Una caravana solidaria de rodanteras y motoqueros rumbo al corazón de la Patagonia en llamas

A dos días de la partida, rodanteras, motoqueros y vecinos del Alto Valle organizan una caravana solidaria rumbo a la comarca andina, arrasada por los incendios y piden más ruedas para llevar lo recolectado.

La caravana todavía no salió, pero ya está en marcha: camionetas y motos se preparan para recorrer la Ruta 22 rumbo a la cordillera.

Ver los bosques envueltos de fuego, duele. Por eso, por estos días en el Alto Valle, la solidaridad se organiza. Se arma en silencio, entre cajas que se apilan en un garaje, mensajes que llegan a cualquier hora y camionetas que todavía no arrancaron, pero ya están cargadas de sentido.Faltan un par de días para la salida y, sin embargo, la caravana ya está en movimiento. No sobre la ruta, sino en el pulso de quienes decidieron ir hacia el corazón de una Patagonia que arde.

Son rodanteras y motoqueros. Gente que conoce esos caminos de memoria, que volvió una y otra vez a la cordillera en busca de viento, silencio y naturaleza. Los mismos paisajes que hoy ven en las noticias, atravesados por el fuego y les parten el corazón, porque la postal que tantas veces disfrutaron se volvió ceniza, humo, urgencia, y ahí apareció la necesidad de hacer algo más que mirar.

La iniciativa nació así, de una imagen y de una pregunta simple ¿Cómo ayudar? A partir de ese impulso, se activó una red que creció rápido. «Me puse en contacto con Mujeres Rodantes Argentinas, que reúne gente de todo el país, y con motoviajeros de acá, de Allen. Les propuse lanzar una colecta solidaria y avanzar así empezó todo», cuenta Sandra Kopprio, una rodantera de Alto Valle, y suma que no hay estructuras, hay organización, compromiso y una certeza compartida de que la ayuda tiene que llegar.

En estos días previos, Allen funciona como punto de encuentro. Llegan donaciones desde distintas localidades del Alto Valle y Neuquén: botellones de agua, ropa, borcegos, herramientas, elementos de botiquín. Por otra parte, se abrió una cuenta en el grupo de las Mujeres Rodantes Argentinas, y con ese dinero compraron una motobomba, una motosierra, cabos de pala, cabos de hacha, guantes y herramientas. Todo se clasifica con cuidado. Hay cajas para niños, para mujeres, para hombres, para trabajo. Nada se deja al azar.

«La respuesta superó todas las expectativas. El problema ahora es que tenemos más donaciones que vehículos para transportarlas. Mucha gente que se había anotado para viajar avisó a último momento que no podía ir, y necesitamos más movilidad para llevar todo lo recolectado», dice Sandra y suma que si algún transporte, o camión pudiera dar una mano, sería ideal. Cualquier movilidad suma. Cualquier persona que quiera acompañar, también.

La red se armó de manera espontánea entre Mujeres Rodantes Argentinas, motoviajeros y vecinos que se sumaron a colaborar.

El 7 de febrero, a las ocho de la mañana, la caravana tiene previsto salir desde el cartel de Allen, frente a la Municipalidad. Por estos días, hay mucho trabajo en cargar, ajustar, acomodar lo que todavía llega a último momento.

La caravana avanzará por la Ruta 22 y se irá completando en el camino. Desde Neuquén, Cinco Saltos y Cipolletti se suman más participantes. En Picún Leufú y Piedra del Águila, motoqueros se incorporarán al recorrido. Algunos no llevan carga, pero llevan tiempo, cuerpo y disposición. Allá, donde el fuego dejó marcas profundas, el trabajo no se limita a repartir donaciones: habrá que descargar, ordenar, cocinar, asistir, acompañar. La ayuda no se entrega a distancia, se entrega en mano.

«Hay mucha gente autoconvocada que está ayudando en los incendios sin la indumentaria adecuada: sin borcegos, sin ropa, apagando fuego con alpargatas. Por eso surgió esta movida, para ayudar a quienes ponen el cuerpo, el tiempo y la vida de manera desinteresada».

Viajeros habituales de la Patagonia cambian esta vez el plan turístico por la ayuda directa, llevando lo reunido al corazón de la comarca andina.

El Bolsón será la base operativa


Allí, otro grupo de mujeres compraron garrafas y ya se las llevaron a los que necesitan. Una señora llamada Mari les ofreció a los que llegan su casa octogonal, una motoposada. Los que van en motorhome dormirán ahí, y quienes no, pueden llevar carpa. La idea es llegar hasta Cholila, que es la zona más afectada. «Hay gente que perdió todo y no quiere irse de su lugar, asi que hay que llegar con la ayuda hasta donde ellos están, y después ofrecer nuestras manos para lo que haya que hacer».

Motorhomes y carpas convivirán como tantas veces en viajes de placer, aunque esta vez el motivo sea otro. «Y es importante aclararlo, esto no es solo de rodanteros, ni de Mujeres Rodantes Argentinas, ni de motoqueros. Esto es del pueblo solidario», dice la rodantera.

Entre cajas, banderas que aparecen como regalo inesperado y pequeños gestos que sostienen el ánimo, la caravana crece de a poco, y pide ayuda para llevar más cosas. Los mueve la convicción de que la Patagonia no es solo un destino turístico, es un territorio amado, un lugar al que se vuelve, y cuando duele, se responde.

El Bolsón será la base para distribuir las donaciones en distintas localidades, incluso en las más afectadas por el fuego.

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