Río Negro tiene un potencial de desarrollo de 100.000 hectáreas productivas que la transformarán en pocos años más en la joya agrícola y ganadera de la Patagonia
El secretario de Agricultura de Río Negro, Lucio Reinoso, repasó la estrategia productiva de la provincia para incorporar unas 100.000 hectáreas a la producción, la necesidad de diversificar los cultivos, el fortalecimiento de la ganadería y la búsqueda de nuevas alternativas de exportación.
La producción bajo riego permite sumar maíz, alfalfa, cebolla y verdeos. Foto: Marcelo Ochoa
El desafío no pasa solamente por sumar superficie productiva. Para el secretario de Agricultura de Río Negro, Lucio Reinoso, el crecimiento que puede experimentar la provincia en los próximos años necesita estar acompañado por una planificación que contemple qué producir, cómo hacerlo, cómo cuidar los recursos y, fundamentalmente, cómo evitar que una determinada actividad termine saturando los mercados.
La ampliación de las áreas bajo riego aparece como uno de los puntos centrales. Reinoso habló de una posibilidad de llegar, en un futuro no muy lejano, a unas 100.000 hectáreas con posibilidades de ser incorporadas a proyectos productivos. Una primera etapa contempla infraestructura para unas 40.000 hectáreas, mientras que posteriormente podrían sumarse otras áreas vinculadas a diferentes proyectos de colonización y desarrollo productivo.
Pero esa expansión, explicó, debe estar acompañada por una adecuada rotación de cultivos. “Cuando uno habla de sistemas productivos, lo que tiene que pensar es la rotación de los cultivos. No podemos hacer indefinidamente maíz, maíz, maíz sobre maíz”, señaló.
Reinoso plantea este esquema en función de las 103.000 toneladas de maíz que le faltan a la ganadería provincial para cubrir la demanda de alimento, que demandan 20 millones de dólares cada año para traer ese producto desde otras zonas productivas.
Reinoso contempla una combinación de pasturas y cultivos anuales. En términos generales, explicó que aproximadamente la mitad de esa superficie debería estar ocupada por pasturas que pueden permanecer alrededor de cinco años, mientras que el resto debería entrar en rotaciones con distintos cultivos.

En ese segundo grupo aparece el maíz, pero también cebolla, papa y otros cultivos anuales y cereales, como cebada, avena y trigo.
La intención es que la ampliación de la superficie productiva no termine dependiendo de un único cultivo. También se busca que las decisiones estén vinculadas con la existencia de mercados para esos productos.
“Lo que estamos tratando de generar es productos en los cuales tenemos mercado”, explicó.
El planteo tiene una lógica concreta. Si aumenta fuertemente la producción de un determinado cultivo sin que exista una demanda suficiente, el resultado puede ser una caída de precios o una saturación del mercado. Por eso, la diversificación forma parte del diseño del sistema.
Del maíz a la alimentación animal
Uno de los ejemplos que utilizó Reinoso fue el maíz. Río Negro tiene posibilidades de incrementar su producción, pero al mismo tiempo importa productos necesarios para la elaboración de alimentos balanceados, particularmente componentes proteicos.

La estrategia que plantea el secretario es avanzar hacia un esquema en el que una mayor parte de ese proceso pueda desarrollarse dentro de la provincia. “Nuestra idea es que eso que está sucediendo allá suceda acá”, sostuvo.
El objetivo es que la producción de granos no quede limitada a la venta de materia prima, sino que pueda vincularse con la generación de valor agregado y con la producción ganadera.
La alfalfa ocupa un lugar particular dentro de ese esquema. Reinoso la mencionó tanto por su función como fuente de proteína para los animales como por la posibilidad de producirla con destino de exportación.
De esta manera, la expansión del riego permitiría pensar en una agricultura que no solamente produzca granos, sino que también contribuya a sostener una mayor producción de carne y, al mismo tiempo, genere productos destinados a otros mercados.
Cinco proyectos para distintas necesidades
La estrategia que está llevando adelante la provincia no se resume en un único programa de financiamiento. Reinoso explicó que se trabaja sobre cinco proyectos, con características diferentes según las zonas y las necesidades.
“Son cuatro proyectos de riego y uno de gestión de riesgo”, precisó.
La gestión del riesgo incluye herramientas para la fruticultura, entre ellas la incorporación de tecnología vinculada a la protección contra el granizo. Pero también contempla equipamiento que permita responder ante situaciones que pueden afectar a otras actividades.
“Las bases, que son los productores, son los que vienen a pedir qué es lo que necesitan”.
Lucio Reinoso, secretario de Agricultura de Río Negro.
El funcionario puso como ejemplo la necesidad de contar con camiones para trasladar fardos cuando aparecen problemas de sequía o situaciones como la que actualmente se registra en la zona de El Manso. También mencionó la necesidad de disponer de equipamiento para combatir incendios y responder rápidamente ante la aparición de focos en áreas rurales.
La idea, entonces, no es solamente aumentar la producción sino también tener herramientas para sostenerla cuando aparecen situaciones extraordinarias.
Reducir la dependencia del clima
Para Reinoso, el clima es una de las principales variables que condicionan la actividad agropecuaria y frente a la cual el productor tiene menos posibilidades de actuar.

