Riego agrícola: cómo hacer eficiente la operación de pivotes centrales
El desafío ya no es solamente regar, sino aplicar el agua donde, cuando y como el cultivo la necesita.
Riego: el objetivo es que la mayor proporción posible de agua quede disponible para las raíces. Foto: archivo.
El pivote central se ha convertido en una herramienta fundamental para la agricultura bajo riego. Su capacidad para cubrir grandes superficies, automatizar la aplicación y alcanzar altos niveles de uniformidad lo transforma en una tecnología de gran potencial. Sin embargo, disponer de un pivote no significa necesariamente utilizar el agua de manera eficiente.
Un equipo puede funcionar correctamente y, aun así, presentar pérdidas por evaporación, deriva, escorrentía o problemas de infiltración. La pregunta central es cuánto del agua aplicada termina realmente disponible para las raíces.
Uniformidad: la primera condición
La uniformidad de aplicación es fundamental. Cuando es baja, algunos sectores reciben más agua de la necesaria mientras otros permanecen con déficit.
Como referencia, un pivote se diseña con una uniformidad mayor al 90%. Pero en terreno uno puede encontrar diferentes condiciones. En general, una uniformidad en terreno superior al 90% es excelente; entre 80 y 90% se considera bueno, entre 70 y 80% aceptable y por debajo de 70% inaceptable.

La uniformidad puede disminuir por incorrecta ubicación de aspersores, emisores defectuosos, taponamientos, filtraciones, problemas de presión, fallas de la bomba o de los reguladores. Por eso, evaluarla periódicamente debe ser una herramienta de diagnóstico y mantenimiento. Como regla general es una muy buena práctica evaluar la uniformidad con el pivote recién instalado, así se conoce el punto de partida del equipo.
No toda el agua que sale del aspersor llega a la raíz
En general no toda el agua llega al sistema radicular, pues existen pérdidas por deriva, evaporación desde la canopia y evaporación desde el suelo. Las pérdidas varían considerablemente según el sistema de aplicación o, en otras palabras, el emisor.
Esto demuestra que la selección del aspersor es una decisión ingenieril estratégica. No existe un emisor universalmente mejor: su comportamiento depende del cultivo, suelo, presión, viento, altura de la vegetación y objetivo del riego.

El tamaño de las gotas también importa. Las gotas pequeñas pueden ser más susceptibles a mayor evaporación y deriva, mientras que gotas grandes pueden aumentar el impacto sobre el suelo y contribuir al sellado superficial.
Infiltración y escorrentía
Todo suelo posee una determinada capacidad para infiltrar agua. Si la tasa de aplicación supera esa capacidad, el agua se acumula en superficie y puede producirse escorrentía.
Este fenómeno es especialmente importante en suelos con baja velocidad de infiltración, compactados o con problemas de estructura. El agua que escurre fue aplicada, pero puede no quedar disponible en la zona radicular.
No basta con conocer cuántos milímetros necesita el cultivo: también hay que saber cómo serán entregados.
Bajo determinadas condiciones, un mayor diámetro de aplicación de un emisor puede disminuir la escorrentía al reducir la intensidad con que el agua llega a un punto determinado. Por eso, no basta con conocer cuántos milímetros necesita el cultivo: también hay que saber cómo serán entregados.
En general el tamaño de la gota es muy importante. Las gotas impactan el suelo, la superficie potencialmente se sella lo que disminuye la infiltración y aumenta la acumulación de agua en la superficie y por lo tanto puede aparecer escorrentía.
Por ello, la elección del paquete de aspersores debe considerar también la condición física del suelo.
Presión, altura y velocidad
En general, en nuestra experiencia, un aumento de presión puede incrementar el diámetro de aplicación y reducir la escorrentía. Además, una mayor altura puede aumentar la uniformidad. Sin embargo, mayores presiones generan gotas más pequeñas que pueden ser susceptibles a la deriva y evaporación. Por lo tanto la presión debe mantenerse dentro de las condiciones de diseño.
La altura de los aspersores modifica el radio de alcance, y el diámetro mojado de los emisores y la velocidad de desplazamiento también modifican intensidad y cantidad de agua recibida por el terreno.
La geometría del pivote importa: no todos los aspersores tienen la misma importancia
Un pivote no riega la misma superficie en cada tramo. Por ejemplo, un equipo de aproximadamente 394 metros cubre cerca de 50 hectáreas. El primer tramo, a 54 metros del centro, el equipo riega unas 0,93 hectáreas, mientras que el tramo ubicado a 378 metros representa aproximadamente 12,26 hectáreas.
