Complejo Cultural Cipolletti: el arte encontró dónde mostrarse y crecer

Desde su inauguración en 2018,  el Complejo Cultural pasó de ser una obra esperada a lograr el ritmo que necesitaba la ciudad para encauzar su fuerte veta expresiva. Se complementa junto al Centro de Exposiciones Roberto Abel y las Escuelas Municipales.

Foto: Florencia Salto.

Desde su inauguración en 2018, pasó de ser una obra esperada a lograr el ritmo que tanto necesitaba la ciudad para encauzar su fuerte veta expresiva, en múltiples disciplinas. Junto al Centro de Exposiciones Roberto Abel y las Escuelas Municipales, se complementan para alentar a nuevos exponentes.  

Pasaron apenas ocho años desde que Cipolletti le abrió “un nuevo telón a la cultura”, como celebró el Gobierno provincial en el aniversario N°115 de la ciudad. No era para menos, se habilitaba el Complejo Cultural (CCC) una sala que empezó a construirse hacía más de una década, en medio de una comunidad que anhelaba dejar de tener que ir a Neuquén o ver pasar hacia Roca las opciones más buscadas en materia cultural.

Foto: Florencia Salto.

En ese transcurrir, la memoria es traicionera y ya nos cuesta hasta recordar qué había allí donde hoy se eleva un gigante de más de 3200 metros cuadrados de superficie, con sala de cine, sala teatral, confitería, espacio para exposiciones y más virtudes. 

Parece que el panorama actual hubiese sido siempre así, pero no lo fue y por eso los exponentes que hoy ejercen y enseñan, con años de trayectoria, valoran tanto el rol que ocupa este sitio, anfitrión sobre calle Fernández Oro, para quienes llegan a la ciudad como turistas o invitados. 

El ritmo y el aprovechamiento de semejante oportunidad tampoco fueron inmediatos, pero hoy se luce convertido en un espacio emblemático que jerarquiza cada propuesta que pasa por allí y que integra un corredor mucho más amplio donde aparecen la zona ferroviaria, el Museo, la Casa del Escritor, la Escuela de Música.

Cultura y más cultura, de la mano de la historia, para avanzar cada vez más en el proceso de refuncionalización de ese gran predio donde se gestó el origen del paraje Lucinda o la estación Limay, los nombres que tuvo la ciudad en los inicios de su vida institucional.

Factor de movimiento


El arte local y regional tiene su espacio siempre en el CCC, en una programación amplia y variada.

La respuesta a esa necesidad de impulso al talento local llegó así, a través de una programación que fue ampliándose con espectáculos teatrales, música, cine, exposiciones, festivales y propuestas destinadas a públicos de diferentes edades. Con el tiempo, el CCC dejó de ser solamente el escenario de grandes presentaciones para convertirse en una plataforma capaz de reunir expresiones culturales muy diversas.

Al respecto, Mariana Prgich, directora general a cargo de esta temática en la gestión, remarcó en diálogo con RÍO NEGRO, la relevancia que esta realidad tomó en la región, donde alcanzar este nivel de propuestas convierte a Cipolletti en un espacio único comparado con otras localidades. 

La mirada con la que se planifica y se sostiene a largo plazo la vida de este coloso excede a la simple cartelera de espectáculos, para moldearse con meses de anticipación, a través de ciclos de eventos ya tradicionales, integrados a la agenda habitual de los cipoleños, así como también hacen lo propio los espacios de formación, a cargo, según destacó la funcionaria, de más de 70 docentes de gran nivel. Se complementan con 120 talleres abiertos a quienes gusten participar.

La política de abrir las puertas del complejo a distintos sectores de la comunidad también tuvo un papel importante en ese proceso de maduración del CCC. Entre las propuestas impulsadas por el municipio aparecieron actividades gratuitas o con entradas accesibles, además de visitas de establecimientos educativos. De esta manera, el edificio comenzó a funcionar no únicamente como una sala a la que se concurre para asistir a un espectáculo, sino como un espacio de participación cultural y de integración con los barrios. 

Escala local, nacional y más


Con esta idea en mente, ya no se trata solamente de contar espectadores en determinados espectáculos, sino de medir la cantidad y continuidad de la actividad que genera el edificio. Una agenda cercana a los 100 eventos mensuales implica una circulación permanente de artistas, técnicos, productores, estudiantes, instituciones y público.

En ese recorrido, el CCC fue adquiriendo una característica propia: la capacidad de combinar grandes espectáculos con actividades de escala local. Una misma infraestructura puede recibir una producción nacional, albergar una muestra artística, proyectar una película, desarrollar una actividad educativa o funcionar como sede de un encuentro profesional.

La ubicación de Cipolletti dentro de la región constituye, además, una ventaja. La cercanía con Neuquén capital y con otras localidades del Alto Valle facilita la llegada de público regional. Para un espectáculo de gran convocatoria, un festival o una feria, el radio de atracción no se limita necesariamente a los habitantes de la ciudad.

Convocatorias de gran escala, como la de la Feria del Libro o el Festival de Cine, por ejemplo, muestran cómo el complejo funciona como un multiplicador. Una actividad allí puede convertirse en un acontecimiento de escala ciudadana y, al mismo tiempo, proyectarse hacia localidades cercanas.


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