El regreso del teléfono fijo: el experimento de un grupo de familias para que sus hijos vuelvan a charlar

Ni aplicaciones ni mensajes instantáneos: la propuesta apuesta a recuperar las llamadas entre amigos y una forma de comunicarse que parecía olvidada.

Por Lorena Vincenty

La propuesta nació en un grupo de padres y ya conecta a decenas de niños a través de llamadas telefónicas, como ocurría antes de la llegada de los celulares. Foto: Alejandro Carnevale.

La idea apareció un día cualquiera, mientras Sofía recorría Instagram. Del otro lado de la pantalla, una familia inglesa mostraba algo que parecía sacado de otra época: habían vuelto a instalar teléfonos fijos para que sus hijos se comunicaran entre ellos. No había aplicaciones, ni grupos de WhatsApp, ni mensajes que desaparecen. Solo un teléfono sonando y una voz de niño que contestaba del otro lado.

Desde Buenos Aires, Sofía atiende el teléfono a Diario Río Negro y cuenta: «Lo compartí en el grupo del colegio y les encantó. Empezaron a activarlo y a sumarse más familias», recuerda. Lo que comenzó como una curiosidad rápidamente se transformó en una experiencia colectiva. Cuando publicó el video en su perfil (@soysofilofi) contando la experiencia, hace un mes, participaban unas 23 familias, pero el número siguió creciendo.

La propuesta encontró terreno fértil en una comunidad educativa que ya venía reflexionando sobre el vínculo entre infancia y tecnología. «Estamos en un colegio muy enfocado en cuidar cada etapa del desarrollo de los chicos. Ya veníamos hablando mucho de este tema».

La preocupación por las pantallas y los niños no es nueva, lo novedoso fue la solución. Mientras gran parte del mundo discute cómo limitar el uso de pantallas, estas familias decidieron volver a una tecnología que parecía destinada a desaparecer. «Dejar a los chicos sin pantallas en un mundo lleno de pantallas es complejo. Pero tampoco me parece imposible. Es una decisión familiar que requiere convicción y mantenerse firme», sostiene Sofía.

Con una libreta de números, llamadas entre amigos y sin aplicaciones de por medio, el viejo teléfono fijo vuelve a sonar en varios hogares.

Ella está convencida de que recién dentro de algunos años se comprenderá la verdadera dimensión del impacto que tuvieron los celulares y las redes sociales sobre la vida cotidiana. «Nosotros crecimos en un mundo analógico. Durante nuestro desarrollo vivimos muchos años a otra velocidad. Imaginate lo que puede pasar con las psiquis de los chicos que nacieron directamente en este contexto».

Su hija Irupé tiene 11 años y es una de las protagonistas involuntarias de esta historia. Hizo su lista con los números, la decoró y verla hablar se convirtió para su madre en una escena tan cotidiana como reveladora. «Uno se olvida de cómo era comunicarse por teléfono fijo. Verlos usarlo es como un programa nuevo. Dicen: ‘Bueno, vamos a hablar’, y se quedan ahí conversando. Me gusta mucho el intercambio que tiene con sus amigas y amigos. Es distinto a la dinámica grupal del colegio. Hay algo más íntimo en una conversación de uno a uno».

La diferencia, asegura, no está solamente en la tecnología. También aparece en la forma de relacionarse. «Hay algo más tranquilo, genera más paz, se siente menos riesgoso. Es más analógico, más orgánico, más natural. Además la charla tiene tonos, silencios, risas. Tiene un montón de matices que se pierden en los mensajes. Eso también forma parte del aprendizaje de la comunicación», dice e Irupé, mientras tanto, ya siente que ese aparato es suyo. «Hace toda la gestión sola. Marca, llama y organiza sus conversaciones. Le encanta esa autonomía», cuenta Sofía.

Mientras habla, Sofía conecta esa experiencia con otro aspecto central de su vida. Es DJ y coordina sesiones de ecstatic dance, una propuesta de danza libre donde una de las reglas fundamentales es dejar el celular afuera. «Se baila sin hablar, sin usar celulares, sin consumir alcohol ni drogas, descalzos y sin la idea de bailar bien o mal», explica. Las sesiones pueden durar hasta dos horas y media y buscan justamente lo contrario a la lógica de las pantallas: presencia.

Lo que parecía una tecnología del pasado encontró una nueva función: ayudar a que los chicos conversen, organicen planes y ganen autonomía.

«Tengo muy trabajada la conciencia sobre la importancia de estar en el cuerpo y en el momento presente. El celular nos distrae permanentemente y nos saca de lo que estamos haciendo. Soy muy consciente de cómo me afecta a mí. Entonces intento ofrecer espacios que propongan otra cosa».

Por eso tampoco teme que los chicos se queden atrás por no tener un smartphone. «Lo agarran enseguida porque es totalmente intuitivo. En un minuto ya saben usarlo, no es que se van a quedar afuera de algo. Yo pienso mucho en cuáles van a ser las habilidades más escasas en el futuro: la comunicación emocional, el contacto con la naturaleza, el juego, la creatividad, la imaginación, el dar tiempo a los procesos. Todo eso va a ser cada vez más valioso».

La repercusión del video superó cualquier expectativa. Miles de personas lo compartieron y comentaron la experiencia. Muchas celebraron la iniciativa. Otras reaccionaron con críticas. «Muchísima gente decía: ‘Qué buena idea’. Eso me hizo pensar que hay muchas personas preocupadas por este tema, buscando alternativas e imaginando otras maneras de hacer las cosas».

Pero también aparecieron los cuestionamientos. «Había gente que decía que era una estupidez. Comentaban sobre mi flequillo o me asociaban a cuestiones políticas. Fue llamativo porque también habla de cómo estamos como sociedad».

Sin WhatsApp, sin emojis y sin notificaciones: la iniciativa apuesta a recuperar el valor de las conversaciones de voz entre chicos.

Cómo conseguir un teléfono fijo en estos tiempos


La experiencia ocurre mientras el teléfono fijo atraviesa un lento pero persistente retroceso en Argentina. Según datos del Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM), en 2014 existían cerca de 10,5 millones de líneas fijas en el país. Para el segundo trimestre de 2025 quedaban 6,4 millones, una caída superior al 40 por ciento. El volumen de llamadas descendió todavía más, con bajas estimadas entre el 60 y el 70 por ciento.

Lo más sorprendente es que la implementación resultó mucho más sencilla de lo que imaginaban. «No fue difícil. La solución estaba mucho más cerca de lo que pensábamos. En el módem de internet suele haber una entrada para teléfono fijo. Cuando contratás internet muchas veces ya estás pagando una línea telefónica sin darte cuenta».

Sin embargo, millones de líneas continúan activas y para algunas familias el viejo teléfono de siempre acaba de encontrar una nueva misión. Ya no se trata de reemplazar al celular ni de competir con la tecnología. Se trata, simplemente, de recuperar algo que parecía haberse perdido entre notificaciones, emojis y pantallas: una conversación.


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