«Somos mapuches contemporáneos»: la artesana que devolvió la platería ancestral a las mujeres de su comunidad

"La platería es protección, no solo un ornamento". Verónica Quintupuray desafía un siglo de historia dominado por hombres para resguardar la cosmovisión de su pueblo. Desde el taller hasta las aulas internacionales, su trabajo es un puente entre el territorio, la ciudad y las nuevas generaciones.

Verónica tiene 41 años y es de la comunidad mapuche Lof Quintupuray. Foto: gentileza

Verónica Quintupuray asumió el compromiso de revitalizar la cultura del pueblo mapuche. Algunos lo hacen a través de las ceremonias, la enseñanza del mapuzungun; en su caso, se apasionó por la platería seis años atrás.

«Soy la primera en mi comunidad que, después de 100 años, ha recuperado este oficio ancestral que siempre estuvo a cargo de hombres principalmente. Se trata, de alguna forma, fortalecer el rol que la mujer ocupa en las comunidades para resguardar y transmitir el conocimiento», indicó esta mujer de 41 años que nació y se crió en Bariloche. Su comunidad está en el Lago Correntoso, a 20 minutos de Villa La Angostura.

«Inarümen rütxan» es el nombre de su emprendimiento de orfebrería que, en lengua mapuche, significa «la acción de observar para crear conocimiento» y «forjar y trabajar el metal». «Cada pieza muestra una filosofía y conceptos de nuestra cosmovisión, como la relación con la naturaleza. Para nuestra cultura, la platería es protección; no solo un ornamento», describió.

«Inarümen rütxan» es el nombre del emprendimiento de orfebrería que, en lengua mapuche, significa «la acción de observar para crear conocimiento» y «forjar y trabajar el metal». Foto: Alfredo Leiva

Su camino fue todo un aprendizaje: «tuve que aprender la técnica y comprar herramientas. Pero, a la vez, me preguntaba qué estaba haciendo. Así, me vinculé, viajé, investigué sobre la filosofía de nuestro pueblo y el concepto que tenía cada pieza«. En este proceso, destacó la generosidad de muchas personas -mapuches y no mapuches- que le transmitieron sus conocimientos.

Verónica optó por combinar técnicas ancestrales y contemporáneas «para llegar a las nuevas generaciones». «Intento tener piezas para llegar a todo tipo de público: trabajo plata 925, alpaca, bronce y cobre. Aprendí telar mapuche y sumo mostacillas, piedras y monedas antiguas», acotó.

Verónica tiene 41 años y es de la comunidad mapuche Lof Quintupuray. Foto: gentileza

Conoció a varios plateros mapuches, en Chile se contactó con Juan Antonio Painecura y en Bariloche, intercambió conocimientos con Gloria Benavídez, una joyera reconocida. «Cuando empecé a ver esto como una forma de vida, una economía sustentable, tenía que ponerle valor al arte. En el taller, uno recrea piezas, pero luego, está la parte de la venta que a mi me faltaba», señaló.

Más allá de la adquisición de herramientas, se inscribió en diversos talleres, vinculados al uso de las redes sociales, al uso de inteligencia artificial e incluso, al programa del Banco Patagonia en el que fue seleccionada entre los mejores 30 emprendimientos a nivel provincial.

Verónica tiene 41 años y es de la comunidad mapuche Lof Quintupuray. Foto: gentileza

«Hago piezas estrictamente para ceremonias, con un valor espiritual. Son trabajos personalizados que me piden las lamngen. A través de una charla, conozco a la persona, entiendo en qué momento de su vida lo va a usar y consulto sobre su territorio. Soy consciente de que esa persona está buscando protección. Todo eso marca una diferencia con la joya que se hace para el resto«, definió Verónica que, además de piezas ceremoniales, elabora aros, anillos, collares. El tiempo de diseño varía, pero advirtió que «un mundo tan globalizado en el que todo se hace a mansalva, yo propongo piezas únicas«.

A través de sus piezas, intenta llegar a mapuches que se autorreconocen como tales, a quienes podrían reencontrarse con su identidad como así también a los no mapuches. «Aspiro a llegar a las nuevas generaciones para que puedan llevar su identidad con orgullo. Estamos en una ciudad intercultural y para poder fomentarla, tengo que llegar a otro público. A turistas, por ejemplo, que quieran llevarse de regalo una pieza con historia que forma parte de la identidad regional», expresó.

Alejandra vive en Bariloche, junto a su familia (tiene dos hijos), donde expone sus piezas en el Puerto San Carlos, en la Casa de Los Artesanos y en la comunidad mapuche Lof Quintupuray, en la margen norte del lago Correntoso, en el camino de Siete Lagos. Por eso, constantemente se traslada al campo y ella misma se considera «un puente entre territorio y ciudad».

Verónica tiene 41 años y es de la comunidad mapuche Lof Quintupuray. Foto: gentileza

Integra varios colectivos de mujeres. En Neuquén, trabaja en la prevención de la violencia contra mujeres y niñeces en las comunidades -y por fuera de ellas-; en Bariloche, forma parte de Kultruneras, un colectivo de restitución sonora. «Recuperamos nuestra cultura, a través del canto y la música. Muchas de mis compañeras viven en ciudad y para que ellas puedan portar su identidad, hago piezas cómodas para el día a día y para lucir en cualquier contexto», recalcó.

Fue seleccionada entre 270 mujeres artesanas iberoamericanas para realizar un curso de artesanía digital en la Universidad de Colombia e integra el Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas, una red que articula a organizaciones de mujeres y pueblos indígenas en 23 países del continente.

«La platería no es solo un oficio ancestral sino una forma de aportar en el proceso de revitalización cultural que vive mi comunidad y demostrar que estamos vivos. Estamos acá y reafirmamos que somos mapuches contemporáneos«, finalizó Verónica.


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