“Volamos, sí… a veces a la muerte”

Por Redacción

–Volamos, sí… a veces a la muerte. Con esta reflexión, sentado en la media mañana del miércoles a una mesa de La Ópera, un joven piloto de la Fuerza Aérea se refirió a la suerte que suelen correr los aviadores militares argentinos a la hora de volar. Decidido a dejar la Fuerza Aérea antes de fin de año, el piloto está tramitando su ingreso a la aerolínea Sol. –Me voy mal, conmigo, con la Fuerza Aérea… El país me preparó para ser piloto de combate a un alto costo pero volamos a lo sumo una hora por semana en aviones que son más una tumba que aviones. Y encima ganamos nada. Luego deslizó: –Los últimos aviones nuevos de combate que adquirió la Argentina fueron 10 ó 12 Supert Étendard, franceses. Llegaron en el 81. Fueron para la Aviación Naval. Combatieron en Malvinas hasta que se agotaron los misiles Exocet. Hoy operan sólo tres o cuatro. El resto del componente de combate entre la Armada y la Fuerza Aérea lo integran unos 35 Skyhawk, Mirage y Dagger con 40 o más años de antigüedad en promedio. Tumbas. Un documento del Centro de Estudios Nueva Mayoría recientemente publicado consolida la reflexión del joven piloto. La investigación destaca que de 1986 a hoy ocurrieron 82 accidentes con aviones militares. El último de ellos se produjo el 14 de febrero de este año cuando un cazabombardero Skyhawk se precipitó a tierra en Santiago del Estero. El estudio señala: • La evolución anual de accidentes muestra que en 1986 y 1987 tuvieron lugar seis accidentes. En 1988, siete; en 1989 cinco y en 1990, la misma cantidad. En 1992, dos, pero al año siguiente se trepó a nueve. En 1994, uno. En 1995, cinco y en 1996, siete. En 1997 y 1999, uno en cada caso. En el primer año del siglo en curso, cinco; seis en el 2001, uno en el 2003, tres en el 2004 y seis en el 2005, el 2006 y el 2007 respectivamente; en el 2008, 2009 y 2010, uno por año. En el 2012, uno y en el año en curso, uno. • Si se tienen en cuenta los accidentes por arma –tanto en el componente aviones como helicópteros– se observa que 59 de las máquinas siniestradas pertenecen a la Fuerza Aérea, 11 al Ejército, seis a la Armada, cinco a Gendarmería Nacional y una a Prefectura Naval Argentina. A la hora de las conclusiones, la investigación de Nueva Mayoría señala: • La falta de mantenimiento de las aeronaves, el agotamiento del material y la disminución del adiestramiento surgen como explicaciones más probables de estos accidentes. • La diminución relativa de este tipo de accidentes en los últimos cuatro años puede tener relación con la menor cantidad de horas de vuelo que tienen las aeronaves militares y la menor cantidad de máquinas que están volando. • La frecuencia de accidentes en aeronaves militares –como las que también están ocurriendo en los buques de la Armada– muestra la existencia de un problema estructural en cuanto al gasto militar argentino. En otros términos: a menor presupuesto, más aviones al suelo.