Cáncer de páncreas: científicos del Conicet descubrieron cómo las células tumorales se conectan para resistir a los tratamientos

Un estudio reveló que las células del tipo de cáncer de páncreas más común liberan vesículas para activar la autofagia entre sí y sobrevivir a la falta de nutrientes. El hallazgo abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas frente a una enfermedad que se encamina a ser la segunda causa de muerte oncológica en 2040.

Redacción

Por Redacción

Grupo de investigación del Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral (Idehu, UBA-Conicet), Facultad de Farmacia y Bioquímica. Laura Sobrado, Valentín Yzetta, Maria Noé Garcia, Daniel Grasso y Maximiliano Diaz. Foto: Conicet.

Grupo de investigación del Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral (Idehu, UBA-Conicet), Facultad de Farmacia y Bioquímica. Laura Sobrado, Valentín Yzetta, Maria Noé Garcia, Daniel Grasso y Maximiliano Diaz. Foto: Conicet.

Un grupo de científicos del Conicet descubrió que las células del tipo de cáncer de páncreas más frecuente (adenocarcinoma ductal pancreático), se comunican entre sí para activar la autofagia, un mecanismo de defensa que les permite sobrevivir a la falta de oxígeno y de nutrientes dentro del tumor.

Según los investigadores argentinos este hallazgo también podría ayudar a explicar por qué estas células resisten a los tratamientos de quimioterapia.

El trabajo aporta información importante frente a un panorama que preocupa, porque se estima que este tipo de cáncer se convertirá en la segunda causa de muerte por enfermedades oncológicas a nivel mundial para el año 2040.

¿Cómo se comunican las células del cáncer de páncreas?


Cuando las células cancerígenas del páncreas atraviesan una situación de escasez de nutrientes (algo frecuente en los tumores) liberan unas estructuras diminutas llamadas vesículas extracelulares. Estas vesículas funcionan como mensajeras y les transmiten señales a las células vecinas del mismo tumor.

Esa señal activa, en las células que la reciben, el proceso de autofagia (un término que proviene del griego y que podría traducirse como «comerse a sí mismo»). Se trata de un mecanismo mediante el cual la célula toma partes de sí misma para degradarlas y así obtener energía en momentos de escasez, o bien para eliminar componentes que podrían resultarle peligrosos.

El proceso cobró relevancia mundial en 2016, cuando el científico japonés Yoshinori Ohsumi ganó el premio Nobel de Medicina por identificar los primeros mecanismos genéticos que lo regulan.

«Una célula tumoral es capaz de beneficiarse de este proceso para hacer frente a situaciones de estrés, incluyendo a los agentes quimioterapéuticos, o como en este caso, a un contexto limitante de oxígeno y nutrientes característico del microambiente tumoral pancreático«, explicó Daniel Grasso, primer autor del estudio e investigador del Conicet en el Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral (Idehu, UBA-Conicet).

Los investigadores identificaron que las vesículas responsables de esta comunicación tienen en su superficie dos proteínas particulares, denominadas CD63 y CD81.

Cuando llegan a una célula vecina, activan en su interior una proteína llamada FOXO3a, que dentro del núcleo pone en marcha los genes necesarios para que comience la autofagia.

El estudio también comprobó que este proceso dependería de una mutación genética presente en más del 90 por ciento de los casos de cáncer de páncreas, conocida como KRAS.

Las vesículas provenientes de células con esa mutación lograron inducir la autofagia tanto en otras células tumorales como en tejido pancreático sano, mientras que las vesículas de células sin la mutación no produjeron el mismo efecto.

El impacto del hallazgo en el desarrollo de futuros tratamientos


Para María Noé García, directora del estudio e investigadora del Conicet, el trabajo permite pensar a las células tumorales «ya no como entidades aisladas, sino más bien como un tejido coordinado«, lo que podría tener implicancias en el diseño de nuevas opciones terapéuticas.

Actualmente, la expectativa de vida a cinco años de los pacientes con este tipo de cáncer es, en promedio, de apenas el 12 por ciento, un dato que da cuenta de la escasez de herramientas de diagnóstico temprano y los pocos avances logrados hasta ahora en los tratamientos disponibles.

Sin embargo, los propios investigadores advirtieron que todavía sería prematuro pensar en bloquear la autofagia como estrategia para debilitar al tumor, ya que este proceso también cumple funciones esenciales para el funcionamiento normal de la mayoría de los tejidos del cuerpo, algo que podría derivar en efectos contrarios a los esperados.

Por eso, según explicaron, sería necesario desarrollar una nueva generación de fármacos capaces de actuar con mayor selectividad.

Otra vía posible, señaló García, sería intervenir directamente sobre la comunicación entre las células mediada por las vesículas extracelulares, que podrían convertirse en un nuevo blanco para futuros tratamientos.

Del estudio también participaron Maximiliano Díaz, Laura Sobrado y Valentín Yzetta, del Idehu, además de especialistas de otras instituciones como la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Nacional de San Martín (Unsam).


Un grupo de científicos del Conicet descubrió que las células del tipo de cáncer de páncreas más frecuente (adenocarcinoma ductal pancreático), se comunican entre sí para activar la autofagia, un mecanismo de defensa que les permite sobrevivir a la falta de oxígeno y de nutrientes dentro del tumor.

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