El árbol tóxico que llegó desde China a la mayor selva de Argentina: lo introdujeron para producir aceite y terminó olvidado

Introducido para abastecer a la industria, el tung encontró en la provincia más lluviosa del país condiciones favorables para crecer. Durante décadas fue un cultivo importante, pero la pérdida de rentabilidad dejó plantaciones y vestigios de una actividad que supo tener peso en la economía provincial.

Redacción

Por Redacción

De las semillas del tung se extrae aceite no comestible. Foto: gentileza.

De las semillas del tung se extrae aceite no comestible. Foto: gentileza.

Un árbol de origen asiático, con frutos y semillas tóxicos, llegó a Misiones en 1928 para convertirse en materia prima industrial. Durante buena parte del siglo XX, el tung tuvo un lugar destacado en la economía de las colonias agrícolas de la provincia. De sus semillas se extraía un aceite utilizado en la fabricación de pinturas, barnices y recubrimientos protectores.

Con el tiempo el cultivo perdió protagonismo. La caída de su rentabilidad y los cambios en el mercado redujeron el interés por producirlo, y algunas plantaciones quedaron abandonadas. De ese modo, este árbol tóxico traído desde China a Misiones para producir aceite industrial se propagó espontáneamente en antiguas zonas productivas y bosques secundarios de la selva misionera, la mayor y más biodiversa de Argentina. Hoy, el tung forma parte de la historia de una actividad que transformó el paisaje rural misionero.

De China a Misiones


El tung (Vernicia fordii) es originario de China y se cultiva por el aceite que contienen sus semillas. A diferencia de los aceites destinados a la alimentación, el producto obtenido de esta especie tiene aplicaciones industriales: al entrar en contacto con el aire, se seca y forma una película resistente al agua.

Esa propiedad lo convirtió en una materia prima valiosa para pinturas, barnices, tintas y acabados para madera. También tuvo aplicaciones en productos aislantes y recubrimientos utilizados por distintas industrias.

La semilla del tung es una materia prima valiosa para pinturas, barnices, tintas y acabados para madera.
La semilla del tung es una materia prima valiosa para pinturas, barnices, tintas y acabados para madera.

En Misiones, el cultivo encontró condiciones ambientales favorables. Las temperaturas cálidas, las lluvias abundantes y la disponibilidad de agua permiten el desarrollo de esta especie, que también puede adaptarse a suelos ácidos y de fertilidad variable, siempre que tengan un drenaje adecuado.

La tierra colorada, característica de buena parte de la provincia, no es por sí sola la explicación de su adaptación. El clima subtropical húmedo constituye un factor central para entender por qué el árbol pudo desarrollarse en la región.

Tung: un cultivo que perdió su lugar


Durante el siglo XX, el tung se expandió por distintas zonas de Misiones y llegó a sostener una estructura de producción e industrialización. Localidades como Santo Pipó, Puerto Rico y Eldorado estuvieron vinculadas con esa actividad, que abastecía a establecimientos dedicados a procesar las semillas y obtener el aceite.

Pero la importancia económica del cultivo no se mantuvo en el tiempo. Los cambios en los mercados, la pérdida de competitividad y el avance de otras producciones regionales contribuyeron a su retroceso. La yerba mate, el té y el tabaco ocuparon un lugar central en muchas explotaciones agrícolas.

Muchas plantaciones de tung dejaron de manejarse comercialmente.
Muchas plantaciones de tung dejaron de manejarse comercialmente. Foto: gentileza.

Con la contracción de la actividad, parte de la infraestructura industrial quedó fuera de uso y muchas plantaciones dejaron de manejarse comercialmente. Aunque hubo iniciativas para recuperar la producción y elaborar aceite a pequeña escala, no hay evidencia suficiente para afirmar que el tung haya recuperado la dimensión que alcanzó durante su auge.

La toxicidad y el interrogante ambiental


El tung no es un árbol alimentario. Sus semillas y frutos contienen sustancias tóxicas, por lo que su ingestión puede provocar intoxicaciones en personas y animales. El aceite crudo destinado a usos industriales tampoco es apto para el consumo humano.

Esa característica plantea una cuestión adicional cuando hay árboles en áreas rurales donde circulan animales domésticos o fauna silvestre. Sin embargo, la toxicidad de la planta no demuestra, por sí sola, que las poblaciones de tung hayan causado daños generalizados a los ecosistemas misioneros.

Así, el tung reúne dos historias diferentes: la de un cultivo exótico que llegó a Misiones para abastecer a la industria y perdió relevancia económica, y la de una especie cuya presencia actual merece ser estudiada. Saber cuántas plantaciones sobreviven, dónde se regeneran espontáneamente y qué efectos producen permitiría establecer si aquel antiguo negocio dejó, además de sus huellas productivas, un problema ambiental.


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Un árbol de origen asiático, con frutos y semillas tóxicos, llegó a Misiones en 1928 para convertirse en materia prima industrial. Durante buena parte del siglo XX, el tung tuvo un lugar destacado en la economía de las colonias agrícolas de la provincia. De sus semillas se extraía un aceite utilizado en la fabricación de pinturas, barnices y recubrimientos protectores.

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