La Piscicultura de Plottier: agua, memoria y futuro en los 91 años de la ciudad
A 91 años de la fundación de la ciudad, el predio no es solo un espacio productivo o técnico: es una biografía viva que acompaña el crecimiento de Plottier desde sus orígenes.
En las aguas persistentes del río Limay, donde el viento patagónico modela los álamos y la historia se filtra entre los canales de riego, la Piscicultura de Plottier permanece como uno de los símbolos más silenciosos y profundos de la identidad local.
Antes de que existieran los piletones y los alevinos, aquí funcionó, en 1908, la primera Estación de Bombeo sobre el río Limay. Diseñada por el ingeniero César Fattore, fue una obra pionera en la irrigación mecánica de la Norpatagonia. Motores a vapor, bombas centrífugas y calderas traídas de Europa permitían elevar hasta 800 litros de agua por segundo. Aquella infraestructura transformó el paisaje árido en chacras productivas y convirtió a Laguna Larga —el antiguo nombre de Plottier— en un enclave agrícola estratégico, incluso antes de la construcción del Dique Ballester.
Durante dos décadas, el agua impulsada desde ese punto dio vida al valle. Pero en 1928 el sistema fue reemplazado por uno de riego por gravitación. Las máquinas se desmontaron y el edificio quedó como una estructura sólida, testigo de una etapa fundacional.
En 1941, el predio inició su segundo gran capítulo: la creación de la Piscicultura Río Limay. Allí comenzó la cría y liberación de alevinos destinados a poblar ríos y lagos patagónicos. Donde antes se bombeaba agua para regar, ahora se cultivaban peces para fortalecer ecosistemas.
Millones de alevinos fueron criados en Plottier y liberados en distintos cursos de agua de la provincia. Truchas y salmones pasaron por estas piletas antes de integrarse a la red natural de la Patagonia. El lugar se convirtió en una pieza estratégica de la política ambiental y productiva neuquina, moldeando también la identidad regional vinculada a la pesca deportiva y la relación con los ríos.
Pero la historia no se detuvo allí
En 1992, la piscicultura incorporó un enfoque pedagógico que marcó a generaciones. Comenzaron las visitas escolares, las siembras educativas y las experiencias directas con el ciclo de vida de los peces. Niñas y niños que liberaban un alevino en el agua entendían, con las manos sumergidas, que el ambiente no es una abstracción.
En ese mismo predio funcionó además la Escuela Nº 60, el primer establecimiento educativo de Plottier. Educación, producción y territorio siempre convivieron aquí.
Hoy, en el marco del 91 aniversario de la localidad, la Piscicultura de Plottier atraviesa una nueva etapa: la de su puesta en valor como espacio integral de promoción y educación ambiental.
La Secretaría de Ambiente y Recursos Naturales, dependiente del Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales, impulsa un proyecto que busca transformar el predio en un Centro Ambiental, Histórico y Cultural, articulando con actores privados, organizaciones de la sociedad civil y áreas educativas.
La propuesta contempla la restauración del patrimonio arquitectónico original, la modernización de la infraestructura técnica, la incorporación de tecnologías más sostenibles y la creación de espacios museográficos que narren la historia del riego, la piscicultura y la transformación productiva del valle.
Se trata de un cambio de paradigma: no solo conservar peces, sino también memoria y conciencia ambiental.
El nuevo enfoque apunta a fortalecer el vínculo con escuelas, universidades, ONGs ambientales y emprendimientos privados comprometidos con el desarrollo sostenible. La articulación público-privada permitirá potenciar actividades educativas, visitas guiadas, talleres y programas de sensibilización ambiental.
Iniciativas como la Promesa Ambiental y el programa Guardianes Ambientales encuentran en este predio un escenario natural: un lugar donde el aprendizaje es tangible, donde el agua y la biodiversidad no son conceptos lejanos sino experiencias concretas.
En verano, el predio abre de lunes a viernes, de 9 a 13, con entrada libre y gratuita. Los visitantes pueden recorrer los piletones, conocer el laboratorio, caminar por los senderos educativos y comprender el trabajo silencioso que se realiza desde hace más de ocho décadas.
Pero la Piscicultura no es solo una visita turística. Es una síntesis de lo que fue y lo que puede ser Plottier: una ciudad nacida del agua, fortalecida por la producción y proyectada hacia el futuro desde la educación y el cuidado ambiental.
En tiempos donde el crecimiento urbano suele desconectarse de sus raíces, este espacio recuerda que la historia de la ciudad está profundamente ligada al río y a las decisiones colectivas que transformaron el territorio.
Las aguas del Limay siguen fluyendo. Y en ellas viaja una memoria que no se detiene: la de quienes regaron las primeras chacras, la de quienes criaron peces para poblar ríos, la de quienes hoy diseñan un nuevo espacio de educación ambiental para las próximas generaciones.
A 91 años de su fundación, Plottier celebra no solo su crecimiento, sino también su capacidad de resignificar sus espacios históricos. La Piscicultura es parte de esa identidad: un puente entre el pasado productivo y el futuro sostenible.
Porque hay lugares que no solo conservan agua o peces. Conservan historia. Y ahora, también, proyectan futuro.
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