La Ruta 66 cumple 100 años: el viaje interminable que todos los viajeros sueñan hacer

Springfield, en Missouri, será el escenario de una celebración histórica entre el 30 de abril y el 2 de mayo de 2026, con conciertos, desfiles, esculturas, festivales y homenajes para conmemorar el centenario de la carretera más famosa del mundo.

Redacción

Por Redacción

La llamaron la “Madre de las Carreteras” y fue refugio en tiempos de crisis.

Hay caminos que unen ciudades y otros que terminan convirtiéndose en leyenda. La Ruta 66 pertenece a esa segunda categoría. Durante décadas fue el símbolo de la aventura, del viaje interminable, de las migraciones y de los paisajes abiertos del oeste estadounidense. Este abril, esa ruta que atravesó películas, canciones y postales cumple sus primeros 100 años.

La gran celebración tendrá lugar en Springfield, la ciudad que se ganó el reconocimiento mundial como cuna de la Ruta 66. Fue allí donde, el 30 de abril de 1926, se envió el histórico telegrama a las autoridades federales para proponer el nombre “US Route 66”, dando origen a una de las carreteras más emblemáticas del planeta.

Desde el 30 de abril hasta el 2 de mayo de 2026, Springfield se convertirá en una enorme fiesta dedicada a la llamada “Ruta Madre”. Habrá conciertos, inauguraciones de monumentos, festivales artísticos, desfiles de autos clásicos y homenajes que buscarán revivir el espíritu de una carretera que marcó la historia de Estados Unidos.

El inicio será a lo grande. El jueves 30 de abril habrá una transmisión especial en vivo del programa televisivo The TODAY Show y, más tarde, la inauguración oficial de la Birthplace Plaza, en el lugar exacto donde se envió el telegrama original hace un siglo. Esa misma noche se realizará un concierto multitudinario con artistas legendarios y contemporáneos inspirados en el universo de la Ruta 66.

Entre los años 40 y 50, la ruta fue sinónimo de libertad.

El viernes 1 de mayo será el turno de los autos antiguos, las esculturas y la fiesta callejera. Uno de los momentos más esperados será el desfile “America on the Route 66 Parade”, en el que más de 100 vehículos clásicos recorrerán las calles de Springfield para recordar cómo fue cambiando la cultura automovilística estadounidense a lo largo de las décadas.

También se inaugurará la escultura Queen’s Gate, una obra pensada como una puerta simbólica de ingreso al corredor histórico de la ruta. Por la noche, el histórico puente peatonal de Jefferson Avenue se iluminará en un espectáculo que combinará música, luces y homenaje patriótico.

El cierre, el sábado 2 de mayo, tendrá un clima más artístico y nostálgico. Habrá un festival de arte temático sobre la Ruta 66, con exposiciones, intervenciones urbanas, música y actividades interactivas. La despedida será con el National Telegraph Ball, un baile de época inspirado en aquel telegrama de 1926 que dio nombre a la carretera.


Por qué recorrer la 66 una vez en la vida


Recorrer la Ruta 66 de punta a punta es mucho más que hacer un viaje por una ruta. Es atravesar casi un siglo de historia estadounidense, pasando por pueblos diminutos, estaciones de servicio detenidas en el tiempo, moteles con luces de neón y paisajes que parecen sacados de una película.

Sobrevive en sus tramos, pero sobre todo en lo que representa.

La ruta original nació en 1926 y unía Chicago con Los Ángeles a lo largo de 3.939 kilómetros. Atravesaba ocho estados: Illinois, Missouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California. Aunque hoy ya no puede recorrerse de manera ininterrumpida por su trazado original, todavía conserva largos tramos históricos que mantienen intacta su esencia.

