De la investigación a la escuela: Bariloche probará una estrategia contra la obesidad infantil
Un estudio de la Universidad Nacional de Río Negro que incluyó a 1.188 estudiantes de 31 escuelas de Bariloche analizó el sobrepeso y la obesidad junto con hábitos de sueño, uso de pantallas, actividad física y estrés. Los resultados muestran que el problema aumenta con la edad y ahora los investigadores llevarán una estrategia de intervención a una escuela pública.
El estudio incluyó tres relevamientos. Foto: gentileza
Uno de cada tres niños tiene obesidad o sobrepeso en Bariloche. Así lo determinó un estudio que emprendieron pediatras del Hospital Ramón Carrillo, junto a la Fundación Nutrir, años atrás. A partir de ese diagnóstico, un grupo de investigadores se propuso buscar las causas. Más allá de la malnutrición, indagaron sobre hábitos como la falta de sueño, el uso de pantallas, el estrés percibido y la escasa actividad física.
El estudio incluyó 1.188 niños de 31 escuelas de Bariloche, de sala de 5 años y primer gardo y, séptimo grado. El primer relevamiento se realizó en 2019, el segundo análisis se efectuó después de la pandemia y el tercero, en 2024. A partir de esos datos, el grupo decidió delinear estrategias de acción, a través de una prueba piloto en una escuela pública en 2027.
“Decidimos rastrear a dónde estaba el problema de la malnutrición por exceso. Por eso, usamos los datos de Salud Escolar respecto al peso y la talla y, sumamos encuestas vinculadas a ciertos hábitos”, explicó la licenciada en Nutrición Betina Buttó, directora del proyecto que está conformado por biólogas, pediatras, una terapista ocupacional, docentes y un estadista, de la Universidad Nacional de Río Negro, la Universidad Nacional del Comahue, el Conicet y el hospital público de Bariloche. “Siempre -acotó- con una mirada integral de las infancias”.
La encuesta fue entregada a las familias y en los casos de séptimo grado, los chicos respondieron algunas preguntas vinculadas al descanso, la frecuencia en el uso de las pantallas, los hábitos alimentarios y el estrés percibido.
En relación a la obesidad, el estudio arrojó “una tendencia alta a medida que aumenta la edad. El 35% de la población infantil presenta obesidad y sobrepeso, en primer grado; en séptimo grado, ese porcentaje asciende al 53%”. También se detectó que los niños de séptimo grado con obesidad presentaban, a su vez, un mayor nivel de estrés percibido.

“Nos sorprendimos mucho en relación a los hábitos de sueño. El 70% de séptimo grado duerme menos de lo recomendado por semana. Eso incide en el metabolismo”, acotó esta docente investigadora de la UNRN en las carreras de Medicina y Nutrición. También se detectó “un desfasaje entre el descanso los días de semana y los fines de semana que lleva a que el cuerpo no termine de acomodarse. Los fines de semana, se corren los horarios: se acuestan más tarde, se despiertan más trade y esto afecta el ciclo circadiano. Así, se pierden oportunidades de disfrute con los juegos y deportes”.
Por otro lado, solo la mitad de los niños hace actividad física fuera del ámbito escolar. Las condiciones climáticas y la escasa oferta interfieren en gran medida.
Si bien se sugiere evitar las pantallas una hora antes de acostarse, esto no sucede. Un dato relevante fue que en primer grado, el 81% de los chicos usa pantallas una hora antes de dormir; ese porcentaje es del 93% en séptimo grado. “También detectamos que el 28% come frente a las pantallas -en primer grado- y un 35,9%, en séptimo. De esta forma, pierden el registro de lo que se come y se genera el picoteo”, manifestó.
Respecto a los hábitos alimentarios, sorprendió el patrón de “picoteo”. Además, el 42% de los niños no consume fruta: solo se come una o hasta tres por semana.

No es solo una cuestión de corporalidad
“El objetivo fue cambiar el enfoque de investigación: no solo ver lo que comen o lo que no comen. Desde el inicio nos planteamos una mirada más integral. Si uno solo se basa en las calorías, el análisis es acotado. Y lo cierto es que esta tendencia sigue en aumento”, alertó Buttó y puso como ejemplo que hoy, está demostrada la relación directa entre el estado nutricional y el sueño. También con el estrés y la actividad física.
“Se conocen bien las complicaciones que puede acarrerar el exceso de peso, desde alteraciones como el síndrome metabólico, la hipertensión, la diabetes cada vez a edades más tempranas. No es solo una cuestión de corporalidad”, argumentó la nutricionista.
Tras el procesamiento de estos datos, el paso siguiente del grupo de investigación será “integrar el informe con acciones concretas dentro de una escuela, para trabajar desde adentro”. La primera experiencia se llevará a cabo en una escuela pública de Bariloche. “La idea es trabajar a la par de los docentes y la comunidad para implementar alguna estrategia. Ir a dar talleres tiene efecto nulo. Que alguien de afuera hable sobre alimentación saludable no tiene el mismo efecto que trabajar adentro de la escuela”, recalcó.
Uno de cada tres niños tiene obesidad o sobrepeso en Bariloche. Así lo determinó un estudio que emprendieron pediatras del Hospital Ramón Carrillo, junto a la Fundación Nutrir, años atrás. A partir de ese diagnóstico, un grupo de investigadores se propuso buscar las causas. Más allá de la malnutrición, indagaron sobre hábitos como la falta de sueño, el uso de pantallas, el estrés percibido y la escasa actividad física.
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