«Murió Carlitos»: el obispo de Neuquén pidió no ser «indiferente» frente a las personas en situación de calle

Fernando Croxatto lamentó el fallecimiento de "Carlitos", quien asistía con frecuencia a la catedra. Sostuvo que "hace falta una decisión política" para abordar la problemática.

Fernando Croxatto lamentó la muerte de "Carlitos", un hombre en situación de calle. (Foto: Oscar Livera).

«Murió Carlitos», comentaban los fieles en la misa del martes por la mañana. Lo conocían porque iba con frecuencia al desayunador de la catedral. «Lo conocíamos, teníamos siempre diálogos, teníamos encuentros. Hace poco fue su cumpleaños», contó el obispo Fernando Croxatto. Lamentó el fallecimiento del hombre de 40 años en situación de calle y pidió: «No seamos indiferentes».

Carlos padecía de consumos problemáticos y alguna que otra vez «se pasaba», pero por lo general era «tranquilo». Buscaba afecto y contacto humano. «Pedimos por él en la misa y, al salir, una mujer mayor me dice: ‘Vio, padre, murió Carlitos. Me encontraba siempre con él y me un abrazo. Y no sabés qué lindo que era el abrazo que él me daba y que necesitaba recibir», relató Croxatto.

El obispo se mostró muy preocupado por el aumento de las personas en situación de calle y el «acostumbramiento» del resto de la comunidad. «A la sociedad entera, les pido que no nos sintamos como que a mí no me toca, a mí no me incumbe. Nos tenemos que sentir responsables unos de otros», remarcó.

El hombre que murió en situación de calle asistía con frecuencia al desayunador de la catedral. Foto: archivo.

La reflexión del obispo tras la muerte de un hombre en situación de calle en Neuquén


Croxatto vinculó la muerte de Carlitos con una problemática más amplia que atraviesa Neuquén y el país: la combinación de pobreza estructural, falta de redes familiares y ausencia de dispositivos estables para salud mental y adicciones.

Señaló que, en muchos casos, las personas que terminan en la calle arrastran historias de abandono, violencia y carencias desde la infancia. «En algunos casos es por decisión propia, pero por lo general son situaciones originarias y a raíz de la familia, porque no han tenido la educación, ni soporte afectivo o social conveniente, educativo tampoco», describió.

En ese contexto, el obispo planteó que la responsabilidad no recae solamente en quienes hoy duermen en la vereda o en un cajero. «Me animaría a decir que, mayoritariamente, el origen causal de toda su problemática, no son ellos mismos», sostuvo. Habló de vidas marcadas por la precariedad donde la calle aparece más como una consecuencia que como elección.

Croxatto remarcó que las adicciones profundizan ese espiral. Dijo que muchos, como Carlos, “están muy enviciados” y ni siquiera desean salir del consumo, lo que vuelve insuficiente la sola existencia de refugios nocturnos. Propuso pensar en “paradores” o espacios diurnos que permitan un trabajo sostenido, con equipos especializados y políticas de Estado que incluyan recursos humanos y presupuesto.

«Hace falta una decisión política de afrontar el tema y ver qué espacios se disponen, qué estructura se puede disponer para brindar por lo menos otro tipo de acogida a esta gente», reclamó.

El obispo valoró el esfuerzo del Sistema Integrado de Emergencias de Neuquén (SIEN) y de los voluntarios que sostienen el desayunador en la catedral, pero advirtió que la Iglesia actúa de manera «subsidiaria» y no cuenta con instalaciones ni herramientas suficientes para contener toda la demanda.

Mientras tanto, señaló que con una simple mirada, un «cómo estás» o la escucha activa, cada vecino puede aportar su parte para construir una sociedad más solidaria que no sea indiferente frente al dolor ajeno.


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