¿Suicidio o salvación de la economía británica?





Michael Donhauser DPA

Es la postura del primer ministro británico respecto a la Unión Europea (UE) un suicidio económico, como auguran muchos de sus críticos? ¿O se trata de un calculado movimiento de David Cameron que incluso podría beneficiar a la alicaída economía nacional? El premier conservador, que planteó incluso un referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la UE, ha recibido en este sentido el apoyo no sólo del mundo financiero. También pequeñas empresas sin ambiciones exportadoras están de su parte, pues consideran que existe un exceso de regulación desde Bruselas. En una carta abierta publicada ayer en el diario “Times”, 56 empresarios mostraron su respaldo a Cameron, entre ellos muchos banqueros e inversores de bolsa. “El intento de Cameron es bueno para los negocios y bueno para los empleos en Reino Unido”, aseguran en el texto. La maltrecha City londinense se siente en los últimos tiempos arrinconada por instrumentos legales europeos, como el impuesto a las transacciones financieras o la Unión Bancaria. Los directivos bancarios lo tienen más fácil con el gobierno de Londres a la hora de poner en marcha sus grupos de presión. Además, en su opinión, Bruselas pone impedimentos a sus negocios con el resto del mundo. “Estamos en un país global, con intereses globales y alcance global”, apuntó Cameron ayer. Londres, la principal plaza financiera de Europa, es además el corazón de la economía británica, a la que contribuye con al menos un 10% del producto interior bruto. Reino Unido sólo crece si crece la City, pero ésta apenas se mantiene en pie tras la crisis financiera. Tanto, que en los altos edificios del este de Londres está prevista la construcción de 100.000 viviendas, ante la falta de demanda de oficinas. Tan sólo en el 2012 se perdieron 30.000 puestos de trabajo en el sector financiero británico, según el Centro Londinense de Investigación Económica y de Negocios (CERB, por sus siglas en inglés). Como muy tarde en el 2015 se espera que Londres ceda su papel de centro financiero mundial para ser superada por Hong Kong y Nueva York y poco después también por Singapur. Y los banqueros temen que una mayor injerencia de Bruselas conlleve la pérdida de aún más puestos de trabajo en Londres. Sin embargo, para gran parte de la economía real británica el pulso a la UE supone un gran riesgo. Los años de constante incertidumbre sobre una posible salida de Reino Unido podrían causar enormes daños. Por eso, el viceprimer ministro liberal y europeísta, Nick Clegg, acusó a su socio de gobierno de buscar únicamente su propio beneficio político en esta cuestión. “Creo que desanima a los inversores, obstaculiza el crecimiento y frena la creación de empleo, que deberían ser nuestra prioridad en un momento en que la economía apenas consigue recuperarse”, afirmó Clegg un día después del discurso de Cameron sobre la Unión Europea. Si en el 2017 el pueblo británico se pronuncia a favor de una salida de la UE, ésta podría suponer también la renuncia al mercado común, una posibilidad que a nadie le gusta pronosticar en la actualidad en Reino Unido. No en vano Europa supone 500 millones de consumidores. Según la Organización Mundial del Comercio, el 50% de las exportaciones británicas fue a parar en el 2011 a países de la UE. En caso de abandonar el mercado común, los aranceles y las barreras comerciales engullirían miles de millones, posiblemente más de los 5.600 millones de euros que Reino Unido aporta ahora como contribuyente neto a las arcas europeas. Las consecuencias podrían ser todavía peores, pues Londres ya no se beneficiaría de los acuerdos de libre comercio que la UE tiene con países como Corea del Sur. El propio Cameron apostó ayer durante su intervención en el Foro de Davos por un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, que según sus palabras podría suponer un crecimiento de 50.000 millones de libras (60.000 millones de euros) para las economías de la UE. Pero para los inversores del exterior Reino Unido podría perder la atracción de ser el puente con Europa. Pero una salida británica del mercado común también tendría grandes consecuencias económicas para el bloque europeo. Por ejemplo, para países como Irlanda, para el que el vecino Reino Unido es su principal socio comercial. Y no es el único caso: más del 11% de las exportaciones de Alemania, el motor económico de la UE, tienen como destino suelo británico.


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