Seducida, castigada
(Viene de la página 27)
La clase media y las urnas
Carlos torrengo carlostorrengo@hotmail.com
Existe siempre dificultad para darle forma y contenido a la categoría “clase media” en la Argentina. Un “mundo de prevenciones sobre las dificultades que surgen a la hora de encapsularla bajo una única definición. Es un concepto arisco, resbaladizo, susceptible de definiciones diferentes”, señala Ignacio Ramírez, sociólogo, director de la consultora Ibarómetro. Y escribe: “Toda exteriorización de la clase media –imagen o referencia que sustituya al todo por la parte– es necesariamente parcial o engañosa: la vida de barrio o en sus tres ambientes en el 7 H, Panigasi y la clase media a lo Pol-ka, un bancario, una docente, ‘la gente’, Mar del Plata, cacerolas, un Duna celosamente cuidado, pasaportes italianos… En fin, la clase media constituye el actor principal de las representaciones que dibujan la imagen que tenemos de nuestras sociedades, una suerte de centro de gravedad imaginario de nuestra autopercepción”. –Es una autopercepción que de tanto en tanto se hace añicos, como en el 2001. Pero la clase media o las clases medias siempre están. Con la cara llena de curitas. Y votan –sentencia en la vereda de la Biblioteca Nacional con verbo ágil y entrador ese sociólogo de calle que es Julio Bárbaro. –¿Y a quién van a votar ahora? –pregunta este diario. –Siempre puso huevos en distintas canastas, según la ocasión. En los grandes centros urbanos, enojo con K… Pero más fácil es imaginar en qué canasta le gusta poco. –¿Cuál? –La radical. Fue la canasta natural de los sectores medios, pero fue. Quizá en Capital, Córdoba, Santa Fe, voten ahí, pero… Con esta ecuación de huevos y canastas radicales coincide el historiador Gabriel Obradovich en “La conversión de los fieles. Los cambios en el electorado de la UCR en la década del noventa”, investigación que integra el libro “Los años de Menem” (Siglo XXI). A lo largo de su investigación de campo, detectó entre afiliados y adherentes al radicalismo un pronunciado sentimiento de que “el partido ya no era capaz de mejorar sus condiciones de vida” y, en consecuencia, lo dejaban de votar. “Desde mediados del siglo XX la UCR –dice el investigador– supo movilizar electoralmente a las clases medias en la Capital Federal. Sin embargo, a lo largo de la década de los 90 la relación entre el partido centenario y los sectores medios comenzó a debilitarse. Los cambios en los sistemas interpretativos de los votantes radicales reflejan la desvinculación de las clases medias respecto de la UCR”, señala. El enojo y su peso las urnas Pero ¿qué pasa de cara a las elecciones de octubre en la relación entre el gobierno y esta clase media tan evasiva a la hora de definir sus contornos y contenido? –Pasa que está enojada: cuán pareja es geográficamente esa urticaria nadie lo sabe. Pero la inflación, la inseguridad y la estabilidad laboral nuevamente bajo peligro enojan, y mucho. ¿Cuál es la tendencia que adquirirá este enojo en las urnas? El kirchnerismo comienza a ser historia –señala Jorge Giacobbe, titular de la consultora Giacobbe y Asociados. –Lo que pasa es que en el trámite político suele haber algo que no se mide o que a la hora de explorar la opinión pública no se mide en términos de si hay o no cansancio de cómo se está gobernando –precisa el sociólogo Manuel Mora y Araujo, profesor en la Di Tella e integrante de la consultora Ibope. Y acota: –La clase media ya estuvo con el kirchnerismo, incluso lo hizo ganar las presidenciales en Capital Federal en el 2011. Pero se cansó de estilos y formas de ejercer el poder por parte de los Kirchner. De que la reten, de que le griten. Esto, sin computar problemas de otra naturaleza, la inflación y la inseguridad. Así y todo, hay que esperar la elección, porque su voto suele ser muy veleidoso. Otro sociólogo de la UBA, Arturo Trinelli, señala: “El problema es que cuando se habla de inflación e inseguridad se repara siempre en los efectos más que en las causas que la generan. Por ejemplo, el rebrote que los medios imprimen a los casos de inseguridad ubica en la agenda pública el problema de la supuesta pasividad oficial sobre el delito, colocando el tema como prioritario pero sin un adecuado abordaje sobre las formas de atenuarlo”. Siguiendo a Robert Castel, hasta podríamos decir que el “cursor de la sensibilidad” a los riesgos está desplazado y hace aflorar nuevos peligros. Entonces se exacerban los miedos y, por ejemplo, se llega a justificar el llamado a boicotear un censo por la inseguridad. En la actualidad ese cursor está ubicado tan alto que suscita demandas complementarias de seguridad. Así, hay un desplazamiento del “Estado social” hacia el “Estado de la seguridad”, como sostiene Castel; “se preconiza el retorno a la ley y el orden como si el poder público se movilizara esencialmente alrededor del ejercicio de autoridad”. –Lo que sea, pero esa petición de autoridad y no de gritos ni desplantes por parte del poder es lo que hoy se le reclama al kirchnerismo por parte de las muchas clases medias que tenemos –sentencia Jorge Giacobbe–. Y del reclamo al voto, un paso –remata. Lo constante en la ronda de consultas realizadas por este diario persiste: ausencia de diagnósticos absolutos, terminantes entre las fuentes consultadas en relación con el rumbo por donde peregrinará el grueso del voto de la clase media. Esa clase media cuya historia “nos dice que ha estado con todos y se aleja de todos”, escribió el francés Alain Rouquie hace más de 35 años. Clase media seducida y vilipendiada hoy por el planeta K.