Uno de los mayores atractivos es justamente ese viaje al pasado. La Ruta 66 fue la primera asfaltada de Estados Unidos y durante décadas fue la vía elegida por miles de personas que, en plena Gran Depresión, emigraban hacia el oeste en busca de trabajo y nuevas oportunidades. Por eso el escritor John Steinbeck la bautizó como la «Madre de las Carreteras», un nombre que todavía hoy la acompaña.

El empresario Cyrus Avery, oriundo de Oklahoma, no imaginaba la Ruta 66 solo como un trazo eficiente sobre el mapa. Para él, era una arteria capaz de unir territorios aislados, de acercar la América rural a nuevos circuitos comerciales y de encender economías dormidas a la vera del camino.

También tuvo un olfato especial para el impacto simbólico: el número 66, simple y pegadizo, estaba destinado a quedar en la memoria colectiva. No se equivocó. La ruta terminó convertida en mito cultural, retratada en obras como Las uvas de la ira de John Steinbeck y En el camino de Jack Kerouac, además de canciones como (Get Your Kicks on) Route 66, que terminó siendo banda sonora del optimismo tras la Segunda Guerra Mundial.

Desde su designación oficial en noviembre de 1926, la Ruta 66 empezó a condensar una idea potente: la promesa de progreso. No era solo asfalto; era la posibilidad de empezar de nuevo en otro punto del país. En los años 30, esa promesa se volvió urgente. Familias enteras la tomaron como vía de escape frente a la sequía, el colapso económico y la desesperación de la Gran Depresión. Más tarde, durante la Segunda Guerra Mundial, la carretera se transformó en un corredor estratégico para el traslado de tropas, trabajadores y maquinaria hacia el oeste.

El verdadero esplendor llegó en la posguerra. Entre las décadas del 40 y el 50, con autos más accesibles y un incipiente bienestar económico, la Ruta 66 se convirtió en sinónimo de vacaciones, aventura y libertad. A su alrededor florecieron moteles, restaurantes y atracciones extravagantes: desde fosas con serpientes hasta carteles luminosos que perforaban la noche. Como resumió el historiador Jim Hinckley, en ese camino persistía algo más que tránsito: una invitación permanente a explorar, a moverse, a soñar.

El recorrido también permite descubrir algunos de los paisajes más icónicos del país. Desde el desierto de Arizona hasta las grandes llanuras del centro, pasando por pequeños pueblos que conservan carteles, cafés y estaciones de servicio de los años 50. Además, muchos viajeros aprovechan la ruta para hacer una parada en el Gran Cañón, uno de los lugares más impactantes del oeste americano.

Dormir en moteles históricos es otra de las experiencias imperdibles. Lugares como The Blue Swallow Motel, Wigwam Motel o el El Rancho Hotel conservan el espíritu clásico de la ruta, con habitaciones ambientadas en los años 50, viejos autos estacionados en la puerta y carteles de neón que iluminan la noche.

También hay paradas obligadas que forman parte del mito, como Cadillac Ranch, la ciudad de Seligman, que revive la estética de la América profunda, o el restaurante Mr D’z Route 66 Diner, famoso por sus hamburguesas, sus batidos y su ambientación retro.

A pesar del paso del tiempo y de la aparición de nuevas autopistas, la Ruta 66 logró sobrevivir. En 1999, el Congreso de Estados Unidos aprobó un programa especial para preservar su legado, sus edificios históricos y las historias que nacieron a la vera del camino. Quizás por eso sigue despertando tanta fascinación en los viajeros: porque no es solamente una carretera, sino una forma de entender el viaje.


La llamaron la “Madre de las Carreteras” y fue refugio en tiempos de crisis.

Hay caminos que unen ciudades y otros que terminan convirtiéndose en leyenda. La Ruta 66 pertenece a esa segunda categoría. Durante décadas fue el símbolo de la aventura, del viaje interminable, de las migraciones y de los paisajes abiertos del oeste estadounidense. Este abril, esa ruta que atravesó películas, canciones y postales cumple sus primeros 100 años.

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