el corazón desabrochado y te la juegas para bien o para mal. Pero, al fin y al cabo, eso es vivir y el día que te vayas del mundo, que quien te recuerde porque te conoció, lo haga por quien fuiste de verdad. La transparencia, en este caso, es importante aunque pudiera ser un riesgo de equivocarte en lo que dices. Lo que salva es el hecho de ser todo lo honesta que pueda.

Eduardo Rouillet


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