Un científico repatriado: estudió El Niño en Estados Unidos y regresó a Argentina para aplicar su conocimiento

Luego de investigar sobre El Niño, La Niña y sequías persistentes por más de 20 años, Pedro DiNezio regresó a Buenos Aires. El ingeniero, meteorólogo y oceanógrafo busca acercar la ciencia a la sociedad.

Pedro DiNezio, meteorólogo y oceanógrafo formado en Estados Unidos. (Foto: Gentileza).

Pedro DiNezio nació en Tres Arros, provincia de Buenos Aires. Primero se recibió de ingeniero mecánico y luego se formó como meteorólogo y oceanógrafo en las universidades más prestigiosas de Estados Unidos. Investigó fenómenos como El Niño, La Niña y las sequías persistentes . Con cada descubrimiento, algo lo traía a la Argentina, al campo, a sus raíces. Después de más de 20 años, decidió volver para aplicar todo lo que sabe, ahora en su país.


Regresaba a su casa en el subte luego de una reunión para visualizar nuevos proyectos. Se preparó unos mates y atendió a DIARIO RÍO NEGRO desde su estudio para conversar sobre su carrera internacional. Sin embargo, la conversación derivó en lo más simple de la experiencia humana: “Cuando llegás a cierta edad te das cuenta de que el tiempo hay que usarlo para estar con los afectos. Sentí que ya había logrado un montón de cosas en el exterior, me tiré a la pileta y volví”.


Puede que aquella reflexión refleje parte de su esencia. Pedro DiNezio tiene tatuado un tractor, una marca de su origen, un recordatorio de los veranos en Tres Arroyos trabajando el campo con su padre, mucho antes de que su nombre apareciera en las revistas científicas más relevantes del mundo como Nature.


Siempre se consideró una persona pragmática. Desde muy chico pasaba las vacaciones de invierno practicando matemáticas. Tal vez no era del todo consciente, pero sabía que le serviría para su futuro . Y así fue. Se recibió de ingeniero mecánico en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) con el mejor promedio de su promoción.

De un sótano de Buenos Aires a Estados Unidos



El país vivía la crisis de 2001. De forma instintiva, Pedro comenzó a trabajar como “lo que hoy se conoce como programador” en un sótano. Aquella experiencia lo dotó de una habilidad crucial: el dominio de la computación y el modelado.


Su mirada ya apuntaba más allá de las fronteras. Emigró a Estados Unidos siguiendo una oportunidad en una empresa de software en Miami. Sin embargo, el destino lo acercó a un grupo de oceanógrafos argentinos que lo “adoptaron”. Dejó el mundo del software comercial para comenzar desde cero como técnico en un laboratorio de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA por sus siglas en inglés).


La inmensidad del Océano Atlántico se convirtió en su casa . Su tarea consistía en cruzarlo en barcos de carga, midiendo corrientes y temperaturas para una investigación clave sobre el clima global. Esos viajes de hasta catorce días, alejados de todo, fueron su despertar científico.


Se inscribió en la Universidad de Miami para cursar su doctorado en meteorología y oceanografía. Su directora de tesis fue la reconocida Amy Clement, alumna de Mark Cane, un pionero en el estudio de “El Niño”. En esa época, la “ciencia del clima” empezaba a consolidarse como una disciplina propia, al integrar las interacciones entre océano y atmósfera.

DiNezio se convirtió en un experto en «El Niño». (Gentileza).


DiNezio se posicionó en la vanguardia de este campo, utilizando modelos computacionales para desentrañar los secretos del Pacífico. Según explicó, el fenómeno de “El Niño”, un calentamiento anómalo en este océano, tiene la capacidad de modificar los patrones atmosféricos a escala global. Esas “teleconexiones” –conexiones a distancia– impactan directamente en regiones remotas como la Pampa Húmeda argentina, trayendo consigo mayores lluvias.


Pedro tenía una visión clara: “Si tengo que volver a Argentina voy a ser experto en El Niño”. Sabía de primera mano el impacto del fenómeno en su país. “Como crecí en el campo, me acordaba de los ‘Niños’, especialmente del año ‘82, ‘83 en los que llovió mucho y mi papá estaba contento”, recordó.


Su camino lo llevó a Hawái para realizar su posdoctorado. Allí se unió a un equipo y profundizó en “La Niña” y en el estudio de las sequías persistentes, que ya comenzaban a preocupar a nivel global. Observó cómo las sequías de más de un año se hacían recurrentes y sus trabajos sentaron las bases para comprenderlas.


