Una oportunidad que cambia todo: Luis y Valeria muestran por qué el trabajo es inclusión
Con el acompañamiento de APASIDO, empresas de General Roca empiezan a abrir sus puertas a jóvenes con discapacidad que buscan algo simple y fundamental: trabajar y construir su propia independencia.
El día de Luis comenzó temprano. Como cada mañana, se preparó su vaso con leche, se puso su remera del vivero El Ceibo y salió hacia su trabajo. Avanzó por las calles entre la humedad y una tormenta que el asomaba a lo lejos. Tal vez pensaba en Boca, el club que alienta, en las plantas, en sus compañeros. Al llegar, todos lo recibieron con sonrisas, él hizo algunos chistes y se sentó a tomar su desayuno entre macetas y árboles, tranquilo, “contento de trabajar”.
La escena podría ser habitual para cualquiera. Pero para una persona con discapacidad, no siempre es así. Conseguir trabajo no es fácil y, sin ese primer paso, tampoco lo es ganar autonomía o simplemente salir de casa de los padres con un rumbo propio. Silvina Díaz, referente de la APASIDO, lo explica con emoción. “Hoy es muchísimo más fácil que hace unos años atrás, y eso hasta nos pone piel de gallina porque vemos una apertura en la ciudad que ni siquiera esperábamos”, dice. Aun así, advierte que todavía se necesita que más empresas se animen a dar trabajo.
“Las posibilidades son infinitas, tantas como para que el empresario, hablando en criollo, no sienta que se gana un problema, sino que se suma a tener una empresa que es útil para todos y a construir una sociedad que nos incluya a todos”, explica. Y agrega algo que para ellos es central: “No hay independencia, no hay adultez, no hay autonomía si no hay trabajo. Todo lo que hacemos en los talleres, la transición a la vida adulta, que los jóvenes puedan tener un proyecto de vida independiente, es imposible si no hay trabajo”.
En el vivero El Ceibo esas palabras toman forma entre el verde de las plantas. Luis Díaz, que tiene síndrome de Down, está en su segunda pasantía. Trabajó durante enero, volvió en marzo y allí está activo. Después de su desayuno busca a Caro y a Nico, listo para trasplantar flores, pasar el rastrillo o podar.
Mientras le explica algunas tareas, Caro cuenta: “es hermoso trabajar con Luis. Además de enseñarle lo que es un trabajo, él nos enseña a nosotros a compartir y a encontrar otra manera de enseñar. La pasamos muy bien. Es simpático, cariñoso. Cuando no viene es raro, porque con él nos reímos todo el día”. A su lado, Nicolás asiente. “Es lindo trabajar con ellos. Luis es uno más en el vivero, nuestro compañero. Trabaja a la par, hace las tareas que le pedimos, cumple y es muy agradable estar con él”.
Pero no siempre fue tan natural. Al principio, algunas dudas también echaron raíces. “Cuando empezamos era raro. Teníamos un poco de miedo, sobre todo de no saber cómo reaccionar. Pero nos apoyamos entre todos para que resulte. Cada uno tiene su personalidad, pero con él es lo máximo. Además nuestros jefes siempre nos dan el espacio para explicarles y acompañarlos”, relata Caro.
Mauro y Mariela, los dueños del vivero, escuchan cerca y también mustran el grano de arena que ellos ponen para que funcione. Para ellos, sumarse al programa de prácticas de APASIDO fue una decisión que cambió el clima del lugar. “Después de la pandemia arrancamos con las prácticas”, cuenta Mauro. “Se hicieron distintas modalidades: una semana, un mes, algunos cuatro meses. Los chicos que trabajan con nosotros lo tomaron muy bien. Siempre hay una expectativa, un miedo a lo diferente, pero la experiencia termina siendo mucho más fácil de lo que uno imagina. Desde Apasido saben qué chico puede adaptarse a cada proyecto y siempre terminamos muy contentos”.
Mariela completa la idea: “Todas son experiencias distintas y uno también tiene que adaptarse. Creo que muchos comercios de la ciudad podrían tener un espacio para compartir unas horas con ellos, ayudarlos, enseñarles. Es hermoso que se sientan parte útil. Son muy agradecidos. Todos necesitamos oportunidades alguna vez”.
“Queremos trabajar, no estar en casa”
A varias cuadras de allí, entre las góndolas del supermercado La Anónima, Valeria acomoda envases en una estantería. Todo tiene que quedar alineado, y lo hace con una precisión casi obsesiva. Está feliz de trabajar y lo dice sin vueltas. “Me gusta el trabajo, es una terapia para mí. Desayuno, me tomo mi jugo de pomelo y me vengo. Acá me reciben mis compañeros y me tratan muy bien”.
