Algunos países vuelven al libro impreso en las aulas y dejan atrás el mundo digital: Río Negro descarta la dicotomía
En 2009, Suecia reemplazaba los libros impresos por herramientas digitales en el aula. Años después, vuelve atrás. Qué opinan los especialistas de Río Negro.
Allá por 2009, Suecia implementaba cambios en su sistema educativo al reemplazar los libros impresos por herramientas digitales en el aula. Años después, el país dio marcha atrás y optó por reintroducir los libros físicos.
Soledad Vercellino, doctora en Ciencias de la Educación y licenciada en Psicopedagogía, puso como ejemplo algunas iniciativas legislativas en provincias de Argentina vinculadas a prohibir o regular el uso del teléfono celular en las escuelas.
“Son políticas reduccionistas con una lectura simplista de: ¿prohibimos o permitimos? Como si eso resolviera algo. En los países más avanzados, la discusión va por otro lado. La pregunta es qué tipo de ciudadanos hay que formar, qué nuevas capacidades o habilidades debe tener el ciudadano que habita el mundo digital”, consideró Vercellino, profesora en la Universidad Nacional de Río Negro en Viedma.
La especialista opinó que la escuela “siempre estableció un cierto micromundo con una lógica propia que suspende, a su vez, las lógicas del mundo exterior. De ahí que proponer un uso escolar de la tecnología -o exigir el uso de libros físicos- no escapa a esas lógicas”. “La escuela propone contenido y la forma de vincularnos con esos conocimientos poco tiene que ver con el mundo exterior. Esa es la tensión: ¿qué experiencias podemos proponerle a nuestros chicos?”, se planteó.
Puso como ejemplo algunos chicos a quienes les encanta leer literatura o material de internet aunque “no logran engancharse con la escuela. Escriben mucho en Instagram o WhatsApp, pero esto no tiene que ver con la forma de escribir que propone el colegio.
Insistió en que le toca a la escuela ser el espacio para pensar y problematizar el vínculo con la tecnología y para formar “ciudadanos críticos” que conozcan las consecuencias del mundo digital, “desde la dependencia cognitiva, los costos ambientales, económicos y sociales que conlleva su uso, la sobreranía de datos, cuestiones éticas”. “Esos son los nuevos desafíos que afronta el sistema educativo: formar un ciudadano alfabetizado en ese sentido, no solo siendo un usuario eficiente de la tecnología, sino dar herramientas para abrir esa caja negra, comprenderla como producto histórico, advertir su impacto social pero también subjetivo”, dijo.
Tomar distancia de la dicotomía
José Giménez, magister en Enseñanza en Escenarios Digitales, aclaró que Suecia no revirtió aquella decisión en 2009 de centrarse en las herramientas digitales sino que más bien «revisa esa política educativa».
«Siempre miramos a Europa y nuestro foco debe estar en lo territorial. A veces, mirar afuera te hace generar aspiraciones que no son propias de nuestro contexto», reflexionó este profesor del Instituto de Formación Docente Continua de Bariloche. Reconoció que «la presencia de tecnologías se ha masificado. Niños, adolescentes, jóvenes y adultos están inmersos en las pantallas y esto requiere una mirada crítica por parte de la sociedad y educación».
El eje, según los especialistas, está en el rol del docente. «Uno habla de incluir dispositivos tecnológicos de las aulas o quitarlos, pero ¿las consignas en las aulas han cambiado o siguen siendo las mismas?”, se preguntó Dante Bridier, licenciado en Tecnologías Digitales para la Educación, también del Instituto de Formación Docente Continua de Bariloche.
En este sentido, los especialistas insistieron en que “la revisión que se requiere no tiene que ver solamente con las tecnologías sino con las prácticas de enseñanza. Las consignas deben ser revisadas ya sean con tecnología digital o de papel”. “Hay una falsa tirantez: puedo trabajar con libros, pero si no reviso mis prácticas educativas, no garantizo calidad educativa. Lo mismo si trabajo con tecnologías digitales, pero aplico consignas de hace dos siglos”, acotó Giménez.
Los profesores pusieron como ejemplo un laboratorio de física: tiempo atrás, se leía la teoría del funcionamiento de ciertos procesos, pero “si teniendo las tecnologías, vamos a leer un documento en PDF que reemplaza el papel, es lo mismo». «Resulta distinto si usamos un laboratorio en el que los chicos puedan ver en vivo y en directo (esos labotarorios de simulación que nos permiten las Tecnologías de la información y las comunicaciones). Según la consigna, los procesos cognitivos son distintos cuando nos acercamos al papel o a una computadora”, opinó Bridier.
Tecnofobia vs. Tecnofilia
Hernán Silvosa, licenciado en Enseñanza de Artes Audiovisuales, propuso trascender la dicotomía entre la tecnofobia y tecnofilia. “Las discusiones se van actualizando y no se trata de la vuelta a un supuesto mundo ideal con el libro impreso. Hoy, no todos los chicos están hiperconectados, entonces no podemos importar de forma acrítica un discurso que no garantice la inclusión digital”, sugirió Silvosa, al tiempo que aclaró que “eso puede justificar la desinversión del estado en las escuelas”.
Giménez recordó que vivimos en un “mundo híbrido” en el que se pueden generar encuentros en espacios virtuales, por whatsapp, en un café o en el patio de la escuela. “Esa doble realidad genera fenómenos que, a veces, perturban y, otras brindan posibilidades”, comentó.
Ejemplificó que un grupo de WhatsApp entre jóvenes y adultos puede facilitar un encuentro pedagógico: “Hay profesores que piensan que esto distrae, obtura. Pero somos tan diversos como sociedad que la tecnología le da la palabra a quienes nunca la tuvieron. Hay personas tímidas, retraídas que, tecnología mediante, se hacen visibles. A su vez, permite a quienes son portadores de la voz, encontrar canales donde medir su participación para darle lugar a otro”.
Respecto a las situaciones de violencia en internet, el cyberbullying y los cyberdelitos, como el grooming, Silvosa admitió que “en internet, al igual que en la calle, hay claroscuros”. “No por eso vamos a restringir el salir afuera. Se trata de acompañar. Hoy hay terrenos digitales donde los adolescentes socializan, aprenden, expresan habilidades que cara a cara no lo hacen. No es blanco o negro”, planteó el docente.
La tecnología facilita situaciones como el grooming o los cyberdelitos. Son prácticas que se trasladan a lo digital. Pero si la institución educativa no aborda estos temas sobre el cuidado y el respeto, ¿qué nos queda?”,
Dante Bridier, licenciado en Tecnologías Digitales para la Educación.
Poner el foco en los desafíos
Giménez lamentó que hoy, la sociedad atraviesa un momento de tensión entre quienes proponen prohibir la tecnología al considerar que “es culpable de todo” y los optimistas tecnológicos que ponen el foco en los desafíos.
“Esa dicotomía no favorece que discutamos qué hacen los jóvenes con las tecnologías. Hay que asumir el rol de adultos responsables: las familias, por ejemplo, ¿qué hacen con las tecnologías: ponen límites o lo usan como chupete electrónico?”, señaló.
Indicó que muchos docentes ven la tecnología “como enemigo en lugar de ver posibles desafíos y oportunidades”. “Tan centrados están en esa discusión dicotómica que no ven las posibilidades. Puede haber un momento en el que se usen las tecnologías; otro en el que se requerirá la presencia del cuerpo, incluso para disfrutar y potenciar el encuentro con otros”, dijo.
Comentarios
Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.
Gracias y disculpas por las molestias.
Comentar