Más tarde, la Universidad de Texas lo reclutó para un nuevo desafío: la paleoclimatología.
Durante cinco años, exploró los climas del pasado geológico. Su objetivo era ambicioso: usar esos datos ancestrales para crear mejores predicciones del futuro. Contó que se convirtió en uno de los primeros científicos en conectar el pasado con el futuro climático, un logro que consolidó su reputación.


Su trayectoria culminó en Boulder, Colorado, la “capital mundial de los modelos climáticos”. Allí continuó su trayectoria académica publicando en revistas de alto impacto como Science y Nature, liderando programas de investigación y formando a más de 30 jóvenes científicos.

Volver a la Argentina para poner la ciencia al servicio de la sociedad



Más allá de los laboratorios y las supercomputadoras, DiNezio siempre cultivó un espíritu aventurero. Se embarcó en desafíos como escalar el Aconcagua y el emblemático volcán Lanín. Sus vínculos con la Patagonia son de larga data: desde niño visitaba a sus primos en Cipolletti y, por supuesto, se sumergió en el agua del Limay, el río cristalino del Alto Valle. Le gusta conectar con la “tierra misma”, con los ecosistemas y las personas. Confesó que “la ciencia ha sido una excusa para conocer el mundo y conocer gente”.

Pedro DiNezio subió a la cumbre del volcán Lanín. (Foto: Gentileza).


Tras más de 20 años dedicado a la ciencia de élite en Estados Unidos, Pedro sintió la necesidad de un nuevo propósito. Decidió volver a la Argentina motivado por el deseo de estar cerca de sus afectos, aunque también tuvo un componente profesional: el anhelo de aplicar todo su conocimiento acumulado en su propio país.


Hoy, desde Buenos Aires, lidera programas, forma a nuevas generaciones y busca conectar la ciencia con las necesidades de la sociedad, entre el Estado y el sector privado. Su experiencia, desde las lluvias del Pacífico hasta la escasez hídrica de Mendoza, se convirtió en una herramienta para comprender y afrontar los desafíos climáticos que ya son una realidad en Argentina.


“¿Qué te pareció lo más importante de todo lo que hablamos, lo que más te copó?”, preguntó DiNezio al final de la entrevista. “Que está todo conectado, compaginado, que estando en Estados Unidos, estudiando un fenómeno, siempre lo enlazabas con tu región”, respondió esta periodista.


Y puede que esa sea, en efecto, la reflexión final de su vida y su carrera. “Estamos todos conectados por el planeta, por la atmósfera, por los océanos y lo que pasa en un lugar afecta a otro. Es un fluir”, remarcó Pedro. Es un recordatorio de que, más allá de los títulos, lo verdaderamente importante es buscar la conexión humana.

De ingeniero mecánico a meteorólogo y oceanógrafo: un repaso por su carrera


Pedro DiNezio tiene 48 años y es oriundo de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. Su trayectoria comenzó en Argentina, donde se graduó como ingeniero mecánico con el mejor promedio de su promoción en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) entre 1996 y 2000. Tras una etapa inicial como programador, emigró a Estados Unidos para continuar su formación y carrera profesional.


Allí obtuvo su doctorado en Filosofía en Meteorología y Oceanografía Física por la Universidad de Miami (2005-2010), bajo la dirección de la profesora Amy Clement, con una tesis fundamental sobre los mecanismos del cambio climático en el Pacífico tropical.


A lo largo de más de dos décadas en diversas instituciones de élite como la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA), la Universidad de Hawái, la Universidad de Texas y la Universidad de Colorado, se estableció como un pionero en el uso de modelos numéricos globales para la predicción de fenómenos como El Niño, La Niña y las sequías persistentes.


Su labor incluyó la publicación de más de 60 artículos en revistas prestigiosas como Science y Nature, la gestión de programas de investigación y el liderazgo en la formación de más de 30 jóvenes científicos.
Luego de una destacada carrera internacional, el Dr. DiNezio tomó la decisión de regresar a la Argentina para volcar toda su experiencia y conocimiento dentro de su país.


Actualmente, ejerce como Profesor de Investigación y se dedica a liderar programas, formar a nuevas generaciones de científicos y vincular la ciencia con las necesidades sociales y productivas. Sostuvo que el sector privado y el Estado pueden trabajar en conjunto.


Un punto adicional en su regreso fue el anuncio del gobierno de que dirigiría el Servicio Meteorológico Nacional (SMN). Sin embargo, su nombramiento oficial nunca se concretó. Este lunes, a través del Boletín Oficial, se confirmó la designación del militar retirado y excombatiente, Antonio José Mauad. El organismo se encontraba acéfalo desde agosto, cuando el mismo Mauad renunció frente a las críticas y los cuestionamientos sobre su idoneidad.


De todas maneras, DiNezio aseguró que continuará con su compromiso de contribuir a la mejora del SMN y del sistema científico.


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