Señora por aquí, hija de… por allá
–¿Cómo se vinculó al caso Marita Verón?
–En el 2005. En mayo o por ahí… En esa época yo trabajaba en la Secretaría de Derechos Humanos de Tucumán y la mamá de Marita, Susana Trimarco, vino en procura de ayuda para ubicar a su hija… Y ahí arrancamos hasta hoy. Somos un grupo de abogados que estamos junto a ella…
–¿Qué era Susana Trimarco ese día desde la situación que vivía?
–Y vive… vive. Era dignidad, dolor, lucha… ausencia de miedo. Temple, un inmenso temple.
–¿Qué le está dejando desde lo profesional-personal el estar vinculado con un caso de esta naturaleza?
–Saber que no soy un abogado más, que asume una causa como un trámite más… No sé… me dejó mirar a mi propia familia ratificándome en luchar y luchar en favor de la justicia, de la vida…
–¿Conforme con el fallo de la Corte Suprema de Tucumán?
–Sí, hay que leerlo. Con independencia de cuestiones técnicas, se hace justicia.
–¿Cómo está la sociedad tucumana en relación con la lucha de Susana Trimarco?
–Gente que acompaña y gente que no… también miedo (ver texto central). Pero para graficar vale una anécdota. El miércoles acompañé a Susana a Canal 8, una entrevista. Cuando salimos, frena un camión inmenso, interrumpe el tráfico… el camionero le grita a Susana: “Señora, la felicito, la felicito” y por la ventanilla saca el libro de Sibila Camps (ver aparte) y le grita “¡lo firma señora!”… y un rato después pasa un persona y le grita a Susana… “¡hija de puta!”…