Sueños voluntaristas
Puede que a muchos empresarios les haya encantado la voluntad de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de embestir contra sus contrincantes tradicionales, los sindicalistas, advirtiéndoles que si bien hay derecho a huelga “no hay derecho para el chantaje, ni para la extorsión”, y oponiéndose a la distribución de ganancias que ha propuesto una y otra vez el jefe de la CGT, Hugo Moyano, pero a pocos les habrá gustado la decisión de darle más poder al secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Parecería que en adelante el hombre que se las arregló para hacer del Indec un organismo militante y que se ha acostumbrado a presionar a los empresarios para que no aumenten los precios será el responsable de defender el país contra los “invasores” brasileños que, para indignación del gobierno, quisieran aumentar todavía más un superávit comercial que ya les parece excesivo. Asimismo, se prevé que otros funcionarios, en especial los vinculados con La Cámpora, adoptarán los métodos patentados por Moreno con el propósito de enseñarles a los hombres de negocios a mejorar el desempeño de sus empresas. Como les explicó Cristina, “no puede haber reglas generales para todas las empresas ni para todos los empresarios”, motivo por el que “vamos a ir empresa por empresa, actividad por actividad”, aseveración que suena peligrosamente como una reivindicación de la arbitrariedad discrecional. Lo mismo que su marido, Cristina quiere que el Estado cumpla un rol protagónico en el manejo de la economía y, según parece, está plenamente convencida de que los funcionarios militantes que la rodean poseen dotes administrativas que son muy superiores a las de los empresarios que, dice, ya deberían estar cansados de “ganar dinero”, lo que a su entender es lo único que saben hacer. Tal actitud no es exactamente nueva en nuestro país pero, a juzgar por la experiencia, los esfuerzos de los politizados por obligar a los empresarios a ser más productivos o, si se prefiere, competitivos raramente brindan los resultados previstos. Por el contrario, la necesidad de complacer a personajes como Moreno o correr el riesgo de enojarlos suele tener un efecto asfixiante que pronto se hace sentir en todos los ámbitos. Asimismo, al darse cuenta los empresarios de que su destino no depende de su eficiencia, es decir, de su capacidad para producir bienes o servicios de calidad a precios accesibles sino de su relación personal con el poder político, se expandirá inexorablemente el sector cortesano de la economía a costa de los demás. A partir de la llegada de los Kirchner a la Casa Rosada, el “capitalismo de los amigos” –una modalidad que es de suponer Cristina calificaría de “capitalismo serio”– ha disfrutado de un boom memorable. Si en los años próximos el país deja de crecer a “tasas chinas”, los privilegiados por los favores gubernamentales reclamarán medidas destinadas a permitirles seguir prosperando que, desde luego, no beneficiarían al conjunto. Además de ser poco eficaz, los “modelos” caracterizados por una presencia fuerte de un Estado politizado se prestan a la corrupción. Es factible que casi todos los militantes kirchneristas sean dechados de honestidad, pero habrá algunos que no lo son ya que, como resulta notorio, la Argentina es un país sumamente corrupto. Al consolidarse un esquema en que la mejor forma de enriquecerse consiste en congraciarse con el poder político, afirmándose un partidario incondicional del “proyecto” que dice estar liderando la presidenta, no podrán sino multiplicarse las oportunidades para que los inescrupulosos, sean éstos funcionarios o empresarios, intercambien favores que si bien les serán mutuamente provechosos perjudicarán a quienes no participan de la versión actual de la cadena de la felicidad. Puede entenderse, pues, la inquietud que se ha apoderado de muchos empresarios locales. Temen que la “profundización del modelo” signifique que el gobierno, en un esfuerzo desesperado por prolongar el período de crecimiento rápido que se inició a fines del 2002 y se frenó en el 2009, pero que en seguida se reanudó con vigor impresionante, termine provocando una crisis muy grave al dar demasiado poder a cohortes de militantes más interesados en el “relato” oficial que en los problemas concretos que han de enfrentar los empresarios nacionales.