Tres investigadores que muestran hasta dónde puede llegar la química argentina recibieron el premio Bunge y Born

Omar Azzaroni recibió el Premio Mayor de este año. Daiana Capdevila y Marcos Tascon fueron distinguidos con los Premios Estímulo. Sus trabajos van desde un dispositivo para detectar enfermedades renales y biosensores para contaminantes hasta métodos para conservar fotografías históricas y estudiar pinturas rupestres.

Por Rosana Rins

Tres científicos premiados salidos de la universidad pú blica. FOTO: Gentileza.

Tres científicos premiados salidos de la universidad pú blica. FOTO: Gentileza.

La química puede estar detrás de un diagnóstico médico, de un sensor capaz de detectar contaminación en el agua o de una técnica que permite conocer la historia de una pintura rupestre sin dañarla. Esa amplitud quedó expuesta durante la entrega de los Premios Fundación Bunge y Born 2026, que este año reconocieron investigaciones argentinas en química.

El Premio Fundación Bunge y Born fue para el doctor Omar Azzaroni, mientras que los Premios Estímulo distinguieron a los doctores Daiana Capdevila y Marcos Tascon. Los tres investigadores fueron reconocidos por sus aportes científicos, la formación de nuevos recursos humanos y la construcción de conocimiento con aplicaciones que atraviesan la salud, el ambiente, la tecnología y la conservación del patrimonio.

La ceremonia se realizó en la Sala Argentina del Palacio Libertad, en la Ciudad de Buenos Aires, con la presencia de autoridades, representantes de universidades e instituciones científicas y referentes del ámbito académico.

Durante el acto, el presidente de la Fundación Bunge y Born, Jorge Born, destacó que la ciencia «mejora la vida de la gente, protege la naturaleza y nos impulsa hacia un desarrollo más justo y más sostenible». También planteó la necesidad de sostener la investigación científica básica más allá de las urgencias del presente y reclamó continuidad y previsibilidad para el sistema científico.

Un dispositivo argentino para detectar enfermedades renales

La investigación de Omar Azzaroni tiene uno de sus desarrollos más concretos en un área donde todavía existen dificultades para acceder a diagnósticos sencillos y económicos: las enfermedades renales crónicas.

El científico advirtió junto a su equipo que, mientras patologías como la hipertensión, la diabetes o la obesidad cuentan desde hace años con sistemas de medición accesibles, la enfermedad renal crónica presenta mayores dificultades para su detección y seguimiento.

A partir de un convenio de investigación y desarrollo entre el CONICET, la Universidad Nacional de La Plata y una empresa de base tecnológica, desarrollaron un dispositivo destinado a detectar y medir biomarcadores renales.

El instrumento fue diseñado y construido en Argentina y ya atravesó exitosamente la etapa de validación clínica en el Hospital San Martín de La Plata. Ahora comienza el proceso de aprobación regulatoria.

El objetivo es que pueda convertirse en una herramienta portátil, accesible y de operación sencilla para centros de baja complejidad. En términos concretos, permitiría acercar el diagnóstico y el seguimiento de pacientes con problemas renales a lugares donde hoy resulta necesario trasladarse hacia centros de mayor complejidad.

Azzaroni es doctor en Química por la Universidad Nacional de La Plata, investigador Superior del CONICET y profesor titular de la Facultad de Ciencias Exactas de esa universidad. Se especializó en ciencia de polímeros, química de superficies, materia blanda y nanotecnología, y realizó formación posdoctoral en la Universidad de Cambridge y en el Instituto Max Planck de Polímeros.

Al recibir el premio, puso el acento en la dimensión colectiva de la ciencia y en el papel de las instituciones públicas que hicieron posible su formación y su regreso al país.

«Cuando un país apuesta verdaderamente por el conocimiento no solamente produce ciencia, construye capacidades, forma personas, genera tecnología, crea oportunidades y sobre todo amplía su soberanía para decidir qué futuro quiere construir», sostuvo.

Leer el mundo microscópico de las bacterias

La doctora Daiana Capdevila, una de las dos investigadoras que recibió el Premio Estímulo, trabaja en un territorio mucho más pequeño pero con consecuencias enormes: el interior de las células bacterianas.

Su investigación busca comprender cómo evolucionan las proteínas encargadas de medir la disponibilidad de metales y compuestos que contienen azufre dentro de las bacterias.

Ese conocimiento básico abre puertas a aplicaciones concretas. Su grupo desarrolla, entre otros proyectos, biosensores capaces de detectar determinadas moléculas, con potencial para ser utilizados en el diagnóstico de enfermedades infecciosas y en el estudio de procesos vinculados con las bacterias que habitan el intestino.

La química del azufre también puede ser relevante para buscar estrategias frente a bacterias resistentes a los antibióticos o para favorecer aquellas comunidades bacterianas que cumplen funciones beneficiosas para la salud.

Pero el trabajo del equipo no queda limitado al laboratorio biomédico. Los biosensores también pueden utilizarse para analizar contaminación ambiental, entre ella la presencia de metales como plomo y arsénico.

