La fonoaudióloga que cambió el consultorio por el reciclaje en Villa La Angostura
Tras indagar qué problemática ambiental quejaba en la localidad cordillerana, Silvia Marteniuk creó Ecotipica con la idea de transformar bolsas y envoltorios en cueros plásticos que sirven para elaborar todo tipo de productos. La idea nació durante la pandemia.
Silvia Marteniuk vivió en la ciudad de Neuquén gran parte de su vida. Durante muchos años, ejerció como fonoaudióloga, pero cuando tomó la decisión de radicarse en Villa La Angostura, supo que necesitaba hacer algo más. Según admite, el entorno natural la interpeló. Y así indagando sobre el destino de los descartes, se topó con una arquitecta francesa llamada Clarisse Merlet, fundadora de Fab Brick, un emprendimiento que elabora ladrillos ecológicos con residuos textiles. La idea le fascinó, pero cuando indagó para llevarla a cabo en la región cordillerana se dio cuenta que las realidades eran por completo diferentes. Debía tomar otro camino.
«Me bastó saber que con los descartes se podían hacer cosas fabulosas. Cuando vi que se podía hacer algo competitivo, me dije ‘esto está bueno’. Yo tenía otra idea del reciclaje», comenta la mujer que impulsó el emprendimiento Ecotipica que transforma bolsas y envoltorios en cueros plásticos para elaborar todo tipo de productos.
Pero su idea iba más allá del «hacer por hacer», por eso, se presentó ante la Dirección de Obras Públicas donde consultó cuál era el descarte más complicado de procesar. Los técnicos le explicaron que las bolsas plásticas resultaban «el material más complejo» ya que «al ser blandas, se enredaban en las máquinas y se volaban».
«Empecé a estudiar, me fui contactando con personas del exterior y de a poco, fui practicando», señala. Silvia decidió hacer cueros plásticos, pero optó no por vender un producto manufacturado sino que apuntó a que los emprendedores compren el material y fabriquen con él lo que deseen. Hoy se usa para hacer billeteras, carteras, packaging.
«Desde el principio, pensé en el triple impacto. No solo en el cuidado ambiental rescatando plásticos antes de que llegue a la basura sino desde la parte social», advierte. Por eso, aclara, aprendió a coser en el último tiempo solo para mostrar que se podían hacer infinidad de cosas con el cuero plástico.
Comentó que tanto en Argentina como en otros países, «está de moda usar esos productos para elaborar presentes corporativos (que son a pedido), haciendo mucho énfasis en la concientización sobre el cuidado del medio ambiente».
Silvia emplea una máquina estampadora, una especie de plancha de calor para la termofusión. «Primero busco el plástico. Por lo general, tienen etiquetas así que lo limpio -muchos traen cinta adhesiva porque la mayoría provienen de embalajes-, aunque sin derrochar agua. Luego los recorto y les hago diseños, algún dibujo. Esa es la parte más creativa», describe y agrega: «Hay plásticos de distintas clases; en mi caso, uso polietileno tipo 4 de baja densidad. Este material es versátil, de modo que se puede coser, unir con broches y puede no requerir costura«.
El emprendimiento tiene apenas dos años, de modo que aún no cuenta con instalaciones propias. Por el momento, Silvia trabaja en su casa. «Es todo un desafío. Hay que abrir todas las ventanas -con el clima que tenemos-, encender un ventilador -otro sirve de extractor y saca todo hacia afuera- y usar máscaras», indica.
Esta mujer insiste en que no recolecta plásticos indiscriminadamente. «Si no se vende o no se usa, no vale la pena reciclar porque es un gasto de tiempo, de luz y de consumo de agua. Por eso me importa a quién le vendo, quién lo va a coser. Esto no me es indistinto«, dice. Puso como ejemplo, una angosturense que solicitó un cuero plástico para armar el packaging para un neceser. Pero antes consultó entre sus clientes si podrían darle un uso al envase. Las respuestas fueron favorables: todos tenían pensando usarlos para algo, de modo que siguieron adelante. «Soy de esas personas que creen que si lo vas a tirar después, entonces no recicles«, plantea.
El año pasado Silvia se presentó en el programa Impacta que lanzó el gobierno de Neuquén. En un primer momento, eran más de 300 emprendedores de todos los rincones de la provincia. Fueron capacitados en triple impacto en forma intensiva durante 8 meses. Luego, 25 proyectos fueron seleccionados, entre ellos Ecotipica que quedó finalista, junto a otros 15 que recibirán financiamiento.
¿En qué momento se produjo el quiebre en la vida de Silvia que decidió abandonar la fonoaudiología para avanzar en otra dirección?, se le consultó. «Me rompí, como tantos, durante la pandemia. Empecé a tener otras inquietudes y quise hacer cosas que tuvieran otro sentido. Mi búsqueda se orientó a beneficiar el medio ambiente y también a nivel social», explica.
Resaltó la importancia de la conciencia ambiental en una localidad como La Angostura. «Hay muchos esfuerzos en compostaje y en torno a la reutilización. Acá es conocido el ladrón de chatarras, un artista muy conocido. De esta forma, la vida de un material sigue teniendo otras vidas. La mirada a su vez está en buscar un producto que satisfaga y sea competitivo, de otra forma, no sirve reciclar», concluye.
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