Una cena que llena el alma

Un grupo de voluntarios termina su trabajo diario y lejos de ir a descansar a su hogar se instala en un centro barrial a cocinar para los vecinos más necesitados. Actualmente asisten a unas 94 personas, en su mayoría mujeres solas con hasta cinco hijos.

Por Redacción

“Este año nos hemos encontrado con la sorpresa de que la mayoría de la gente que asistimos son mujeres solas con 3, 4 o 5 niños. Llegamos cada día con la cena para 94 personas en estado de calle”, graficó ayer Joel Higueras, el coordinador de Clínica del Alma, una organización evangélica que desde el barrio Usina ayuda a sus vecinos más necesitados desde hace cinco inviernos.

Al final de cada jornada, una vez que terminan con sus labores, 25 trabajadores (albañiles, carpinteros, electricistas, gasistas, amas de casa) se instalan en la cocina del centro barrial para preparar las viandas con las verduras, fideos, legumbres y carne que ellos mismos consiguen entre sus allegados. “Ninguno es comerciante o empresario. Hay veces que tenemos un solo pollo para repartir, pero igual nos arreglamos. Hay un carnicero anónimo que ayuda bastante y el municipio también nos aporta algo”, resaltaron.

“Además ha cambiado el perfil de quienes nos ayudaban con los insumos básicos, este año han estado ausentes los comerciantes. Entendemos que su situación está difícil, pero es mucho más complicado para aquellas familias que no tienen trabajo. Como sociedad hemos perdido el horizonte de la solidaridad”, calificó Higueras.

“Este emprendimiento ha ido aumentando en beneficiarios, no por voluntad propia sino por la necesidad de muchas madres que perdieron su empleo. Hay familias en el barrio Esperanza a las que no podemos llegar porque no nos alcanzan los medios”, indicó Higueras.

En coincidencia, se han abierto varios comedores solidarios en otros barrios de El Bolsón, justificados principalmente “en la falta de trabajo de mucha gente humilde”, que cuentan con el aporte de organismo oficiales y particulares.

Recordó Higueras que “en años anteriores, estuvimos abocados más que nada a los abuelos, pero ahora vemos que hay padres que se sienten desbordados por alguna situación que los llevó a la miseria. También vemos a madres que luchan con todas sus fuerzas para salir adelante, como una señora de Loma del Medio, con 2 hijitos, quien trabaja en lo que puede y luego estudia para ver si puede cambiar su vida”.

“No tenía una casa, se le consiguió una provisoria y encima le entraron a robar hasta los alimentos. La ropa se la cortaron y destruyeron todo lo que no se pudieron llevar. En esa sociedad estamos viviendo y es allí donde tenemos que ocuparnos y no mirar para otro lado”, valoró.

“Nos habíamos propuesto un plan de 30 cenas, pero seguramente se va a extender por la situación social que se vive y las inclemencias del tiempo. Es muy difícil decirle a un niño que se termina, cuando sabemos que está esperando por su única comida del día”, adelantó aún cuando reconoció que “la calle es un tema muy complicado, nos lleva mucho tiempo hacer el reparto en varios barrios”.

“Ninguno duda en meter la mano en el bolsillo para ir a comprar lo que falte, al igual que disponen de sus autos y su combustible para salir a distribuir las viandas”.

“Los días de la nevada nos tocó ver a una niñita de dos años vestida sólo con una remerita y caminando descalza sobre la nieve. Son cosas que duelen.”

Joel Higueras, coordinador de la Clínica del Alma

Datos

“Ninguno duda en meter la mano en el bolsillo para ir a comprar lo que falte, al igual que disponen de sus autos y su combustible para salir a distribuir las viandas”.
“Los días de la nevada nos tocó ver a una niñita de dos años vestida sólo con una remerita y caminando descalza sobre la nieve. Son cosas que duelen.”

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