“No podemos seguir dependiendo de estas cuestiones”, sostuvo al referirse a los vaivenes climáticos.
En ese contexto, el agua adquiere un valor estratégico. La provincia no puede controlar las lluvias, las heladas, el granizo o las sequías, pero sí puede avanzar en infraestructura que permita administrar el recurso hídrico.
“Si podemos manejar el agua, que es uno de los recursos más importantes, le damos estabilidad”, afirmó.
La misma lógica se aplica a la fruticultura. Reinoso planteó que una producción que tiene compromisos comerciales no puede quedar completamente expuesta a que un granizo o una helada destruyan el trabajo de toda una temporada. “No podés estar dependiendo de que un granizo te arruine todo el laburo”, señaló.
Y explicó que el impacto de una mala temporada no recae únicamente sobre el productor. Si no hay fruta, también se reduce la actividad de transportistas, cosechadores, podadores y de toda la cadena vinculada con la producción.
Prepararse para las emergencias
La misma preocupación aparece en la ganadería. Una sequía puede generar falta de alimento; un incendio puede obligar a trasladar animales; y situaciones extraordinarias, como una nueva caída de ceniza, también pueden alterar rápidamente las condiciones productivas.

Por eso, el planteo es contar previamente con recursos que permitan reaccionar.
“Podemos tener maíz, podemos tener los equipos, podemos mover los animales”, dijo Reinoso.
El concepto de prevención adquiere así un lugar central. La intención es no esperar a que ocurra una emergencia para comenzar a buscar las herramientas necesarias.
La estrategia debe trascender los períodos políticos
Uno de los puntos sobre los que más insistió Reinoso fue la necesidad de pensar estos proyectos con un horizonte más largo que un período de gobierno.
La ampliación de la superficie bajo riego y el desarrollo de infraestructura requieren varios años. Por eso, considera necesario construir políticas que puedan sostenerse en el tiempo.
“Vos estás pensando en un proyecto que seguramente va a sumar 6, 8, 10 años”, señaló.
En esa planificación, el funcionario destacó el papel de las instituciones y de los propios productores. Según explicó, la estrategia no se diseñó exclusivamente desde el Estado, sino que busca recoger las necesidades que plantean las organizaciones del sector.
“Las bases, que son los productores, son los que vienen a pedir qué es lo que necesitan”, sostuvo.
En ese sentido, mencionó el trabajo con cámaras de productores, federaciones y otras instituciones vinculadas al sector. La consulta y el intercambio permiten, según su mirada, que los proyectos sean apropiados por quienes después deberán utilizarlos.
“Se apropiaron de los proyectos”, afirmó al describir el resultado de las consultas realizadas.
Energía: otro costo que debe resolverse
Dentro de los proyectos productivos también aparece la cuestión energética. Reinoso planteó que, en determinadas zonas, el bombeo con gasoil dejó de resultar conveniente desde el punto de vista económico.
“Hoy producir bombeando gasoil no nos conviene, es imposible”, explicó. Por eso, la transición hacia sistemas de bombeo con energía eléctrica aparece como una alternativa. Y hacia adelante también mencionó la incorporación de energías renovables como parte del proceso.
El objetivo es que los nuevos sistemas productivos no solamente dispongan de agua, sino que puedan hacerlo con costos que permitan sostener la actividad.
Una salida para los nuevos productos
La expansión productiva también necesita mercados y logística. En ese punto, Reinoso destacó el papel que puede cumplir el puerto multipropósito de San Antonio Este.
Según explicó, la idea es que la infraestructura portuaria pueda generar una alternativa para el movimiento de contenedores y facilitar, entre otras actividades, la salida de productos rionegrinos hacia el exterior.
Entre las producciones que se están pensando con potencial exportador mencionó alfalfa, cebolla y frutos secos.
El desafío, explicó, es conseguir que las compañías marítimas incorporen al puerto dentro de sus circuitos y que exista un costo competitivo para los productores.
En este punto, la estrategia productiva y la infraestructura vuelven a encontrarse: no alcanza con generar más producción si después no existen las condiciones para comercializarla.
Una mirada de largo plazo
La visión que plantea Reinoso reúne varios componentes, entre los que se cuentan: ampliar la superficie bajo riego, diversificar los cultivos, generar alimentos para la ganadería, agregar valor, mejorar la infraestructura, reducir la exposición a los riesgos climáticos y encontrar nuevas alternativas comerciales.
Pero el funcionario insiste en que el Estado no reemplaza al productor. Su función, según explicó, es reunir las necesidades que aparecen en el territorio y aportar herramientas y estrategia.
“Los productores lo están haciendo, nosotros simplemente juntamos las ideas y todos los desafíos que tiene cada productor y le ponemos cabeza, herramientas y estrategia”, resumió.
“Los productores lo están haciendo, nosotros simplemente juntamos las ideas y todos los desafíos que tiene cada productor y le ponemos cabeza, herramientas y estrategia”.
Lucio Reinoso, secretario de Agricultura de Río Negro.
En ese camino, el agua aparece como uno de los principales factores para darle previsibilidad a la producción rionegrina. La posibilidad de sumar nuevas hectáreas bajo riego abre un escenario de crecimiento, pero también obliga a pensar cómo se utilizará esa superficie y qué productos tendrán mejores posibilidades.
La apuesta, de acuerdo con la mirada de Reinoso, es que ese crecimiento se produzca con diversificación, rotación, infraestructura y capacidad de respuesta, para que la producción pueda sostenerse aun frente a un escenario climático cada vez más cambiante.
Y, sobre todo, que las decisiones que se tomen ahora permitan construir un sistema productivo que pueda continuar desarrollándose durante los próximos años, más allá de los tiempos políticos.
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El desafío no pasa solamente por sumar superficie productiva. Para el secretario de Agricultura de Río Negro, Lucio Reinoso, el crecimiento que puede experimentar la provincia en los próximos años necesita estar acompañado por una planificación que contemple qué producir, cómo hacerlo, cómo cuidar los recursos y, fundamentalmente, cómo evitar que una determinada actividad termine saturando los mercados.
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