Del laboratorio al campo: los científicos rastrean las zonas ideales para cultivar trufas en Río Negro

Investigadoras del Ciefap elaboran un mapa de alta precisión para impulsar la truficultura en Río Negro.

Por Lorena Roncarolo

Carolina Barroetaveña y Belén Pildain, del Conicet en el Ciefap. Foto: gentileza

Carolina Barroetaveña y Belén Pildain, del Conicet en el Ciefap. Foto: gentileza

El equipo Patagonia Fungi del Centro de Investigación y Extensión Forestal Andino Patagónico (Ciefap) llevará adelante estudios ambientales, climáticos y de suelos en cuatro regiones de Río Negro a fin de identificar áreas clave para la producción de trufas. El trabajo previsto para los próximos 12 meses contempla zonas estratégicas como el Valle Inferior, Valle Medio, Alto Valle y la Zona Andina y está financiado por el Consejo Federal de Inversiones (CFI).

Las trufas son hongos comestibles muy preciados por la alta cocina internacional debido a su sabor y aroma. Forman una asociación simbiótica con las raíces de árboles y arbustos y ambos se benefician del intercambio de recursos.

«Este trabajo es una demanda del gobierno de Río Negro para identificar áreas con potencial para la actividad de truficultura en la provincia, con el foco en los sectores de la cuenca. El proyecto surge a partir de un mapa anterior en el que, desde Ciefap, detectamos zonas con aptitud para truficultura en toda la Patagonia», sintetizó Carolina Barroetaveña, investigadora del Conicet en Ciefap y profesora de la Universidad Nacional de la Patagonia.

En este caso, el Ministerio de Modernización de Río Negro solicitó un mapa más detallado, a una escala más fina para algunos sectores de la cuenca del río Negro y la cordillera.

De esta forma, el equipo evalúa las características climáticas de la región, la vegetación y la disponibilidad de agua para riego que va acompañado por un monitoreo del territorio. «La truficultura tiene requerimientos particulares en relación a temperaturas mínimas y máximas y características del suelo, como la profundidad efectiva y un PH alto. Se requieren suelos livianos que no acumulen agua», planteó Barroetaveña que es bióloga especialista en micología. Añadió que también se requiere agua para regar en el verano.

Por otro lado, se evalúa la vegetación del lugar donde se pretende desarrollar la truficultura para evitar contaminaciones con otros hongos.

Belén Pildain, otra investigadora del Conicet que conforma el equipo del Ciefap -también profesora de la Universidad Nacional de la Patagonia-, explicó que las cuencas a estudiar comprenden los valles alto, medio y bajo del río Negro, y zonas de pericordillera donde hay áreas sin bosque nativo, «que reúnen condiciones ambientales potenciales para desarrollar una plantación de roble que pueda tener el hongo asociado».

«Se trata de evitar las zonas que tengan bosque nativo de Nothofagus ya que estos comparten con los robles el mismo tipo de hongos simbióticos en sus raíces, entonces podrían saltar desde la trufera al bosque nativo y desde los Nothofagus a los robles, malogrando la producción de trufa».

Plantines trufados instalados a partir del proyecto “Truficultura patagónica: innovando en la producción del diamante negro”. Foto: gentileza

Actualmente, Río Negro cuenta con dos plantaciones productivas en Mallín Ahogado y Choele Choel. Pero hay otras más recientes, de entre 2 a 3 años, que aún no están productivas en Cipolletti, Choele Choel y Villa Regina.

«En este caso, Río Negro apuesta a tener un mapa que le permita tomar decisiones para potenciar la producción en lugares específicos. Es la base para planificar, como se hizo en Chubut«, acotó Pildain.

Barroetaveña advirtió que el mismo camino tomó la provincia con la producción de olivos: «Se detecta que hay potencialidades para diversificar la matriz agroproductiva o forestal y este tipo de investigaciones son herramientas para planificar las actividades. Al detectar qué parte del territorio es apta, se pueden generar subsidios e infraestructura de modo conducente«.

Carolina Barroetaveña y Belén Pildain, del Conicet en el Ciefap. Foto: gentileza

De acuerdo al mapa nacional, la provincia de Buenos Aires cuenta con la mayor cantidad de truferas instaladas. Le sigue, Tucumán, Córdoba, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y La Pampa. «El cultivo se va extendiendo. Hay que tener en cuenta que, en truficultura, se manejan predios pequeños. Lo que se recomienda, dependiendo del modelo de negocio y de las actividades ya instaladas y obras realizadas en el predio, es una superficie de, al menos 5 hectáreas, para justificar las inversiones. Las más grandes en Argentina tienen 50 hectáreas», añadió Pildain.

