“Nadie te entiende mejor que quien pasó por lo mismo”: la asociación que acompaña los tratamientos de fertilidad, con encuentros gratuitos
La asociación Concebir cumple 30 años de brindar apoyo y contención para pacientes de fertilidad. También brindan asesoramiento legal.
«Somos un grupo de pacientes para pacientes que ayudamos a transitar el camino en la búsqueda de un hijo. Nadie te va a entender tan bien como alguien que ya pasó -o está pasando- por lo mismo que vos«. La asociación Concebir nació hace 30 años con el desafío de acompañar a las personas con dificultades reproductivas en el camino que deciden transitar.
En 1996, los caminos de Isabel y Estela se cruzaron. Ambas transitaban tratamientos de fertilidad -una con gametos propios; otra recurría a la ovodonación, un tratamiento de reproducción asistida en el cual se fertilizan óvulos de una mujer donante con semen de la pareja de la mujer receptora o semen de banco-. Ambas sentían la necesidad descomunal de hablar acerca de lo que estaban transitando y ese cúmulo de emociones que no muchos podían entender.
«Sucede que hace 30 años había más tabú. En ese camino, Estela e Isabel encontraron mucha más gente a la que le pasaba lo mismo. Así surgió esta organización civil que atravesó incluso la lucha por la Ley de Fertilidad para que las obras sociales reconozcan los tratamientos de fertilidad«, sintetizó Ana Claudia Ceballos García, presidenta de Concebir.
La organización propone talleres virtuales gratuitos en los que se abordan temáticas vinculadas al tránsito por este tipo de tratamientos. Por lo general, están conformados por pacientes y un equipo de psicología. «Sucede que hay tratamientos de alta y baja complejidad. En los primeros, se extraen los óvulos que se juntan con esperma y ahí se forma el embrión que es implantado en el útero. A partir de ahí, la espera es de 14 días. Esas dos semanas se llaman la ‘beta espera’ cuando todavía no sabés si vas a quedar embarazada o no. Son días duros, difíciles», describió y arriesgó que «son los momentos más críticos del recorrido«.
A diferencia de un embarazo natural, dijo, «quienes cursan un tratamiento de fertilidad saben el día a partir del cual tienen la posibilidad de estar embarazada».
«Cuando alguien nos dice: ‘Nos transfirieron’, sabés que está en beta espera. Es momento de ansiedad, incertidumbre, angustia. Y si finalmente es negativo, hay que volver a armarse para emprender un nuevo tratamiento», resaltó.
Ana Claudia se definió como madre soltera. Tuvo a su hijo -que hoy tiene 10 años- a través de ovodonación (esperma y óvulo donados). «Todo ese recorrido también lleva muchos momentos: la Beta espera, la Beta negativa, el impacto de saber que tus óvulos ya no sirven, que el endometrio no implanta. Todo eso en el camino del tratamiento de fertilidad genera emociones que deben hablarse y trabajarse», consideró.
Otro capítulo es el camino a la ovodonación: «Cómo contarle a tu entorno que esperás un hijo por donación, e incluso cómo le comunicás a tu hijo cómo llegó al mundo. Esto forma parte del derecho a la identidad: tiene derecho a saber la verdad y, la asociación Concebir tiene como pilar la verdad ante todo«. Esto se trabaja desde que los chicos son bebés con cuentos infantiles, por ejemplo.
«Uno se plantea: ¿cómo le voy a contar a mi hijo que nació por ovodonación?, ¿me va a querer más o menos?, ¿qué dirá?, ¿va a sufrir?, ¿qué impacto tendrá en su vida? Todas esas cosas se trabajan previamente. Si se le cuenta la verdad, si se los prepara, no hay impacto. Un chico nacido por donación sufre el impacto cuando recibe la noticia en su adolescencia porque creció sin saber», advirtió.
Consideró también que los prejuicios en torno a la ovodonación han disminuido aunque todavía los hay en ciertos contextos sociales. «La persona que opta por la ovodonación debe hacer un trabajo previo de entenderlo y pensarlo. Para eso es importante buscar ayuda», dijo.
La ONG Concebir también lleva adelante tareas de difusión en el mes de cuidado de la fertilidad, gestiona la iluminación de monumentos ciertos días claves para concientizar y planifica jornadas anuales. «Armamos mesas redondas con profesionales médicos, psicólogos, instituciones. También armamos encuentros con familias en parques y organizamos juegos y actividades infantiles. Al conocerse, los niños se dan cuenta que, por más que en su clase o jardín, no haya otro niño que nació del mismo modo, hay muchos otros», manifestó.
Destacó que los talleres son virtuales -para acceder de distintos puntos del país- y gratuitos. «Muchas veces, la gente no sabe que ofrecemos esta herramienta. Solo deben escribirnos por mail, al celular o bien contactarnos por Instragram». Hoy el desafío es el mismo que 30 años atrás: acompañar para que la gente no se sienta sola y asesorar.
El duro camino hacia la ley
La Ley de Fertilidad, sancionada en 2013, garantiza la cobertura integral de los tratamientos. Desde Concebir asesoran a los pacientes para que conozcan sus derechos.
«Sabemos que las novedades y avances que se producen en este ámbito son constantes, por eso seguimos asesorando a todas las personas que encaran un tratamiento de fertilidad para formar una familia, como así también a quienes necesitan orientación en todo lo relacionado al derecho a la identidad de nuestros hijos», plantean.
Ana Claudia reconoció que las problemáticas han cambiado desde la sanción de la ley ya que hoy hay mayor acceso a los tratamientos aunque «continúan las pequeñas peleas por las coberturas al 100% de la medicación e incluso algunos estudios«.
¿Cómo le cuento?
«Quise ser madre toda la vida, pero tuve que pedir ayuda a los médicos». Así le contó Ana Claudia a su hijo cómo nació.
«Le conté que la médica me dijo que no podía, pero que había personas que donaban las células que yo no tenía -así como donan órganos y sangre-. Y gracias a la donación de esas personas pude ser mamá, tenerte y acompañarte en tu crecimiento», recordó haberle dicho.
Todo esto es bueno acompañarlo con cuentos infantiles. «Los libros son herramientas que adaptamos a nuestra historia. Así, los chicos van creciendo en la verdad. Por lo primero que se les enseña es que no se miente. Y la omisión también es una mentira«, resaltó.
Puso como ejemplo alguna enfermedad genética que pudiera aparecer a futuro. «Supongamos que mi hijo -o mi nieto- tienen un problema y descubren en el camino que no tienen mi genética. Con 30 años, se da cuenta de que le mentí. No tiene sentido: ¿por qué arriesgar el vínculo? Además, es su derecho a saber. No el mío», concluyó.
Las vías de contacto con la asociación Concebir son el teléfono (011)155-164-2991 o por mail info@concebir.org.ar.
Chances de un embarazo después de los 40
Fabián Gómez Giglio, especialista a cargo de Endocrinología Ginecológica en Hospital Ramón Carrillo de Bariloche e integrante del Sanatorio San Carlos, aseguró que las chances de lograr un embarazo con óvulos propios no superan el 25% entre los 40 y 42 años. Entre los 43 y 44, apenas alcanza el 5%.
«Con la ovodonación, las posibilidades son altas, los tratamientos tienen 50% de éxito. Antes había una negación total al no tratarse de los óvulos propios; hoy hay mayor aceptación», acotó.
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