Raúl Gómez, gerente de la sucursal 92 de La Anónima, cuenta que desde hace más de cinco años comparten el espacio de trabajo con jóvenes de APASIDO. “Al principio fue acostumbrarnos, pero es una experiencia sumamente enriquecedora. Ellos aprenden de nosotros, pero nosotros también aprendemos de ellos. Los colaboradores se suman y vemos cómo van avanzando con la experiencia. Llegan con miedo y se van muy fortalecidos, con ganas de seguir”.
Valeria escucha y sonríe. Después invita a recorrer su sector y muestra con orgullo lo que hace. Dice que es su primer trabajo fuera de casa y que hace cinco meses que está ahí. “Apasido me ayudó mucho. Esto me ayuda a ver mi rol. Cuando me dijeron que iba a trabajar acá me emocioné, me largué a llorar. Pero ahora estoy tranquila”.
Y desde esa tranquilidad quiere dejar un mensaje claro: “Con mi capacidad tengo que conseguir otro laburo. Me gustaría seguir trabajando. Mucha gente tiene miedo, eso pienso. Pero pueden ponernos a trabajar, podemos hacer cosas en las empresas”. Hace una pausa y mira la góndola que acaba de ordenar. “Nosotros no podemos estar todo el día encerrados. Yo quiero eso: trabajar”.
Como sumarse a la experiencia
En APASIDO explican que están disponibles durante todo el año para acompañar la apertura de nuevos espacios laborales. Existen distintas formas de ingreso a una empresa, pensadas como un proceso gradual.
“Podemos empezar con pasantías sin remuneración, que son cortitas, de una semana y con pocas horas. Es una primera experiencia laboral para los jóvenes”, explica Silvina desde la organización. Luego pueden realizarse pasantías un poco más largas, con un incentivo económico acordado previamente, que pueden durar uno o dos meses. En ese período también se trabaja con un sistema de rotación, para que distintos jóvenes tengan la oportunidad de atravesar esa práctica.
En el vivero, Mauro cuenta cómo funciona ese proceso desde el lado de la empresa. “Firmamos un contrato, los chicos tienen seguro y vienen con un preparador laboral. No están solos. Nosotros tratamos de interactuar mucho con ellos, para que tengan contacto con el equipo de trabajo. A veces les pedimos que se animen a atender a un cliente o a hacer alguna tarea nueva, para que no sea algo muy básico, sino que se vayan superando”, explica.
El contrato formal se realiza con APASIDO, que es la institución encargada de gestionar los seguros y también de aportar los preparadores laborales. Al comienzo, los jóvenes están acompañados durante toda la jornada. Ese preparador laboral, que de base es un acompañante terapéutico formado específicamente para esta tarea, los guía y los ayuda a adaptarse al entorno de trabajo.
Con el paso del tiempo, ese acompañamiento se va retirando de manera gradual. “El preparador empieza a correrse en la medida en que el joven puede trabajar con mayor autonomía y aparecen referentes naturales dentro del lugar de trabajo”, explican. Es un proceso flexible, de prueba y evaluación permanente, hasta que el joven logra desempeñarse por sí mismo.
Silvina Díaz señala que también existe una dinámica de selección similar a la de cualquier empleo. “El empresario puede hacer una entrevista inicial. Nosotros llevamos cinco, seis o siete jóvenes con su currículum, hacen la entrevista y el empleador puede elegir quién empieza la pasantía”, cuenta. Luego se evalúa la experiencia. Si una tarea no resulta adecuada, se busca otra alternativa para ese joven y se prueba con otro perfil.
Para la referente de APASIDO, el objetivo final es claro: abrir caminos hacia la autonomía. “Todos alguna vez quisimos ser independientes y dependíamos de mamá y papá hasta que conseguimos un trabajo”, explican.
Peña solidaria para acompañar el trabajo de inclusión de APASIDO
La música y la danza volverán a ser protagonistas en una noche solidaria a beneficio de APASIDO. La peña se realizará el sábado 28 de marzo, desde las 21, en San Zenone, en la ciudad de General Roca.
El encuentro contará con artistas invitados y propone una noche de música, baile y encuentro para acompañar el trabajo de inclusión que lleva adelante la institución.
Las entradas anticipadas tienen un valor de 10.000 pesos y en puerta costarán 13.000. Pueden conseguirse en locales adheridos o reservarse al 2984 641492. Los organizadores invitan a la comunidad a sumarse y disfrutar de una gran peña solidaria.
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