Villas agroecológicas: una segunda oportunidad para las chacras en el Alto Valle

En medio de la expansión urbana, crecen experiencias que combinan producción, vivienda y cuidado ambiental. Especialistas destacan estos modelos para recuperar tierras productivas y reducir riesgos de incendios.

Por Elena Egea

Una propuesta para recuperar chacras abandonadas en el Alto Valle. (Flor Salto).

Una propuesta para recuperar chacras abandonadas en el Alto Valle. (Flor Salto).

Según investigaciones realizadas entre 2021 y 2023 por el Laboratorio de Ecología de Bordes de la Universidad de Flores (UFLO), el 50% de las tierras bajo riego en el Alto Valle de Río Negro se encuentran abandonadas o en vías de abandono. El investigador y director de la Licenciatura en Ciencias Ambientales, Luciano Boyero, aseguró que esta situación «genera un pasivo ambiental muy grande e incrementa el riesgo de incendios». Señaló que la villa agroecológica aparece como una alternativa que ya se implementa en Allen y Contralmirante Cordero.

El modelo propone un uso mixto del suelo que integra la función residencial con la actividad agrícola en una misma unidad territorial. “La villa agroecológica surge como una alternativa intermedia entre un uso meramente productivo y el otro extremo de un uso meramente residencial”, explicó Boyero.

De acuerdo a los datos, registraron una superficie de entre 20.000 y 25.000 hectáreas ociosas. El investigador advirtió que la ausencia de manejo en estos predios deriva en la proliferación de especies invasoras como el olivillo y el incremento de material combustible.

Villas agroecológicas en Contralmirante Cordero y Allen


La implementación de este modelo en el territorio comenzó con el municipio de Contralmirante Cordero. El equipo de la UFLO presentó la propuesta ante el Concejo Deliberante y en talleres participativos con la comunidad. Como resultado, la villa agroecológica se incorporó a una ordenanza municipal que reglamenta estas unidades. La normativa establece que una fracción de la chacra puede destinarse a viviendas mientras el resto mantiene su destino de producción agroecológica obligatoria.

En estas localidades, los proyectos presentados por propietarios privados deben cumplir con parámetros técnicos específicos. Según explicó el investigador, el proceso en Cordero incluye la intervención del Consejo Asesor Municipal Agroecológico, una mesa integrada por instituciones que evalúa la viabilidad de cada propuesta. Este mecanismo permite canalizar la demanda habitacional sin perder la superficie productiva ni saturar la infraestructura de servicios públicos existentes.

Durante la etapa inicial del proyecto, el equipo analizó la degradación del suelo y la vegetación en predios sin actividad. El trabajo detalló cómo la falta de mantenimiento convierte a los cuadros frutales en masas forestales densas. El diseño de la villa agroecológica busca frenar ese deterioro mediante la reinversión en el predio y el aprovechamiento de la infraestructura de riego. “El desafío pasa por recuperar la función agrícola productiva y conservar los recursos de infraestructura de riego”, resumió Boyero.

Allen siguió un camino similar al incorporar esta figura en su normativa local. En ambos casos, el modelo funciona como un marco para que los propietarios de tierras ociosas presenten planes de reconversión. El investigador remarcó que, a diferencia de los loteos convencionales, estos desarrollos exigen definir cuántas viviendas se suman y qué parte del predio mantiene el cultivo, asegurando la permanencia de la actividad agraria en el territorio.

Buscan alternativas que combinen vivienda y producción agrícola. (Foto: Florencia Salto).

«Una vuelta de tuerca» al proyecto de villas agroecológicas en el Alto Valle


La segunda etapa de la investigación se centra en la creación de herramientas de control para los municipios. El propósito consiste en diseñar un indicador de sustentabilidad que permita medir si los proyectos cumplen con los objetivos de base. Boyero advirtió que existe una necesidad de evaluar estas propuestas con rigor técnico: “Sentimos que todavía es necesario darle una vueltita más de tuerca a la evaluación de los proyectos”.

El objetivo de esta fase es evitar que desarrollos inmobiliarios tradicionales utilicen la denominación de villa agroecológica sin garantizar la producción real. “Existe un riesgo latente de que se aprueben proyectos que después no son suficientemente robustos”, señaló el especialista. El indicador propuesto funcionará como una métrica para que los consejos asesores municipales califiquen la calidad de cada emprendimiento antes de su aprobación definitiva.

Este sistema de evaluación incluye variables sobre la gestión del agua, el uso de energía y el tratamiento de residuos. De acuerdo con el planteo del equipo, se otorga prioridad a soluciones basadas en la naturaleza para el tratamiento de efluentes en el sitio, en lugar de depender de extensiones de la red de cloacas urbana. Esta metodología busca reducir la carga económica sobre los municipios y mejorar el desempeño ambiental de las nuevas urbanizaciones.

Para el desarrollo de este indicador, el equipo de la UFLO promueve el trabajo conjunto con arquitectos, urbanistas, ingenieros agrónomos y técnicos en suelos. La intención es que cada localidad cuente con una guía clara al momento de pedir cambios en un proyecto. Boyero destacó que esta herramienta facilitará la toma de decisiones técnicas y ofrecerá transparencia a los propietarios interesados en transformar sus chacras bajo este modelo.

El investigador planteó que las villas agroecológicas ofrecen una vía para evitar que la expansión urbana elimine la identidad productiva de la región. El modelo intenta equilibrar la necesidad de vivienda con la preservación del paisaje del valle. De acuerdo con los especialistas, la consolidación de estas experiencias en Cordero y Allen funciona como una muestra de planificación territorial frente al avance del abandono de tierras bajo riego.


Según investigaciones realizadas entre 2021 y 2023 por el Laboratorio de Ecología de Bordes de la Universidad de Flores (UFLO), el 50% de las tierras bajo riego en el Alto Valle de Río Negro se encuentran abandonadas o en vías de abandono. El investigador y director de la Licenciatura en Ciencias Ambientales, Luciano Boyero, aseguró que esta situación "genera un pasivo ambiental muy grande e incrementa el riesgo de incendios". Señaló que la villa agroecológica aparece como una alternativa que ya se implementa en Allen y Contralmirante Cordero.

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