“Un Papa que se va abollado”

Por Redacción

A Carlos Torrengo, sobre el artículo del “Río Negro” del 15 de febrero: comparto casi plenamente tus durísimas críticas a Ratzinger y su papado, como así también a la actitud más generalizada de nosotros, los creyentes, de “acorazarnos” frente a la crítica racionalista (de lo cual somos responsables, creo, la mayoría de los creyentes más instruidos). Agregaría yo, entre otras críticas más, las formas tan anticristianas de ejercer autoridad de la jerarquía de la Iglesia Católica. Es muy amplio el tema pero, para referir sólo a lo actual, la elección del papa, el “primero entre iguales” (primus inter pares, según la exacta definición de la Iglesia) es, sin embargo, realizada sólo por un puñado de sus pares, obispos del mundo. La inmensa mayoría no es siquiera consultada. Hablan de común unión, pero en la práctica, en lo vivencial, se encierran en un círculo ínfimo. Disiento, sin embargo, con vos en cuanto a que la Biblia sea antisemita, de acuerdo a tus rotundas citas de las afirmaciones del Sr. Goldhagen dirigidas a Ratzinger y a las cuales pareces adherir al considerar que Ratzinger no le contestó por estar flaco de argumentos. Según Goldhagen, se presentaría a los judíos en la Biblia como el enemigo ontológico de Jesús, los evangelios consistirían en un ataque implacable y fulminante contra los judíos, etc. Yo sí sospecho que el silencio de Ratzinger respecto a la acusación de la participación del Vaticano en el exterminio de judíos (por acción u omisión) debe tener mucho que ver con la falta de argumentos. Creo además que es innegable que el antisemitismo estaba muy generalizado en la Iglesia preconciliar. En cambio, tiendo a pensar que la flaqueza de argumentos, en el caso de la afirmación del antisemitismo de la Biblia, debe correr por el lado del Sr. Goldhagen. Me parece que sólo citando en forma muy parcial los evangelios, totalmente fuera del contexto histórico y de su sentido general, se puede afirmar un antisemitismo en ellos. Sin duda que muchos lo citan o han citado en forma parcial y lo han adaptado a su conveniencia, como el detestable obispo de Sarajevo, en 1941, a quien él toma como uno de sus ejemplos de antisemitismo, pero este modo de interpretar un texto es intelectualmente deshonesto (hablando de críticas racionalistas). Los que afirman o afirmaron alguna vez que a Jesús lo mataron los judíos están olvidando algunos pequeñísimos detalles, como ser: que los parientes y antepasados de Jesús eran judíos, sus amigos y seguidores eran judíos y, fundamentalmente, el muerto era judío. Se puede discutir si su madre era virgen, pero no que nació judío, que se crió en una familia judía con sus costumbres, valores y tradiciones. Vivió solamente en medio del pueblo judío y fue apresado después de celebrar con sus amigos la pascua judía, muy posiblemente un martes a la noche, ya miércoles para los judíos después de que aparecieran las primeras estrellas. La pascua celebrada iba de acuerdo con el calendario lunar todavía vigente entre las clases más humildes de los judíos de su época. A Jesús lo mató una conjunción de intereses de una parte de la jerarquía eclesiástica judía de ese momento y las autoridades del Imperio Romano que no querían ver perturbada su pax. Jerarquía que traicionó en ese momento, y en tantos otros, al pueblo judío, cosa que se refleja constantemente en los escritos del antiguo testamento con la muerte de los profetas. (Cualquier parecido con la jerarquía de la Iglesia Católica no es pura coincidencia). Los evangelios, además, fueron escritos por judíos, que hicieron un enorme esfuerzo en plasmar allí las raíces de las tradiciones judías, a las cuales según ellos daban cumplimiento y continuidad los dichos y vivencias de Jesús. El cristianismo es en realidad judeo cristianismo, por eso se hace una lectura de la Biblia judía en las misas de la Iglesia Católica. Daría la impresión de que el Sr. Goldhagen, a lo mejor muy acertado en otras cosas, “se fue de mambo” en este tema. Estoy convencido, sin embargo, de que la Iglesia Católica no ha reconocido en forma clara, explícita y convincente las muchísimas y gravísimas aberraciones y traiciones cometidas (a Jesús y a la humanidad toda) a lo largo de su historia y obviamente sus tibios y genéricos pedidos de perdón no son nada convincentes. La complicidad con el holocausto de una parte de su jerarquía, a pesar del mayúsculo horror, no es siquiera su mayor pecado. Solamente si diésemos el ejemplo de explicitar estos en forma constante y en un lenguaje entendible para todos, tendría la Iglesia autoridad moral cada vez que habla de la “paja en el ojo ajeno”. Creo que tendría cosas muy importantes que decir si la hipocresía o la pusilaminidad no fuese lo más omnipresente entre la mayor parte de su jerarquía. José Murray DNI 10.390.710, Luis Beltrán

José Murray DNI 10.390.710, Luis Beltrán