El azafrán comienza a investigarse en el Valle de Viedma como alternativa para la agricultura familiar
INTA inició los primeros ensayos del cultivo en el Valle de Viedma para evaluar su adaptación a las condiciones agroecológicas de la región. Buscan generar información técnica que permita diversificar la producción regional con un cultivo de alto valor comercial y bajo requerimiento hídrico.
Conocido como «el oro rojo» por su elevado valor en el mercado internacional, el azafrán comenzó a formar parte de los ensayos productivos que desarrolla en la estación experimental INTA Valle Inferior, en el espacio productivo del módulo agroecológico. La iniciativa busca evaluar el comportamiento del cultivo en las condiciones de la región y analizar su potencial como una alternativa de diversificación para la agricultura familiar.
La experiencia se desarrolla en el módulo agroecológico del INTA en el Valle de Viedma donde se desarrollan las primeras parcelas experimentales con el objetivo de obtener información local sobre el comportamiento del cultivo, sus requerimientos, manejo y las posibilidades reales de producción en la región.
«Estamos dando los primeros pasos. El objetivo es conocer cómo responde el cultivo en nuestras condiciones ambientales antes de pensar en una producción comercial«, explicó la técnica de INTA Valle Inferior, María Teresa Doñate.
Una especia muy valiosa
El azafrán (Crocus sativus) es considerado una de las especias más valiosas del mundo debido a que su producción requiere importante mano de obra en momentos específicos como la cosecha de flores y siembra de cormos.
La parte femenina de la flor, el estigma que es trifurcado, rojizo y tostado, constituye la especia conocida como “azafrán” estos deben extraerse cuidadosamente y luego secarse para obtener el producto final.

Precisamente esa característica convierte al cultivo en una alternativa interesante, donde la mano de obra familiar constituye uno de los principales recursos disponibles en la agricultura familiar.
Características del cultivo: es un cultivo de otoño-invierno-primavera, época de escasa actividad agrícola; las plantas requieren suelos de mediana fertilidad y exige bajos requerimientos de riego; las labores culturales pueden efectuarse con herramientas simples y comunes; los requerimientos de insumos externos son escasos; Contribuye a la diversificación de cultivos y, consiguientemente, de ingresos para el agricultor familiar, con mínimo impacto ambiental, durante la mayor parte del año el cultivo exige poca atención, excepto en el período de cosecha de flores, que ocurre en otoño (abril-mayo) y en un lapso de 20 ó 30 días según las temperaturas de otoño y la cosecha de los cormos que se realiza en primavera.
Un dato importante es que el productor puede producir su propio material de propagación, pero hay que aclarar que tiene muy baja tasa de reproducción siendo una de las limitantes para la expansión del cultivo por la escases de cormos y sus elevados precios.
Generar conocimiento antes que promover un cultivo
Desde el INTA aclaran que el proyecto no busca impulsar de manera inmediata una nueva actividad productiva, sino generar información técnica confiable que permita evaluar objetivamente sus posibilidades.
Hasta el momento no existe información sobre el comportamiento del azafrán en las condiciones específicas del Valle de Viedma del río Negro, por lo que los ensayos permitirán conocer aspectos relacionados con la adaptación del cultivo a las condiciones agroclimáticas, la sanidad del cultivo y los rendimientos potenciales.
Los resultados obtenidos servirán como base para futuras recomendaciones dirigidas a productores interesados en incorporar esta alternativa. «La intención es brindar información local. Cada región tiene características propias y es necesario conocer cómo responde el cultivo antes de recomendar su incorporación», afirmó la técnica.
Un cultivo intensivo y de alto valor
Si bien el azafrán posee un elevado precio de comercialización, su producción requiere una importante dedicación.
La cosecha debe realizarse flor por flor durante un período muy corto, generalmente en las primeras horas del día, para preservar la calidad de las hebras, posteriormente, el proceso continúa con la separación manual de los filamentos y su secado, una etapa fundamental para conservar el aroma, el color y las propiedades de la especia.
Estas características hacen que el cultivo resulte especialmente atractivo para emprendimientos familiares o de pequeña escala, donde el agregado de valor puede realizarse en origen.
Mirar nuevas oportunidades
La incorporación del azafrán forma parte de una estrategia más amplia que desarrolla el INTA Valle Inferior para evaluar especies con potencial de adaptación a las condiciones de la región y generar alternativas productivas frente a los nuevos desafíos del sector agropecuario.
En ese sentido, los técnicos destacan que la diversificación permite reducir riesgos, aprovechar mejor los recursos disponibles y abrir oportunidades para sistemas productivos familiares.
Aunque todavía se encuentra en una etapa inicial, la experiencia representa un primer paso para conocer si esta tradicional especia, cultivada desde hace siglos en distintas regiones del mundo, puede encontrar también un lugar entre las producciones características de la Norpatagonia.
Si los resultados acompañan, el «oro rojo» podría convertirse en una nueva oportunidad para agregar valor, generar ingresos y ampliar el abanico de alternativas productivas en el Valle de Viedma del río Negro.
Comentarios