Una historia de negocios nada claros

Por Redacción

La tierra en Neuquén

RICARDO VILLAR (*)

La tierra siempre fue, en Neuquén, factor de negocios, de buenos negocios y muchas veces de algunos teñidos o sospechados de ser favorecidos por decisiones gubernamentales. En otros muchos casos hubo atropellos, abusos a la buena fe, etc., pero con los administradores del Estado sirviendo de cobertura. Hay una historia que coincide con la llegada de los blancos a estos solares desérticos pero bendecidos por surcos de agua de enorme riqueza. En la mayor parte de los casos, la tierra no fue valorizada como un objeto productivo, sino que fue transformada en una mercadería para hacer grandes negocios con su apropiación y venta. La producción primaria permite dignidad, renta razonable y transparencia; la compra de tierra para venderla fraccionada genera fuertes y rápidas ganancias. Una diferencia sustancial que también separa posturas éticas, proyecciones geopolíticas y calidad de vida de los pueblos. La propia instalación de la capitalidad en este vértice de la Confluencia tiene un fuerte fundamento en la influencia de los tenedores de amplias superficies de tierras, que lograron a valores bajísimos o sin precio por haber sido allegados a los expedicionarios comandados por Julio A. Roca o a los gobernantes posteriores y que con el surgimiento de la nueva capital se revalorizaron en forma espectacular. Recuérdese que la nueva capital territoriana se instaló sobre terrenos que el gobierno solicitó en donación a los terratenientes de entonces. Éstos no tuvieron inconvenientes, pero logrado el asentamiento del gobierno, sus tierras linderas se valorizaron. Fueron 190 las hectáreas donadas para el trazado del nuevo pueblo. Textos históricos, con fuentes en documentación del organismo fiscalizador de Tierras, revelan que en 1885 una hectárea se remató a un peso y luego de la capitalidad se vendió entre 500 y 600 pesos y el Estado Nacional se hizo cargo de los gastos de mensura y escrituración. Pasados los cien años del traslado de la capital desde Chos Malal, hay más certezas que dudas de que el impulso más fuerte para semejante decisión lo dieron los intereses de los terratenientes instalados sobre la Confluencia. Y otros que ni llegaron a conocer sus propiedades. El enfoque se renueva con las polémicas decisiones tomadas por el CD capitalino respecto de los permisos “excepcionales” dados para lotear áreas productivas de la antigua Colonia Valentina, contemporáneamente dividida en Sur y Norte por el paso de la traza de la Ruta Nacional 22. Otra cita histórica: no he encontrado ningún elemento que diga que la señora Valentina B. de Duclout, dueña de las tierras en cuestión y de quien tomaron su nombre, alguna vez puso sus pies en este desierto. Fue su administrador, don José Fava, el que la convenció para que fraccionara sus propiedades en parcelas que se convirtieron en prósperas unidades productivas durante más de medio siglo. El argumento central de los actuales “loteadores” es descriptivo del fenómeno. Sintéticamente se sostuvo y sostiene que las condiciones para producir pastos, frutas, verduras y animales se perdieron por diversos factores (crisis en la producción, envejecimiento sin herederos de los verdaderos productores, inserción de manchones urbanos en el centro de las chacras, etc.) y que la ciudad necesita expandirse y los gobiernos deben solucionar la demanda de tierras de sectores sociales que pretenden su vivienda. Todo es cierto, real, comprobable. Pero resulta interesante repasar los motivos que nos llevaron hasta aquí, entre los cuales hay uno que tiene el efecto más poderoso: los gobiernos de las últimas décadas, en la provincia y en el municipio, no tuvieron interés en alentar ni preservar la producción primaria. Permitir que se construyeran barrios en el valle inferior del Limay y enviar a pequeños productores de verduras y animales chicos a la meseta, expuestos a los vientos, la mala calidad de la tierra y la carencia de agua, es una caricatura de este proceso. También es necesario analizar en profundidad los mecanismos utilizados para liberar, mediante excepciones a la norma vigente, una treintena de parcelas para el loteo de unidades de hasta 300 metros cuadrados. No hace falta explicar, creo, el concepto “excepción”; es algo extraordinario, motivado en cuestiones de suma importancia. Debe haber pocos antecedentes, en el CD neuquino seguro que ninguno, de una masiva “excepción”, porque semejante masificación convierte a la excepcionalidad en algo general, común, de uso corriente. Ha sido tan amplia la “excepción” que, aplicando el elemental sentido común, vale preguntar si no hubiera sido más adecuado liberar toda la zona que fuera productiva, para este tipo de emprendimientos. Porque de ahora en más el vecino de una chacra “excepcionada” tiene el pleno derecho de un trato igual y así el CD seguirá dictando este tipo de normas extraordinarias. Las excepciones siempre acarrean sospechas y más cuando tienen estos alcances y vienen precedidos por antecedentes que en nada ayudan a elaborar una buena opinión sobre el procedimiento, ni aun con el planteo del sentido social y la necesidad de poner mayor cantidad de lotes en oferta, “para que bajen los precios”. Uno de esos precedentes está localizado en Plottier, en donde el CD local dio autorizaciones de loteos de chacras a mansalva durante unos diez años. Los concejales no se fueron a sus casas con el mejor concepto de sus vecinos. A propósito, atendí en su momento a dos viejos chacareros que por edad y por la crisis de la actividad productiva no podían seguir con sus explotaciones. Ellos me dijeron que estaban pidiendo autorización a los concejales para lotear, pero que algunos les habían comunicado que para que el trámite avanzara debían cederles algunos terrenos. Les sugerí que rechazaran tal pretensión y que los denunciaran. No volví a verlos, pero los loteos se hicieron… Pero estos casos no se localizan solamente en la zona de la Confluencia. La apropiación de tierras fiscales, por parte de allegados a los gobiernos, tiene un grueso capítulo en esta historia de aprovechadores y aprovechamientos. La Dirección de Tierras de la provincia ha tenido una gestión relevante que ha facilitado que valiosas superficies quedaran en manos de allegados al poder. Ese organismo, pese a su baja jerarquía en el organigrama gubernamental, siempre fue manejado por personas que respondieron fielmente a los intereses de los gobernantes. Un cambio de partido en el gobierno permitirá, algún día, poner la lupa en este accionar de décadas. Un relevamiento sobre los tenedores de tierras en sectores de enorme potencial, como en la cordillera y zonas lacustres, incluso en márgenes de lagos naturales y artificiales o en el norte y oeste, o el desarrollo agropecuario que se va dando sobre el Neuquén, abajo y arriba de Añelo, representaría una fotografía de lo sostenido en el párrafo anterior. La historia sobre estos manejos daría para centenares de carillas, pero la mayoría de los neuquinos sabe mucho al respecto aunque siempre lo comenta en voz muy baja o calla. Es el manto de impunidad que necesitan estas maniobras para repetirse a través del tiempo, con actores que se renuevan manteniendo el mandato de la historia por la voracidad, la especulación y los negocios sin riesgos y generosos en las ganancias. (*) Presidente CC-ARI Neuquén