Se agravó el incendio de bosques en el lago Machónico

Anoche el fuego seguía descontrolado: ardieron 450 ha. Más de 100 personas combaten las llamas. Llegó un helicóptero.

Por Redacción

SAN MARTIN DE LOS ANDES- Fuego y humo, sudor de combatientes y órdenes secas. Olor a madera quemada. Ruido de los árboles ardiendo, y del viento soplando desde la cordillera. Un incendio descontrolado y unas 450 hectáreas de bosques calcinadas.

El pacífico paisaje del lago Machónico, a 31 kilómetros al sur de San Martín de los Andes, cambió de repente a causa de un fogón mal apagado. El incendio que comenzó el domingo al sur del Parque Nacional Lanín seguía anoche sin control.

A las brigadas de combatientes del Lanín, de Bosques de la Provincia y de la Fundación Valle Meliquina, se sumó ayer una brigada completa del Parque Nacional Nahuel Huapi.

Efectivos de la Gendarmería, de la Policía, Bomberos Voluntarios, personal de estancias cercanas, de las municipalidades de San Martín y Junín de los Andes, apoyan la lucha. Varios camiones cisterna de Parques, de bomberos, de las comunas cercanas, y de la empresa Hidraco que tiene a su cargo la pavimentación de la ruta de los Siete Lagos, aportaron agua.

El objetivo de ayer fue que las llamas no saltaran la ruta nacional 234, ni el río Hermoso aguas arriba del puente desde donde se inicia el camino al lago Meliquina. Y se logró, pese al fuerte viento que sopló toda la jornada desde el suroeste, y a las temperaturas que fueron elevadas por la tarde.

Un centenar de hombres están afectados al combate.

Al caer la noche, el jefe de incendios, Juan Zabalza, mantenía una reunión en el lugar del siniestro con todos los jefes de brigadas, para trazar la estrategia a seguir durante la jornada de hoy. Lo que se haga en función de la situación del fuego y de los pronósticos meteorológicos será crucial.

Al helicóptero Hughes 500 contratado por Parques Nacionales para el combate contra el fuego en el Lanín, se sumó desde ayer por la mañana otra aeronave. Se trata de un helicóptero UH1H de mediano porte del Plan Nacional de Manejo del Fuego.

Si bien aún no hay precisiones sobre las políticas a seguir por este organismo, ni sobre la anunciada duplicación de su presupuesto lanzada por Oscar Massei, las unidades aéreas del Plan están en la región.

Este y otro helicóptero similar habían llegado hace varias semanas a Bariloche para la lucha contra el fuego, y se presumía que uno de ellos podría ser enviado en forma permanente para operar desde el Aeropuerto Chapelco Carlos Campos.

Los dos helicópteros que se encuentran trabajando en el siniestro del lago Machónico cumplen las funciones de traslado de personal y equipos, y a su vez han arrojado agua con helibaldes para enfriar zonas de los frentes de combate.

El avance del fuego

El fuego avanzó ayer de una manera desigual. A las ocho de la noche del domingo se estimaba que ardían unas seis hectáreas. Con los primeros minutos de la jornada, ya habían crecido a 150 las hectáreas de bosque de ñire y ciprés, con sotobosque de caña y laura, afectadas por las llamas.

En medio de la oscuridad el espectáculo del fuego descontrolado fue dantesco. Al mediodía, la cifra trepó a 264 hectáreas, según información oficial del Parque Lanín, y el perímetro del siniestro alcanzaba unos seis kilómetros.

Fue evidente que la actividad del fuego se multiplicó a partir de las 12 y media, coincidente con las mayores temperaturas.

El frente del incendio se dirigía hacia la ruta nacional 234 de los Siete Lagos, y hacia el noreste en dirección del río Hermoso.

De cruzar estos límites, otro sería el cariz de este siniestro, ya que las llamas podrían ingresar en loteos y urbanizaciones cercanas al lago Meliquina, a emprendimientos madereros privados, a viviendas de pobladores cercanas al río Hermoso, y complejos turísticos como sectores de Parque Diana. Se convertiría en un temido incendio «de interfase».

Entretanto trascendió que el origen del fuego fue a causa de un fogón mal apagado, aparentemente de un caminante y no de un pescador deportivo.

Una lucha infernal en un escenario muy cambiante

Un incendio de bosques obliga a una lucha con un enemigo superior en medio del infierno.

El fuego aturde, con el sonido de los troncos quemándose, con su casi insoportable poder calórico, con las llamas abrasando vegetales, con el viento cruzando lenguas ardientes de un lugar a otro, y con un campo de batalla permanentemente cambiante.

La velocidad con la que puede avanzar un incendio de bosques sorprende. No sólo el fuego se transmite de un árbol al contiguo, sino que el inmenso calor que desprende el combustible vegetal incendiado asciende por convección. Cuando ésto sucede, las llamas trepan rápidamente por las laderas boscosas.

