De producir cerveza en un garage a consolidar una planta industrial familiar en la Patagonia
La cervecería Manush nació en Bariloche en 2005 y hoy atraviesa una etapa de plena expansión. Martín García, uno de los fundadores, repasa los inicios de este proyecto familiar que hoy apuesta a la automatización y al desembarco masivo en las góndolas regionales.
El fenómeno de la cerveza artesanal en la Patagonia tiene nombres propios, e historias que combinan audacia, conocimiento técnico y, sobre todo, perseverancia familiar. Manush es uno de esos reflejos. Lo que hoy es una marca de referencia en la región comenzó hace poco más de dos décadas en Bariloche, de la forma más rudimentaria posible: haciendo pruebas caseras y cocinando en un departamento.
"Nació en el 2005. Yo me recibí de Ingeniero en Alimentos y arrancamos desde un garage", recuerda Martín García, gerente de Manush Brewery y Manush SRL, las dos firmas que hoy dividen el corazón del negocio: la producción a gran escala y la gastronomía.

En aquellos años, el mapa cervecero de la Argentina era radicalmente distinto al actual. "En el país había tres o cuatro cervecerías de las más activas. Se me ocurrió que era una buena actividad para arrancar e iniciarme en la profesión", señala García sobre esa primera etapa de ensayos mientras terminaba sus estudios universitarios.
Un proyecto con ADN familiar
El crecimiento de Manush no se dio en solitario. Con el paso de los años, el emprendimiento inicial sumó manos y miradas hasta convertirse en una empresa estrictamente familiar. Al día de hoy, los cuatro hermanos García se reparten el liderazgo de la compañía.
"En la fábrica yo soy el responsable de la producción. Leticia, mi hermana, es la que me sigue en edad y con ella arrancamos el segundo proyecto cuando abrimos el restaurante. Después se sumó Guillermo, nuestro otro hermano, y ahora también está Fortunato. Los cuatro hermanos estamos juntos en la empresa", detalla Martín. Mientras ellos gestionan el área gastronómica y los locales, él se enfoca en el desarrollo industrial en la planta.
Salto tecnológico y el desafío de las góndolas
La fisonomía de la fábrica cambió drásticamente desde aquellos primeros lotes. Tras una serie de mudanzas obligadas por el propio volumen de la demanda, primero a un galpón intermedio y luego a las instalaciones actuales, la cervecería cuenta hoy con una infraestructura montada para competir fuerte en el mercado.
Actualmente, la planta cuenta con un bloque de cocción de 3.000 litros que le permite procesar entre cuatro y cinco lotes diarios, una infraestructura clave para sostener su gran objetivo: consolidar la presencia de la marca en las góndolas regionales a través de su línea de productos en lata. Para lograrlo, la empresa se apoya en tecnología de punta destinada al enlatado y la carbonatación, diseñando procesos que apuntan a una automatización completa para optimizar los estándares de eficiencia y calidad en cada etapa.
"La planta está completa como para automatizar. Está preparada para dar un salto más grande", asegura su gerente. La meta de la marca a mediano plazo es clara y excede los límites de su ciudad natal: expandirse firmemente con la identidad patagónica como bandera y llegar a cada rincón de la región con un producto que no pierda su esencia.
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