El mapa de aptitud trufícola para Río Negro será de alta resolución y contará con un Sistema de Información Geográfica (SIG) al que podrá accederse on line.

Del laboratorio al terreno

Las investigadoras con Humberto Castro en su trufera. Foto: gentileza

La primera etapa del trabajo arranca en el laboratorio del Ciefap que cuenta con un área de geomática, donde se integran datos satelitales sobre los suelos, la vegetación variables climáticas que permiten realizar una zonificación de base y permite hacer análisis de suelos, vegetación y temperatura. Luego, el equipo acudirá al campo para tomar muestras de suelo y relevar otras variables in situ que permitan validar la información del mapa.

«Hay cada vez más interés en la truficultura ya que se la considera una actividad de diversificación, compatible con la producción de la fruta. Los cultivos de olivos y frutales son compatibles y pueden hacerse en los mismos predios o en reemplazo», puntualizó Barroetaveña.

De esta forma, el objetivo es aportar otro esquema de producción. Las investigadoras pusieron como ejemplo el caso de una trufera en Mallín Ahogado, próximo a El Bolsón, que se asoció a la actividad turística. «Aparte de la producción de trufas, la plantación ofrece jornadas para que los turistas vivan la experiencia de cosechar trufas -que se hace con perros en el campo ya que, con su olfato, identifican los lugares a donde la trufa está madura-. Luego, se ofrece una experiencia gastronómica», señaló.

Se trata de un producto gourmet que no es muy conocido. La ventaja de la producción en el Hemisferio Sur es que ocurre «a contratemporada de Europa y Estados Unidos, los grandes consumidores. Entonces, llegamos con un producto que se consume fresco. La trufa no se puede almacenar porque pierde el aroma. De modo que el poder producir a contratemporada abre otros mercados».

Las investigadoras con los integrantes de «Trufas del Mallín». Foto: gentileza

En octubre, Bariloche será sede de las segundas Jornadas de Truficultura en Patagonia. La primera edición se llevó a cabo en Esquel donde participaron técnicos y potenciales productores de todo el país.


Qué arrojó el mapa de la Patagonia

El primer mapa de zonas con aptitud truficola en Patagonia que elaboró el Ciefap reveló que la gran variedad de climas, «con enormes gradientes y abundancia de manchas microclimáticas, y la vasta diversidad y disponibilidad de suelos en la Patagonia, reveló la presencia de amplias áreas aptas para el cultivo de trufas que deben corroborarse con estudios en terreno».

Se concluyó que el área apta para el cultivo de trufa, considerando el suelo, el clima y la disponibilidad de agua superficial, es de 2.680.000 hectáreas para la Patagonia. Un estudio análogo desarrollado para Chubut por el equipo definiò 489.877 hectáreas potencialmente aptas para los valles asociados a los ríos Mayo, Senguer y Chubut.

«El mapa de la provincia de Chubut mostró que el modelo fue útil no solo para la planificación a escala regional sino también para la toma de decisiones de los agricultores a nivel predial, aunque debe considerarse la importante variabilidad a pequeña escala de la topografía y los suelos patagónicos», puntualiza el informe.

Estos mapas, especifica, son pioneros en Argentina y «representan una poderosa herramienta de toma de decisiones para la planificación territorial, orientada a diversificar la producción agrícola de la Patagonia incorporando este novedoso y rentable cultivo en vastas áreas«.


Por qué las trufas deben ser frescas

-El aroma intenso de las trufas es su valor más importante, al que se suma una textura firme. Se usa en pequeñas porciones, ralladas o en finas láminas.

-Se usan en la elaboración de platos, acompañamientos o para aromatizar distintos alimentos, como aceites, mantecas y quesos.

-El penetrante y refinado aromas de las trufas se debe a la presencia de una amplia variedad de compuestos orgánicos volátiles. Su intensidad puede varias según la temporada, el clima, el tipo de árbol bajo el que creció y su frescura. Por eso, la mejor manera de consumirlas para aprovechar la potencia de su fragancia y sabor es frescas y crudas.


El equipo Patagonia Fungi del Centro de Investigación y Extensión Forestal Andino Patagónico (Ciefap) llevará adelante estudios ambientales, climáticos y de suelos en cuatro regiones de Río Negro a fin de identificar áreas clave para la producción de trufas. El trabajo previsto para los próximos 12 meses contempla zonas estratégicas como el Valle Inferior, Valle Medio, Alto Valle y la Zona Andina y está financiado por el Consejo Federal de Inversiones (CFI).

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