Trump y el voto latino

Por Redacción

Un día California despierta e inexplicablemente advierte que han desaparecido todos los latinos: políticos, empresarios, médicos, enfermeras, soldados, profesores, artistas, atletas. No es posible encontrarlos. La actividad en la novena economía del mundo se paraliza porque los hispanos han desaparecido. Le sigue el caos y la tragedia… Esa historia, imaginaria, la narró el cineasta Sergio Arau en la película “Un día sin mexicanos” (2004), para poner de relieve, entre otras cosas, que los latinos se han convertido en un eje imprescindible para la vida y la economía de los Estados Unidos. Desde que el magnate Donald Trump hizo pública su posición sobre la inmigración en su campaña para lograr la nominación del Partido Republicano, esas imágenes no han parado de circular. Trump propuso construir un muro permanente en la frontera entre México y los Estados Unidos. Con vehemencia impulsa la idea de eliminar la ciudadanía por nacimiento para los hijos de inmigrantes, y revocar las órdenes ejecutivas del presidente Barack Obama, que suspenden las deportaciones y otorgan permiso de trabajo a jóvenes inmigrantes ilegales. También calificó a los inmigrantes mexicanos de “criminales” y “violadores”. Lejanas todavía las elecciones primarias que previsiblemente comenzarán en enero del año próximo, es difícil saber si Trump terminará representando al Partido Republicano en las elecciones de noviembre de 2016. Aun cuando hoy encabeza las encuestas. Lo que puede afirmarse es que sus propuestas, su rechazo a la inmigración, su desdén por los hispanos y su lenguaje colmado de prejuicios xenofóbicos y adjetivos denigrantes, tienen eco en una porción considerable de la población. Pero lo que parecía al inicio un exabrupto aislado del magnate americano, al que nadie le daba mucha importancia, se convirtió en un torbellino alrededor del que sigue girando el Partido Republicano. Casi ningún analista ha podido explicar razonablemente su estrategia política, si es que tiene alguna. ¿Cuál es la lógica para atacar a la comunidad latina que hoy suma más de 50 millones de personas, y representa el 11% del padrón electoral? ¿Cuál podría ser el impacto electoral para el Partido Republicano la enemistad con los latinos? La comunidad latina es la minoría que, durante las últimas décadas, ha registrado el mayor crecimiento. Representa el 16% de la población total. Muchos análisis proyectan su gravitación electoral en base a un porcentaje general. Así, por ejemplo, destacan que el 71% del voto latino contribuyó a la reelección del presidente Obama, frente al 27% que obtuvo el candidato republicano Mitt Romney. En esa línea, anticipan que el Partido Republicano requeriría entre el 35% y el 45% de los votos latinos para ganar las elecciones de 2016. Pero esas estimaciones, en realidad, sobredimensionan el peso que tendrá el voto latino en esta contienda electoral. Podrá ser determinante en 2020, o en 2024, pero para el próximo año es improbable que esté en posición de definir quién accederá a la Casa Blanca. Lo primero que hay que tener claro es que la elección de presidente en los Estados Unidos es indirecta. Un Colegio Electoral se constituye como el organismo que finalmente lo elige. Cada Estado cuenta con cierto número de votos, cuya distribución depende de la cantidad de congresistas que tiene cada uno de ellos. Un candidato necesita al menos 270 electores para acceder a la presidencia. Los estados que son significativos desde el punto de vista de los electores y cuentan con una importante población latina son: California, Texas, New York, New Jersey e Illinois. En esos estados es difícil que se altere la composición actual porque han votado por un mismo partido en las últimas cuatro elecciones desde el año 2000. Son los estados calificados como “swing states” (estados indecisos e importantes en términos de población) los que, en definitiva, decidirán la votación, y donde apuntarán los candidatos: Colorado, Florida, Nevada, Ohio, Virginia, New Hampshire y Iowa. Pero aún en esos casos, el voto latino no sería suficiente para modificar sustancialmente su representación en el Colegio Electoral. El voto hispano no será el factor determinante para definir la próxima elección presidencial en los Estados Unidos. Adquirirá mayor peso en un futuro cercano, si se mantienen las proyecciones que indican que la población latina se duplicará para el 2050. Trump no desconoce esa aritmética electoral. Su discurso se dirige a las bases sociales de su partido que se ubican en los distritos más conservadores, y que niegan la contribución de los latinos a la vida diaria del país. Tal como lo imaginó Arau en su película. (*) Abogado y diplomático

Eduardo Tempone (*)