Desde el barbijo hasta el cambio de huso horario: cómo combatir la mala calidad del aire en Neuquén
Tras un registro de siete días con picos de polvo en abril, anticipan un escenario complejo para el invierno en Neuquén: al haber menos horas de sol, la atmósfera deja de mezclarse y forma una “tapa” que atrapa los contaminantes a baja altura. Qué se puede hacer para mitigar sus efectos.
En abril, Neuquén acumuló siete días con mala calidad del aire, picos de polvo que duplicaron los valores de referencia y un aumento de las partículas finas que preocupó a los especialistas. ¿Se trata de un anticipó de lo que vendrá en junio y julio? “En el invierno vamos a tener mayor cantidad de horas con índices de calidad no tan buenos”, afirmó Marisa Cogliati, directora de Clean Air Data. Con el frío en puerta y periodos cortos de sol, ¿qué se puede hacer para disminuir sus efectos? Usar barbijo, sincronizar semáforos y hasta cambiar el huso horario son algunas de las sugerencias.
La especialista explicó que en el otoño y el invierno el aire cerca del suelo se enfría, se vuelve más pesado y se estabiliza. Al haber menos horas de sol, la atmósfera tiene menos tiempo para calentarse y mezclarse, y forma una especie de “tapa” que atrapa los contaminantes a baja altura. Así, todo lo que emiten calefactores, autos e industrias queda concentrado en la franja donde vive y respira la gente y, aunque se emita lo mismo que en otra época, el impacto resulta mayor: el humo y las partículas encuentran una atmósfera más quieta y quedan “estacionadas” sobre la ciudad en lugar de dispersarse rápido.
Más partículas pequeñas dispersas en el aire de Neuquén: cómo afectan la salud
En abril, los sensores de Clean Air Data y la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) registraron aumentos tanto en PM10 como en PM2.5, las mismas partículas que hoy preocupan a los organismos de salud. Las PM2.5 subieron de 9,9 a 11,1 µg/m³ y las PM10 de 46,1 a 59,5 µg/m³, con picos más altos en los días críticos.
Cogliati indicó que las PM2.5 tienen un diámetro menor a 2,5 micrones, una escala casi inimaginable a simple vista. «Son partículas muy pequeñas y, como son muy pequeñas, cuando uno respira entran mucho más profundo en los pulmones», detalló. Esas partículas cruzan todas las barreras de defensa del aparato respiratorio y llegan hasta la zona alveolar, donde se produce el intercambio de oxígeno con la sangre.
Las PM10, en cambio, son algo más grandes. La especialista explicó que no llegan tan profundo y, en general, el cuerpo logra expulsarlas con más facilidad. Sin embargo, tampoco resultan inocuas. «Si son partículas que tienen muchas aristas, que tienen muchas puntitas y se pueden llegar a pegar en algunos lugares del tracto respiratorio», agregó. El organismo responde con pequeños bultos que endurecen la zona y dificultan la respiración, sobre todo en personas sensibles o bajo exposiciones prolongadas.
Cogliati definió a las PM2.5 como «las más dañinas de todas». La población más expuesta incluye a quienes padecen asma, EPOC, enfermedades cardíacas, niños y adultos mayores.
Qué se puede hacer frente a la mala calidad del aire en Neuquén
Cogliati mencionó algunas medidas a implementar para mitigar los efectos. Desde la esfera individual, sobre todo en los días que muestran índices “moderados” o “malos” y si se sufre alguna afección en las vías respiratorias, “es bastante recomendable usar el barbijo”. En jornadas así realizar actividad física intensa al aire libre puede agravar los síntomas, ya que cada inhalación arrastra más aire y más partículas hacia el interior del organismo.
La especialista insistió en la necesidad de revisar prácticas cotidianas que antes parecían inofensivas, como quemar hojas o basura. “Son perjudiciales, porque ese aire también lo respiramos”, advirtió. Ese humo, mezclado con el que sale de estufas y calefactores, suma capas de contaminación sobre una atmósfera que ya muestra menos capacidad de limpieza durante la noche y la madrugada.
A escala barrial y urbana, Cogliati sugirió medidas simples con impacto directo en el material particulado. Sostuvo que el riego frecuente de calles de tierra reduce la cantidad de polvo en suspensión, sobre todo los días ventosos.
Por otro lado, la sincronización de semáforos evita largas filas de autos detenidos con el motor en marcha y recorta emisiones en las horas pico. “Los autos funcionan como emisores móviles”, remarcó. La especialista vinculó la entrada al trabajo y a la escuela con momentos críticos: mucho tránsito, poca radiación solar y una atmósfera casi inmóvil.

El otro eje pasa por la eficiencia energética y el uso racional de la energía. Cogliati valoró la expansión de la generación distribuida con paneles solares y planteó que los subsidios a hogares que incorporen esa tecnología podrían traducirse en menos emisiones en los meses fríos del año.
Una propuesta más ambiciosa, pero efectiva es el cambio de huso horario. La investigadora explicó que, si la hora oficial acompaña mejor a la luz natural, las horas pico de tránsito y actividad coinciden con una atmósfera que ya empezó a mezclarse. Eso reduce el tiempo en que las emisiones circulan en un aire frío, quieto y más propenso a concentrar contaminantes.
Aunque hoy la articulación más fuerte se da con el Ministerio de Salud, con proyectos conjuntos, la directora de Clean Air Data consideró que la Secretaría de Ambiente tiene un amplio margen de acción.
Desde el fomento al transporte público y compartido hasta el diseño de políticas de tránsito y horarios, la lista de herramientas posibles es extensa. “Hay un montón de cosas que se están haciendo en el mundo y que, si se empiezan de a poco, tarde o temprano comienzan a dar resultados”, recalcó Cogliati.
Detrás de cada gráfico y cada índice, la advertencia central apunta a la vida cotidiana. En un invierno que promete más mañanas con aire cargado, la combinación de hábitos individuales más políticas públicas concretas puede marcar la diferencia.
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