“Valores y obligaciones”
La Argentina de hoy se debate en la incertidumbre, en la mediocridad, no del analfabeto sino de políticos “intelectuales”, de las mafias que nos gobiernan. Mientras el gobierno y grupos económicos se pelean por el poder, nuestra sociedad se derrumba. Hoy no estamos frente a una simple modificación de los valores o a una degradación de los mismos, estamos frente a la caída de los paradigmas culturales, de las ideologías personales, que no sólo afectan a una parte de la sociedad sino que atraviesan a todas las capas sociales. Se están dando cambios muy profundos, esto lo vemos especialmente en los jóvenes. En tiempos anteriores también se producían ciertas conductas transgresoras, pero después se abandonaban; en cambio hoy cada día cuesta más, los jóvenes son excesivamente transgresores. La cultura de la imagen ha transformado la forma de pensar. En esta sociedad de consumo se otorga calidad al ser (somos en cuanto ostentamos tener)… los valores morales, religiosos, culturales no los estamos recibiendo, ya no se crean esos buenos valores. Siempre escucho que el pasado era mejor. No se confundan, aquel o este modelo no es mejor ni peor el uno del otro, pero lo cierto es que no sirven, hay que revaluar las situaciones que estamos viviendo. Debemos preguntarnos qué nos pide esta sociedad, qué queremos nosotros mismos. Es imprescindible iniciar la construcción de nuevos fundamentos sociales. Todos hablan o se refieren a los derechos humanos, pero ¿y la responsabilidad?, ¿eso que me enseñaron mis viejos? Claro, me olvidaba que hoy los niños y jóvenes nunca vieron por ejemplo trabajar a sus padres (la mayoría vive de planes sociales). El gobierno ha desplazado o quiere solucionarlo todo en el ámbito de la política mediante la implementación de subsidios masivos a jefes y jefas de hogar desocupados. Hace unos años todos gritaban: “Hay que imponer la pena de muerte”, pero la raíz del problema no se encuentra en el Estado penal sino en el Estado social. Todos desechan el control social (ejercicio legal de la violencia por parte del Estado), porque dicen que nos priva de nuestros derechos; pero el control es cuidar, señores, hay que aplicar la ley pero sin desmesura, con justicia e igualdad. Tenemos que terminar con esta clase de política amarillista, porque la política no es lo que hacen los políticos. Ellos son mediocres, incompetentes, cínicos, mentirosos, aprovechados, manipuladores, corruptos. Cuando no son los causantes de nuestros flagelos, ellos se muestran incapaces de resolverlos (la crisis económica, la inseguridad ciudadana, la decadencia de la agricultura, los paros, las listas de espera en hospitales, la baja calidad de la educación). La verdadera política es la manifestación del pensamiento o ideas del ciudadano, donde el Estado es el mero administrador de nuestros bienes… la soberanía es nuestra. Pienso que en éste, nuestro tiempo, tenemos (si queremos hacer algo socialmente útil) que tratar de apuntalar, reforzar y mejorar los pilares de la civilización, es decir: iniciemos la construcción de los fundamentos de una nueva sociedad. Enfoquémonos en los niños y jóvenes, ellos son el futuro y por lo tanto debemos actuar sobre quienes van a tener la responsabilidad de tomar decisiones cuando nosotros estemos en fase descendiente. Desarrollemos personas de buenos valores; mejoremos la educación por ejemplo, creemos escuelas de oficios, de trabajo. Invirtamos en ella, que la misma produzca un verdadero intercambio que asegure los procesos (el de enseñar y el de aprender), que a través de la misma se transmitan la cultura, la experiencia, el conocimiento (que es nuestro patrimonio común), los valores morales, la fe, costumbres… Que con la educación se aliente el desarrollo de habilidades, que ayuden a dignificar la vida… Pero la educación debe ser recibida de los padres y de las escuelas, debe estar basada en el amor y la protección, y orientada (o debería hacerlo) hacia la integración y autonomía, marcando normas, hábitos culturales y sociales, valores morales, las creencias referidas a la fe, pautas de convivencia y una historia familiar. La educación del hogar desde el amor debe construir el sano desarrollo afectivo. La educación de la escuela debe cubrir básicamente la necesidad de conocimiento y capacitación para interactuar en la sociedad e insertarse en ella, promoviendo siempre la evolución y los cambios consecuentes. Hay que educar en el aspecto moral, ético, afectivo y social. Luis Valentín D’Amico, DNI 26.504.382 San Martín de los Andes
Luis Valentín D’Amico, DNI 26.504.382 San Martín de los Andes