Científicas de Chubut participaron en un hallazgo genético histórico que revoluciona la medicina
Especialistas del CONICET CENPAT de Puerto Madryn formaron parte de un megaestudio internacional que analizó el ADN de pueblos originarios. El hallazgo derriba mitos históricos y abre la puerta a una salud pública más equitativa.
Una investigación, liderada por especialistas del Instituto de Biología Evolutiva de España y de la Universidad de São Paulo, aportó 128 genomas completos de pueblos originarios de América. Reveló más de un millón de variantes genéticas nuevas y abrió la puerta a una medicina de precisión más equitativa. “De allí el enorme interés de estas investigaciones para la salud pública”, enfatizó la genetista del Centro Nacional Patagónico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET CENPAT) con sede en Chubut, Virginia Ramallo.
Entre los más de 30 autores y autoras del estudio publicado en la prestigiosa revista Nature, figuran cuatro investigadores de la Argentina, entre ellos dos del CONICET CENPAT en Puerto Madryn: María Laura Parolín, del Instituto de Diversidad y Evolución Austral (IDEAus-CONICET), y la propia Ramallo, del Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas (IPCSH-CONICET).

La investigación analizó ADN de individuos de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, México, Paraguay y Perú, que representan 45 poblaciones y 28 familias lingüísticas. “Un ejemplo es la categoría ‘latino’, una etiqueta que carece de un valor etnográfico o poblacional real, deriva de un idioma impuesto tras el proceso de conquista”, explicó Ramallo. Advirtió que “la configuración actual de estos pueblos, su geopolítica y su complejo universo social no pueden resumirse en una única etiqueta”.
Un mapa genético para reescribir la historia de América Latina
El análisis genómico permitió reconstruir la línea de tiempo de la ocupación de América. Según el estudio, la población ancestral comenzó a diferenciarse genéticamente hace unos 25 mil años, cuando habitaba la región de Beríngia, el antiguo puente terrestre que unía Asia y América durante la última era glacial. Ese grupo permaneció aislado en esa zona hasta su ingreso formal al continente americano hace al menos 15 mil años, lo que aporta nueva evidencia sobre las rutas y los tiempos de poblamiento.
“Este proyecto reúne muestras de ADN de personas que habitan en distintos contextos, ya sea urbanos, rurales, en un universo multilingüe y multicultural, y otros que no. Porque los procesos de dominación y sojuzgamiento de las identidades son muy complejos, pero en el genoma nuestra señal biológica sigue latente”, destacó Ramallo. El trabajo incorpora así dimensiones históricas, sociales y lingüísticas a un análisis que suele concentrarse en números y secuencias.
En el caso argentino, las muestras relevadas por la doctora Parolín se concentraron en poblaciones mapuches y tehuelches de la zona de Comodoro Rivadavia, mientras que Ramallo aportó datos obtenidos durante su tesis doctoral en el noreste del país, con personas integrantes de la comunidad wichí de Formosa. “Fueron distintas convocatoria de personas voluntarias, de donantes que aportaron un pedacito de su historia y de su biología. Es un dato único y nos permite entender mejor el complejo universo de la diversidad de las poblaciones americanas”, subrayó.
Los resultados muestran que alrededor del 2% del genoma de algunos pueblos indígenas americanos guarda afinidad genética con poblaciones de Australasia, como las de Australia, Nueva Guinea y las islas Andamán. El estudio también indica que entre el 1% y el 3% del genoma procede de homínidos arcaicos, entre ellos neandertales y denisovanos, lo que refuerza la idea de un pasado humano con múltiples cruces y ramificaciones.
Para las científicas, el impacto excede la reconstrucción del pasado. “Saber cuán diversos somos ayuda a entender no solo la variabilidad que vemos a simple vista, como en el cabello, el color de piel o las distintas corporalidades, sino también aquella que no vemos. Hay muchas enfermedades genéticas que no tienen un diagnóstico certero o un tratamiento aproximado porque se desconoce su causa. Estudiar la diversidad general aporta ese conocimiento. De allí el enorme interés de estas investigaciones para la salud pública”, remarcó Ramallo.
Vinculó así el conocimiento sobre los pueblos originarios con una futura medicina de precisión más equitativa para América Latina.
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