Del taller en la casa a una feria colectiva: las historias de mujeres costureras detrás de Uniendo Tramas

Uniendo Tramas cumple 10 años de tejer trabajo colectivo en Bariloche. Una vez más, exponen en el SCUM hasta el 9 de julio.

Catalina, Nadia, Leila y Melody,cuatro integrantes de Uniendo Tramas. Foto: Alfredo Leiva

«Somos diseñadoras, modistas y confeccionistas reunidas en la Mesa Textil Bariloche». Así se presenta el colectivo «Uniendo Tramas» de Bariloche que cumple 10 años.

«El espacio reúne a trabajadoras textiles, diseñadoras y emprendedoras que confeccionan sus productos en talleres y casas de Bariloche. A diferencia de la ropa industrializada o importada, muchas veces producida en circuitos lejanos y difíciles de rastrear, las prendas y objetos que se ofrecen en la feria tienen nombre, oficio y territorio», definen desde el espacio que lleva adelante una nueva edición de la feria en el Salón Cultural de Usos Múltiples (SCUM), en Moreno y Villegas, hasta el 9 de julio, de 10 a 20.

El salón perfectamente decorado ofrece todo tipo de productos del rubro textil, desde ropa de hombre o mujer, bebés y niños, carteras, juguetes, ropa interior y todo tipo de accesorios para el hogar o para la montaña.

La exposición se extiende hasta el 9 de julio. Foto: Alfredo Leiva

La costura, de generación en generación

Leila Rizo tiene el recuerdo de su abuela costurera que se ganaba la vida haciendo arreglos. Aprendió mucho de verla trabajar durante largas horas y empezó a confeccionarse sus propias prendas. Al terminar la escuela, esta barilochense decidió estudiar Diseño de Indumentaria.

Hoy vende hamacas de microfibra impermeables. «Lo que más cuesta es sostenerse porque es remarla en dulce de leche. Cuando nació mi nene que hoy tiene 7 años, hice mucho ropa para bebé. Hacía mantitas, cositas así para gente conocida», recordó. Pero un día, acotó, «un tío apareció con una hamaca y con su hermano pensamos que teníamos que hacernos una. Copié el modelo y me encantó cómo quedó. Así empecé. Funciona pero hay épocas: en verano vendo mucho más que en invierno».

Catalina Etchegaray también es de Bariloche. Y su acercamiento a la costura también estuvo directamente vinculado a su abuela que solía tejer y coser. A Catalina siempre le gustó y supo que era la posibilidad de crear y a la vez, generar un emprendimiento laboral independiente.

La exposición se extiende hasta el 9 de julio. Foto: Alfredo Leiva

Esta mujer de 39 años es autodidacta, nunca realizó un curso para aprender el oficio. Poco a poco, comenzó a confeccionarse ropa para sí misma y para mujeres, cuando nació su hijo empezó a hacerle ropa y se abocó a la infancia y, ahora produce «pequeños objetos textiles» que «tienen una rápida salida», como cuellos, prendedores con frases o dibujos, libretas y «una especie de fanzines con una frase disparadora y la gente los llena con su historia».

«Me había armado un taller muy chiquito en la casa que para mí resultaba un lugar mágico y hermoso. Esta necesidad de crear siempre estuvo en la familia, desde la pintura, o mi viejo que hace encuadernación y tuvo una imprenta. Todo me fue llevando de alguna forma a donde estoy hoy«, dijo Catalina.

Usa la costura como un modo de expresión: «No me identifico tanto como costurera de indumentaria. Siempre, la prenda fue como un soporte para decir o mostrar otras cosas. Entonces, le hago muchos bordados, juego mucho por ese lado. Escribo bordando con la máquina de coser, ahora empecé a estampar algunos detalles de botánica».

Al conocer Uniendo Tramas, supo que era una buena oportunidad para mostrar sus producciones. «Es un espacio muy hermoso porque somos un colectivo, todas mujeres en general que intentan vivir del emprendimiento. De repente, salís de tu tallercito donde trabajás de manera individual y te sumás a un espacio colectivo que se mueve en conjunto para salir al mercado y generar ingresos», expresó.

La exposición se extiende hasta el 9 de julio. Foto: Alfredo Leiva

En busca de una salida laboral

Melody Carco Rossi, de 30 años, trabajaba en una agencia de turismo hasta que la pandemia por Covid-19 la dejó sin trabajo. Descubrió Uniendo Tramas por Instagram, lo consideró una buena oportunidad laboral y decidió sumarse con una amiga. «En paralelo, estudiaba cocina y tenía mi propio emprendimiento de pastelería -que sostengo al día de hoy-, pero en la pandemia eso también se vio muy afectado. Así que me puse a coser repasadores, delantales de cocina e infusores para el té en hebras que todavía es lo que hago», describió.

Nunca había incursionado en la costura hasta ese momento en que su madre le prestó su máquina y logró aprender en muy poco tiempo. «Fue todo a prueba y error. Se me cortaba el hilo mil veces hasta que empezó a salir y las chicas de Uniendo Tramas me ayudaron a perfeccionar lo que estaba haciendo«, comentó.

Hoy sigue disfrutando de coser, pero lo que más le gusta es tener la pieza terminada y agregarle algún detalle que la identifique.
«Encontré en esta organización un grupo que se acompaña mucho, se apoya. Todas las colegas están dispuestas a ayudarte en lo personal, en lo laboral. La idea es facilitar la llegada al comprador y acá me encontré con un lugar que lo tenía casi todo resuelto. Solo había que poner voluntad y ganas», subrayó Melody.

La exposición se extiende hasta el 9 de julio. Foto: Alfredo Leiva

«Un ingreso extra»

Nadia Perepelicia ofrece ropa para las infancias. A medida que su pequeña hija crecía, empezó a confeccionarle la ropa con una máquina de coser. Pero su pasión por la costura comenzó mucho antes cuando elaboraba la ropa de sus muñecas, junto a su abuela.

«Cuando nació mi hija, como vivo en el bosque -bastante alto-, dejé de trabajar y me quedé criándola. Poco a poco, me empezaron a pedir y fui haciendo más ropa para venderla. Y al tiempo, en pandemia, conocí a las chicas de de Uniendo Tramas«, recordó. Cuando las conoció, todas llevaban barbijos. De modo que cuando volvieron a verse, ya sin medidas de protección, casi no se reconocieron.

«Somos muchas, pero en este momento tan difícil, hay muchas compañeras que dejaron porque no hay buena venta y se vieron obligadas a trabajar en otras cosas. Hay otras compañeras que viven de esto, tienen su taller de costura y le meten un montón. Como pueden», señaló y acotó que para ella, esa actividad «siempre representó un ingreso extra».

Lamentó que hoy «comprar prendas afuera sale lo mismo que comprar un cono de hilo; por eso, muchas dejan de producir porque no pueden sostenerlo. Es triste«.

Nadia admitió que disfruta de cortar tela, combinar los colores, las texturas. «Recuerdo una vez que iba en el colectivo y vi dos chicas en una parada que vestían ropa que había hecho yo. Me reconfortó«, dijo.

Catalina, Nadia, Leila y Melody,cuatro integrantes de Uniendo Tramas. Foto: Alfredo Leiva

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