“Elegimos vivir acá”: los pobladores de El Manso conviven con las crecidas de los ríos y el aislamiento
La crecida de los ríos Foyel y Manso mantiene anegada la Ruta Provincial 83 y aisladas a más de 67 familias. Aunque dejó de llover y el agua comenzó a bajar, los pobladores advierten que solo se puede transitar con vehículos de doble tracción y cuentan cómo conviven con las inundaciones.
“Dejó de llover y el panorama es más alentador que dos días atrás. Pero la ruta 83 sigue cubierta de agua. Sólo con los unimog o con doble tracción está transitable”. Javier Andrade, un poblador de Villegas, hace guardias en el Servicio Provincial de Lucha contra los Incendios Forestales (Splif) en la zona de Manso Medio, a unos 10 kilómetros del corte de la Ruta Provincial 83 por donde desbordó el río que mantiene aisladas a más de 67 familias.
Esa ruta provincial tiene un recorrido de 45 kilómetros entre la Ruta Nacional 40 y el límite con Chile. “En el kilómetro 25 en adelante, rebalsa El Foyel con El Manso y todo se tapa de agua. Después, de la escuela 92 para abajo, hay campings. Por ese lugar, antes estaba el río. Entonces, hay años en que no crece y la gente confía y construye, pero después pasa esto”, advirtió Javier.
El río Foyel, agregó, “se conforma de arroyos y así como crece rápido, también baja rápido. El Manso, en cambio, como es de lagos mantiene su caudal. Las lluvias pequeñas no causan mayores inconvenientes, pero con tanta nieve, se generó una mezcla de deshielo con agua de lluvia”. Si bien hay pronóstico de lluvia para los próximos días, consideró que “al no haber tanta nieve, la situación no sería tan dramática”.

Si bien no hubo evacuados, cuatro familias decidieron autoevacuarse para evitar complicaciones. Javier reconoció que cuando el río crece, nunca se sabe cuándo terminará. “Ante la duda, algunos deciden evacuarse y volver cuando se pueda. No es bueno quedarse con la crecida porque no se sabe cuánto puede avanzar, más aun con el fenómeno de El Niño”, dijo y mencionó que, de todos modos, la subida se genera en horas. “Con los animales -acotó-, es más complejo porque el que tiene una loma, lo lleva a la cordillera, pero si no, el agua les tapa la comida o bien los animales quedan adentro del agua que se los lleva”.
Claudia Rogel nació en El Manso Inferior y desde hace un año, trabaja en el Comisionado de Fomento. “Ya estamos acostumbrados. Tengo 44 años y cuando éramos chicos, no existían las alertas de precipitaciones fuertes. Nos enterábamos cuando ya teníamos las lluvias encima. Esta alerta estaba anunciada”, aclaró.
Si bien los pobladores transitan la situación de aislamiento una o dos veces por año, el hecho de que la ruta permanezca cortada y no se pueda salir, genera ansiedad. “Si no salís con el unimog de Gendamería o de Parques es imposible. Pero vivimos en un zona que tiene estos riesgos de inundaciones y lo cierto es que elegimos vivir acá. En verano tenemos el problema de los incendios”, indicó Claudia. Remarcó que este año, con luvias más intensas, lo que faltó fue forraje para los animales aunque la ayuda por parte del gobierno estuvo presente. “Es la primera vez que vemos tanto a Protección Civil. Años atrás, éramos los vecinos y un caballito que nos sacaba en caso de emergencia”, recordó.
De todas maneras, Claudia consideró que no fue tan grande la creciente como otros años: “En una de mis cabañas entró agua, pero no pude entrar a ver cómo estaba El anteaño pasado encontré la heladera flotando. Este año espero que no”.
Javier Muñoz nació en El Bolsón y 16 años atrás, se radicó en El Manso donde trabaja como agente sanitario y realiza guardias de enfermería. “En este momento, la situación esta volviendo a su normalidad aunque el agua se mantiene sobre la Ruta 83”, contó al regresar de una vivienda donde asistió a un paciente. “Acabo de volver de ese sector y por suerte, pude pasar por el agua. Andamos en una camioneta”, manifestó.
Destacó que durante la emergencia, se han entregado módulos de comida y forrajes para los animales. Afortunadamente, reconoció, no registraron situaciones de emergencia. “En esta zona, la mayoría es nacido y criado acá. Hay muchos adultos mayores que son los más tranquilos y muchos chicos que se fueron a estudiar y volvieron. De hecho, mi compañera nació acá y quiso regresar. Nada los sorprende. Se preparan para este tipo de situaciones”, concluyó.
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