Los sectores exteriores representan una superficie mucho mayor y cualquier problema en los últimos tramos puede tener una repercusión importante sobre la superficie total regada. Los emisores del extremo, reguladores y voladizo deben recibir especial atención.
Medir para manejar
Un pivote puede verse funcionando perfectamente y, sin embargo, presentar una distribución deficiente. Por eso, la observación visual debe complementarse con mediciones.
La uniformidad puede evaluarse mediante indicadores como el Coeficiente de Uniformidad de Heerman y Hein y el criterio del cuarto menor. La lógica es simple: medir, diagnosticar, corregir y volver a medir.
Dato
- 0,93
- Hectáreas riegan los primeros 54 metros de un pivote.
Si existe baja uniformidad, primero hay que determinar la causa. Cambiar y corregir aspersores no resolverá necesariamente un problema de presión; aumentar la presión tampoco solucionará un taponamiento; y aplicar más agua no corregirá una distribución deficiente.
Una estrategia práctica para el productor
Antes de cada temporada, el operador debería revisar presión y caudal, inspeccionar emisores y reguladores, detectar taponamientos y filtraciones, verificar los aspersores y evaluar la uniformidad.
Durante la temporada, la aparición de escorrentía y sectores excesivamente húmedos o secos indica que el sistema debe ser revisado. Las imágenes aéreas o de satélite son claves en la evaluación, ya que desde el camino es casi imposible detectar los problemas.
Eficiencia no significa simplemente aplicar menos agua
La eficiencia hídrica no consiste en reducir la cantidad de agua a cualquier costo. El objetivo es aplicar la cantidad adecuada, de manera uniforme, en el momento apropiado, procurando que la mayor proporción posible quede disponible para las raíces.
Los pivotes modernos incorporan sensores y automatización, tecnologías que pueden hacer más precisa la gestión, pero no reemplazan los principios básicos del riego.
Conclusión
El pivote central es una herramienta de enorme potencial para la agricultura bajo riego, pero su eficiencia depende de la interacción entre diseño hidráulico, presión, emisores, tamaño de las gotas, altura de aplicación, viento, suelo, infiltración, velocidad de desplazamiento y necesidades del cultivo.
La enseñanza es sencilla: no se trata solamente de regar, sino de manejar el agua.
Un pivote eficiente es aquel que consigue que el agua aplicada se transforme, en la mayor medida posible, en agua útil para el cultivo. Para lograrlo hay que medir la uniformidad, mantener los emisores, controlar la presión, considerar la capacidad de infiltración, reducir la escorrentía, adaptar la aplicación a las condiciones ambientales y programar el equipo de acuerdo con las necesidades reales del cultivo.
En un escenario agrícola donde cada unidad de agua adquiere mayor valor, mejorar el manejo de un pivote puede ser tan importante como aumentar su capacidad. Esto repercute también en el costo energético que implica cada milímetro de riego.
La pregunta relevante ya no es solamente cuánto puede regar un pivote, sino cuánto del agua aplicada termina realmente ayudando al cultivo a producir. Allí comienza el manejo moderno y eficiente del riego por pivote central.
Encontrá la segunda parte de este artículo en la edición del domingo 18 de octubre del Suplemento RURAL de Diario RÍO NEGRO.
| (*) ¿Quién es Octavio Lagos? |
| El Dr. Octavio Lagos es profesor asociado del Departamento de Recursos Hídricos de la Facultad de Ingeniería Agrícola de la Universidad de Concepción en Chile y actualmente es el director del Consorcio Tecnológico del Agua (CoTH2O). Lagos posee un grado de Ingeniero Civil Agrícola de la Universidad de Concepción en Chile y en 2005 finalizó su maestría en Ingeniería Agrícola con especialización en recursos hídricos. En 2008 obtuvo el grado de Doctor en Ingeniería en la Universidad de Nebraska Lincoln, Estados Unidos, y durante 2017-2018 finalizó un postdoctorado en la Universidad de California Davis. Su experiencia e investigación actual están relacionadas con la medición y modelado de la evapotranspiración anual en cultivos y huertos frutales, ingeniería de riego (aspersión y microrriego), así como con el uso de teledetección en la demanda de agua. Proyectos asociados a recursos naturales bajo escenarios de sequía, variabilidad y cambio climáticos. |
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El pivote central se ha convertido en una herramienta fundamental para la agricultura bajo riego. Su capacidad para cubrir grandes superficies, automatizar la aplicación y alcanzar altos niveles de uniformidad lo transforma en una tecnología de gran potencial. Sin embargo, disponer de un pivote no significa necesariamente utilizar el agua de manera eficiente.
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