“Tan sólo 90”
Noventa años, y ojalá más, es el tiempo exacto para que una persona llene de felicidad a miles. Esto está realmente comprobado y no se necesitaron científicos para confirmar la teoría, fue suficiente que esas miles de personas, comunes, como vos, yo y todos, vivieran a tu lado o llegaran a conocerte. Estoy hablando de vos papá, Julián, Larru, Flaco, Pocho o como deseas que te llamen. Hiciste que nuestra vida fuera diferente, no sé cómo hubiera sido sin vos, pero si de algo estoy segura es de que mejor no hubiera podido ser. Como hija, recibí ejemplos, pocas palabras. Pero vi. Te vi en la estación, cargando nafta o limpiando vidrios de los autos, arriba de camiones de combustible, cambiando ruedas, pero siempre que hiciste fue junto a mamá, la recuerdo sentada en la caja de la agencia. Te vi en la muni, en la Legislatura, en la radioestación, no. ¿Ves? Porque aún no había nacido. Siempre te vi hacer por el otro, por tu hermanita en sus últimos años, por nosotros, por mamá, por las tías, por tus nietas, tu nieto y ahora por tus bisnietos; por amigos, por vecinos, por familiares. Siempre hacés, para vos es poco y seguís haciendo. Aun en los 90 te vi llevar el diario de ayer a un gaucho que lo esperaba para leerlo, como si tuviera noticias de hoy. Vi pagar la verdura del padre Jesús que se llevaba para hacer su sopa, vi meter tu mano en el bolsillo, sacar un billete y darle al changarín de turno sabiendo que lo gastaría en vino, en vez de llevarlo a casa. Vi no cobrar alquileres de propiedades de ustedes, sin reclamar, ni esperar agradecimientos. Aun estando en los momentos más difíciles de salud te oí decir a tu vecino: si necesitas algo Miguelito… chiflá… ehhhh… (porque estaba solo) ¡Qué locura, Dios!, si vos no podías con tu cuerpo. Y vaya a saber cuántas cosas no vi. Por no estar. Hablar, lo haces, pero lo justo y necesario, lo indispensable, lo importante; preferiste callar o hacer reír con tus bromas sorpresivas. Eso vi, no sé si lo aprendí (creo que no fui buena aprendiz). No se aprende con lo que decimos sino con lo que hacemos. Sos el ejemplo de mi vida. Tu bondad es lo que más me impresiona, tus silencios, tus miradas, tus esfuerzos por decir te quiero cuando te obligo. Tu sencillez y el amor al otro marcan mi vida. No sé cómo será “llegar a los 90”, pero sí sé cómo llegamos nosotros a “tus 90”. Llegamos plenos, repletos de generosidad, sabiduría, porque la vejez, como dijo el papa Francisco, es la sede de la sabiduría. Llegamos llenos de agradecimientos de personas que ni siquiera conocemos, o de acérrimos rivales políticos momentáneos, por actitudes tuyas durante estos 90 años. Caminar por este pueblo, Junín de los Andes, y que pregunten por tu salud, agradezcan lo que diste, den la fortaleza para seguir, es gratificante. Siento orgullo, estoy impresionada, asombrada y agradecida, soy la menor, la más caprichosa y estoy feliz por lo que has hecho de mí. Intenté seguirte, a veces no salió, retomé, aún creo estar lejos de llegarte a los talones. Gracias por elegir a mamá, sin ella, sin ambos, nuestra vida no hubiera sido ésta. Gracias por darme estos hermanos, son únicos y los mejores, por hacer la familia que hicieron. Por dar lo que das. Por enojarte por las pastillas que tomas. Por tomar agua cuando es un verdadero esfuerzo para vos. Por sentir bronca por llegar a viejo como decís vos. Por preguntarme ¿por qué uno debe llegar a mi edad y molestar? Sin darte cuenta de que sólo es parte de lo que podemos devolver, de lo que nos diste en nuestra vida. Por tus llamados de todos los días, porque aunque nos separan 400 km te siento al lado y escucho tu voz. Gracias por seguir estando, aunque para vos, hoy, sea todo un esfuerzo. Por hacer, que por lo que sos, por lo que diste y por lo que das yo me vaya tranquila a casa, sabiendo que todo un pueblo te cuida. Y perdón por decirte “viejo”. Pero sos para mí, Julián Andrés Larroulet, el “viejo” más joven y lleno de vida que Dios me permitió vivir, conocer y disfrutar. Adriana L. Larroulet DNI 17.754.656 Neuquén
Adriana L. Larroulet DNI 17.754.656 Neuquén