Uno de los proyectos se desarrolló junto con ACUMAR en la cuenca Matanza-Riachuelo y estuvo orientado a la detección de plomo.

El arsénico plantea además un desafío particularmente relevante para Argentina. Existen regiones del país donde este elemento se encuentra naturalmente en concentraciones elevadas en suelos y fuentes de agua, y el equipo de Capdevila trabaja en soluciones adaptadas a las características locales.

Doctora en Ciencias Químicas por la Universidad de Buenos Aires, Capdevila es investigadora Independiente del CONICET, jefa del Laboratorio de Fisicoquímica de Enfermedades Infecciosas de la Fundación Instituto Leloir y profesora adjunta de la Universidad Nacional de San Martín.

En 2019 obtuvo un concurso para dirigir un nuevo laboratorio en el Instituto Leloir y un subsidio internacional de repatriación que permitió incorporar equipamiento de última tecnología.

Al recibir la distinción, destacó el valor de que un premio científico reconozca especialmente a investigadores jóvenes y señaló que ese reconocimiento constituye un incentivo en un momento difícil para la comunidad científica.

Cuando la química ayuda a conservar la historia

El tercer premiado, Marcos Tascon, lleva la química hacia objetos que también cuentan historias: fotografías, pinturas, obras de arte y pinturas rupestres.

Su especialidad se encuentra en la química analítica, las ciencias de la separación y la espectrometría de masas. A partir de esas herramientas desarrolla metodologías e instrumentos capaces de analizar muestras complejas con mínima o nula invasividad.

Uno de sus trabajos se relaciona con la conservación del patrimonio cultural. Su equipo desarrolló métodos para analizar el estado de degradación de fotografías históricas a partir de los compuestos volátiles que desprenden los materiales.

En lugar de tomar una muestra o intervenir directamente sobre una fotografía, el análisis de su «olor» permite obtener información sobre su estado de conservación y sobre las condiciones ambientales que pueden acelerar su deterioro.

También desarrollaron herramientas para monitorear contaminantes ambientales y evaluar el funcionamiento de barreras naturales, como árboles, frente a la contaminación del aire. Estos métodos fueron utilizados en instituciones culturales argentinas, entre ellas el Museo Histórico Nacional y el Museo Nacional de Bellas Artes.

Pero quizás uno de los trabajos que mejor muestra el alcance de estas técnicas se encuentra miles de años atrás.

Mediante el análisis de micromuestras, Tascon participó de investigaciones interdisciplinarias que permitieron establecer cronologías para pinturas rupestres de Inca Cueva, en Jujuy. Los estudios permitieron diferenciar pinturas realizadas en períodos que abarcan aproximadamente desde los 1.700 hasta los 10.000 años antes del presente.

En este caso, la química se convierte en una herramienta para leer una parte de la historia humana que quedó registrada sobre una pared de piedra.

Tascon es doctor en Ciencias Químicas por la Universidad Nacional de La Plata, investigador Adjunto del CONICET y profesor adjunto de la Universidad Nacional de San Martín. También realizó formación posdoctoral en la Universidad de Waterloo, en Canadá, especializada en tecnologías de microextracción.

Una tradición de más de seis décadas

Los Premios Fundación Bunge y Born se entregan de manera ininterrumpida desde 1964 y reconocen cada año a científicos argentinos por sus trayectorias y aportes en distintas disciplinas.

El Premio Estímulo se entrega desde 2001 y está destinado a investigadores jóvenes destacados.

A lo largo de su historia, la distinción principal alcanzó a científicos de áreas muy diversas. Entre ellos se encuentra Luis Federico Leloir, Premio Nobel argentino, reconocido por la Fundación en 1965.

También fueron distinguidos investigadores como Gabriel Rabinovich, María Beatriz Aguirre-Urreta, Carlos Balseiro, Víctor Yohai, Sandra Díaz, Jorge Medina, Diego de Mendoza, Galo Soler Illia, Raquel Chan, Alberto Piola y Alberto Kornblihtt.

Los tres reconocimientos de 2026 vuelven a poner en escena una característica particular de la investigación científica: una misma disciplina puede recorrer caminos muy diferentes. En manos de estos investigadores, la química sirve para buscar un diagnóstico médico, comprender el comportamiento de las bacterias, detectar contaminantes o acercarse a una historia pintada sobre una roca hace miles de años.

Y, en todos los casos, el conocimiento producido en un laboratorio termina mirando hacia afuera: hacia la salud, el ambiente, la tecnología y la posibilidad de preservar aquello que una sociedad considera parte de su memoria.


La química puede estar detrás de un diagnóstico médico, de un sensor capaz de detectar contaminación en el agua o de una técnica que permite conocer la historia de una pintura rupestre sin dañarla. Esa amplitud quedó expuesta durante la entrega de los Premios Fundación Bunge y Born 2026, que este año reconocieron investigaciones argentinas en química.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios