¿Signos de decadencia?
DANIEL ESTEBAN MANOUKIAN (*)
La doctora Patricia Torres fue relevada del cargo de jefa de la Zona Sanitaria II para el que había sido designada por “incompatibilidad política” sólo tres días después de haber sido puesta en funciones por el propio ministro de Salud de la provincia. No faltarán quienes interpreten el hecho como fruto del accionar de un cuadro dirigencial inexperto que toma decisiones inconsultas incurriendo en actitudes de las cuales sólo se vuelve pagando costos de diferente magnitud. Entre esos costos, claro está, debe contarse el daño a las personas involucradas en forma directa y también los que se generan por privar a la comunidad de contar con conductores con trayectoria y probado compromiso con la salud pública. Pero, tratándose de un caso de “incompatibilidad política”, ese análisis debería dejársele a los cuadros políticos que desde el partido que gobierna la provincia desde hace medio siglo debieran dedicarse a monitorear las decisiones tomadas por sus delegados en los distintos estamentos de gobierno. Sin embargo, este partido con diez lustros en sus espaldas gobernando pareciera carecer de dispositivos que capaciten, recomienden y sugieran líneas de acción para luego auditarlos en forma permanente a fin de contribuir al buen hacer político en cada área de gobierno. El caso obliga a demandar una explicación respecto del alcance del término “incompatibilidad política”, pero al mismo tiempo devela signos que podrían interpretarse como de decadencia de una forma y un estilo de gobierno que probablemente apresure el tránsito hacia otra etapa histórica en la provincia del Neuquén. El caso salud merece un comentario particular. El sistema de salud neuquino ha sido ejemplo a nivel nacional y regional, pero esto fue hace varios años atrás. Y es que el sector ha resignado la vanguardia en muchos aspectos, entre los cuales se cuenta el haber perdido la capacidad de ser abanderado de la introducción de innovación de tecnología médica (instrumental y de gestión), de sostener un sistema de formación profesional que era polo de atracción por excelencia a nivel nacional, de mantener un sistema integrado basado en la estrategia de la atención primaria fortalecido desde su base y de preservar un sistema de planificación y gestión sustentado en firmes políticas sanitarias sin sufrir los embates del poder político partidario. Hoy asistimos a un sistema de salud que sigue demostrando buenos resultados producto del trabajo de un equipo comprometido con la tarea pese a descreer de su conducción política –y el descrédito es sin dudas una de las causas del deterioro progresivo– en parte por no vislumbrar una clara línea ideológica que marque el rumbo y que además encuentre eco en el seno del poder, traduciendo en forma acertada y oportuna las decisiones que se requieren a diario para mantener vigente una política sustancial como la de salud. La clara intromisión del poder político partidario, quizá como intento desesperado de emplear a este sensible sector como plataforma de lanzamiento para conquistar otros espacios o simplemente para posicionar a punteros a quienes se debe algún tipo de retribución por tareas realizadas, daña la organización en sus cimientos poniendo en riesgo su continuidad como tal e incluso desvaloriza algunas acertadas iniciativas que podrían fortalecer el sistema de salud integralmente. La avidez por tener el control absoluto de un sector que debiera ser custodio de una política de Estado sustantiva genera acciones que, de no corregirse, perpetrarán un deterioro terminal. Quizá el caso de Salud sea sólo una muestra de la declinación de una forma de ejercer el poder provincial próxima a agotarse y que muestra otras aristas que abonan esta idea en el terreno del cuidado del ambiente, de la política de vivienda o del uso de la renta extraordinaria que proviene del uso de recursos no renovables. La solidaridad con los trabajadores de Salud discriminados y desaprovechados debe ser manifiesta –Patricia Torres es una de ellos, pero lamentablemente no la única–. La maduración de la alternativa política a este modelo declinante y en descomposición debe acelerarse para asistir más temprano que tarde a una nueva alborada que desde la política dé respuestas al presente provincial agobiante y construya con generosidad un futuro inclusivo para hacer posible esa sociedad justa, libre, soberana y solidaria que fue sueño de muchos y hoy debe ser nuestra misión. (*) Magíster en Políticas y Gestión en Salud (Universidad de Bologna)