Datos, empatía y algoritmos: la tecnología redefine la forma de decidir qué consumimos
La IA redefine cómo buscamos, compramos y decidimos, pero las emociones siguen siendo un factor clave. Las marcas compiten por atención, confianza y conexión humana.
El comportamiento del consumidor está atravesando una transformación profunda impulsada por la inteligencia artificial. Ya no se trata solo de escribir una consulta en Google, sino de interactuar con sistemas capaces de entender contexto, imágenes, voz y conversaciones.
Herramientas como Google Lens permiten identificar al instante aquello que llama la atención, mientras que las vistas generales generadas por IA sintetizan información clave y ofrecen enlaces para profundizar. La búsqueda multimodal, que combina texto, imagen y audio, consolida un modelo más natural y conversacional de exploración.
A medida que evolucionan estos hábitos, los usuarios esperan respuestas intuitivas, personalizadas y en tiempo real. Para las marcas, el desafío es doble: optimizar los distintos ecosistemas de búsqueda y desplegar soluciones publicitarias basadas en IA, en un contexto donde el comportamiento de búsqueda dejó de ser un acto aislado para convertirse en una experiencia continua y distribuida.
En paralelo, las nuevas herramientas que aprenden del contexto específico de cada organización —como NotebookLM— permiten “conversar” con los datos propios y extraer insights que antes eran difíciles de detectar.
“La potencia de la IA está migrando de la velocidad de ejecución a la velocidad de pensamiento”, sostuvo Ramiro Sánchez, Senior Director de Marketing en Google Latinoamérica. Según el ejecutivo, estas tecnologías procesan océanos de información para que los líderes puedan aplicar con mayor claridad su activo más valioso: el criterio humano.
Las recomendaciones automatizadas, las ofertas personalizadas y los llamados a la acción estratégicos basados en IA prometen aumentar las conversiones en todas las etapas del recorrido del cliente. Sin embargo, los consumidores esperan una experiencia fluida y sin fricciones, ya sea desde un post de social commerce, un anuncio en YouTube o un pago dentro de una aplicación. El recorrido de compra tradicional se volvió fragmentado: hoy las decisiones se toman a través de múltiples puntos de contacto, muchas veces de forma simultánea y con un fuerte componente impulsivo.
Un estudio de Boston Consulting Group (BCG) identifica los llamados “comportamientos 4S” —streaming, scrolling, searching y shopping— como los pilares del consumo contemporáneo. En este ecosistema, las personas se mueven de manera fluida entre canales, formatos y estados de intención. El scrolling funciona como la nueva vidriera: los usuarios consumen contenido sin intención inmediata de compra, pero un anuncio oportuno, la recomendación de un influencer o la correcta colocación de un producto pueden activar la decisión en cuestión de segundos.
Factor clave
Detrás de esta dinámica tecnológica asoma una dimensión menos visible, pero decisiva: la emocional. Especialistas en psicología del consumidor sostienen que más del 90 % de las decisiones de compra están influidas por factores afectivos, incluso cuando las personas creen actuar racionalmente. Estas decisiones suelen ser apresuradas, motivadas por alegría, aburrimiento o la búsqueda de control, y justificadas posteriormente con argumentos lógicos. El consumo funciona como mecanismo de autorregulación: los usuarios buscan satisfacción, felicidad o seguridad.
En este contexto, el consumidor del futuro no necesariamente elegirá la opción más barata o innovadora, sino aquella que le ofrezca mayor coherencia emocional. Ignorar esta dimensión ya no es un error creativo, sino una desconexión estratégica. La inteligencia artificial multiplica estímulos, automatiza mensajes y personaliza ofertas en tiempo real, pero no reemplaza la necesidad de conexión humana; la vuelve más urgente.
En un entorno digital cada vez más homogéneo, la diferenciación pasa por interpretar tensiones sociales, aspiraciones colectivas y estados emocionales compartidos.
“Las marcas que integran datos con inteligencia emocional entienden que la decisión no ocurre en una hoja de cálculo, sino en la mente y el contexto de la persona”, explicó Pablo Silva, especialista de la agencia Another. Traducir información en empatía permite competir no solo por precio o innovación, sino por significado.
Las marcas ya no compiten solo con datos
Ante la saturación de información, los consumidores toman decisiones cada vez más guiados por emociones como la confianza, la claridad y la pertenencia. Para las marcas, el diferencial no estará solo en los datos o la inteligencia artificial, sino en combinar tecnología con empatía y comprensión humana para conectar emocionalmente con sus audiencias.
Con información de NA
Comentarios
Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.
Gracias y disculpas por las molestias.
Comentar