Parece mentira, pero en medio de la locura del bosque en llamas, el fuego salta, se esconde, reaparece con nueva fuerza como un felino incandescente. A veces puede dejar espacios intactos de vegetación, y producir una nuevo foco de fuego a distancias de 400 a 500 metros.

La topografía y el tipo de combustible vegetal son dos variables fundamentales para programar el combate.

El clima es otro. Pero además de los pronósticos meteorológicos específicos para el lugar y los extendidos que producen los especialistas, hay un «clima local» que sólo lo pueden percibir los conocedores de la zona que a su vez son expertos jefes de incendio.

Ocurre que un cañadón, un valle, o la extensión de una ladera interrumpiendo el paso del viento, producen fenómenos puntuales en el desplazamiento de las masas de aire que jamás pueden ser previstos en la meteorología general.

La diferencia de un incendio de bosques con uno de campos es total.

En un siniestro rural, las líneas de fuego avanzan impulsadas por el viento sobre el llano de manera permanente, a lo sumo dividiéndose a veces en lenguas.

Sobre la estepa es más fácil abrir cortafuegos, ya que la eliminación de coirones, neneos y algunos arbustos con herramientas específicas de mano, y a veces hasta con maquinarias viales para formar una faja sin combustible vegetal para que el fuego se detenga, no puede compararse con el mismo trabajo en el bosque.

En los siniestros forestales, los ríos, los caminos, y a veces los mallines húmedos, pueden actuar como cortafuegos, aunque la dinámica del fuego de este tipo de incendio, hace que muchas veces las llamas salten los obstáculos y el siniestro siga su camino abrasador.

Los mandos, una pieza clave

El administrador de un emprendimiento maderero irrumpió ayer a la mañana en las oficinas de Bosques de la provincia, del Parque Nacional Lanín, y del Municipio de San Martín de los Andes, pidiendo camiones, exigiendo otros elementos y gente para combatir el incendio del lago Machónico.

El hombre descargó todo tipo de argumentos sobre la ineficiencia del Estado, frente a quien se le puso enfrente.

Fue inútil explicarle que el combate contra el fuego tiene sus ineludibles roles y cadenas de mando.

El jefe de incendios es el general de la batalla, y nadie puede dar órdenes que escapen a la estrategia trazada de acuerdo con todas las variables que sólo él conoce, y sobre la que establece cada paso a seguir.

Ocurre que lo que está en juego, no sólo es el valioso bosque nativo con toda su vida, o plantaciones de especies exóticas, o viviendas. En un incendio está en juego la vida humana, la de los pobladores y la de los combatientes y del personal de apoyo.

La presunta «ineficiencia del Estado», en estos casos está consensuada, escrita y documentada en un muy estudiado manual de roles en caso de incendios forestales o rurales.

En toda situación, lo que algunas voces insisten en replantear, es la necesidad de que los privados generen aportes concretos hacia las organizaciones estatales que tienen bajo su responsabilidad la presupresión y supresión de incendios.

El Consorcio Meliquina ha sido un ejemplo ya que a partir del año pasado, montó una subcentral para combatientes del Parque Lanín, aportó elementos de comunicación, y adquirió un vehículo que puso en manos de los responsables de Incendios, Comunicaciones y Emergencias.

Massei asume en la secretaría de María Julia

NEUQUEN- El neuquino Oscar Massei asumirá hoy como secretario de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable de la Nación, cargo que durante la gestión de Carlos Menem ocupó María Julia Alsogaray. Massei no tendrá jurisdicción en Administración de Parques, a pesar del reclamo que presentaron al gobierno ecologistas y organizaciones internacionales.

La cartera que hasta el jueves ocupaba la polémica María Julia Alsogaray dejará de depender directamente de la presidencia de la Nación para pasar a hacerlo del ministerio de Acción Social, a cargo de Graciela Fernández Meijide que, como Massei, pertenece al Frepaso. Junto al ex diputado nacional asumirán cerca de cuarenta secretarios del nuevo gobierno de la Alianza.

Como subsecretario de Recursos Naturales, Massei nombrará a Rubén Patroulleau, integrante del centro de estudios frepasista «Carlos Auyero». Este platense comparte con Massei la experiencia de haber llegado al Frepaso desde el peronismo.

La secretaría tenía un presupuesto de 180.000.000 de pesos anuales pero como el área de Recursos Hídricos también será desgajada para pasar al ministerio de Infraestructura y Vivienda de Nicolás Gallo, Massei se manejará con 80.000.000.

Hasta la semana pasada, el presidente Fernando de la Rúa mantenía su decisión de traspasar la Administración de Parques Nacionales a la secretaría de Turismo, que dependerá directamente de él.

Fernández Meijide y Massei no perderán hasta hoy esperanzas de que la decisión sea revisada y para ello cuentan con el aval de las organizaciones defensoras de la ecología y el medio ambiente.