“El cielo es un paisaje para descubrir”, la historia del viajero que durmió en un observatorio bajo el cielo más increíble
En el Complejo Astronómico El Leoncito, en San Juan, el astroturismo se vive entre telescopios gigantes, científicos y más de 300 noches despejadas al año. Una experiencia inmersiva que transforma la manera de mirar el cielo.

Se hizo de noche en el Complejo Astronómico El Leoncito y el silencio empezó a ocuparlo todo. El viento apenas rozaba las montañas del departamento Calingasta, en San Juan, mientras las últimas luces desaparecían detrás de la cordillera. A más de 2.500 metros sobre el nivel del mar, lejos de las ciudades y de cualquier contaminación lumínica, el cielo comenzaba a revelarse como un espectáculo imposible de dimensionar. Ahí, en medio de uno de los puntos más privilegiados del planeta para observar estrellas, Nicolás Maucieri (@elrutaa) levantó la vista y entendió que ya no estaba viviendo un simple viaje.
“Hace un par de años fui por primera vez. Esta es la tercera vez que voy. En aquella visita conocí el observatorio y sentí que me picó el bichito del astroturismo”, cuenta. Hasta entonces, el cielo había sido apenas un fondo, algo cotidiano. Pero en El Leoncito descubrió otra cosa. “Entendí que el cielo también es un paisaje para descubrir”, dice y esa idea le quedó dando vueltas durante meses, hasta que apareció una nueva propuesta: la posibilidad de dormir dentro del complejo científico del CASLEO.
El Complejo Astronómico El Leoncito, más conocido como CASLEO, cumple este año cuatro décadas de trabajo científico. Inaugurado en 1986, se convirtió en una referencia de la astronomía latinoamericana. Su corazón es el telescopio Jorge Sahade, el más importante de la Argentina: una estructura monumental de 40 toneladas y 2,15 metros de diámetro que parece salida de una película de ciencia ficción. Allí trabajan investigadores del CONICET y de las universidades de La Plata, Córdoba y Cuyo, en uno de los cielos más limpios del continente, con entre 270 y más de 300 noches despejadas al año.
Pero en los últimos tiempos el observatorio empezó a convivir con otra dimensión: la del turismo astronómico. Y eso es lo que vuelve único al lugar. Porque no se trata de un hotel temático ni de una excursión nocturna convencional. Acá los visitantes se alojan dentro de una zona científica activa, comparten espacios con astrónomos y salen de noche a observar el universo desde plataformas abiertas en plena montaña.
La experiencia empieza de día, atravesando el Parque Nacional El Leoncito, a unos 35 kilómetros de Barreal. “Primero hicimos la visita diurna. Recorrimos el observatorio y conocimos el telescopio más grande de la Argentina. Ahí te explican cómo trabajan los científicos y cómo funciona todo”, relata Nico.
Después llega el alojamiento, ubicado a menos de cien metros del edificio principal, dentro de la zona científica. Habitaciones simples, cómodas, con ducha caliente y Wi-Fi. Lo suficiente para descansar en medio de un paisaje que parece de otro planeta. “Y eso es increíble porque compartís el lugar con los científicos: te los cruzás tomando un café, descansando o trabajando”, cuenta.
La noche arranca después de la cena. Afuera hace frío. A fines de abril las temperaturas ya caen fuerte en la montaña sanjuanina. Los visitantes se abrigan y salen junto a los guías hacia una plataforma de observación. Entonces sucede algo difícil de explicar.
“Cuando apagaron todas las luces y quedamos solamente con la linterna del guía, levanté la vista y pensé: ‘¿Dónde estoy?’ Como no hay contaminación lumínica, el cielo se ve perfecto. A medida que el ojo se acostumbra a la oscuridad empezás a descubrir detalles de la Vía Láctea, nebulosas y muchísimas cosas a simple vista, sin telescopio. Ya eso solo es espectacular”.
El cielo no es negro: es profundo, intensamente brillante. La Vía Láctea aparece completa, atravesando la oscuridad como una franja blanca y espesa. Miles de estrellas se vuelven visibles al mismo tiempo. “Nos tocó luna creciente, entonces se veía apenas iluminada la cordillera y las sierras del Tontal. Los guías te van explicando cómo nacen las estrellas, te marcan las constelaciones y los planetas con un láser, cuentan historias del cielo y también por qué estamos nosotros donde estamos”.
Nico explica que la experiencia cambia completamente cuando hay alguien especializado en astronomía que explica cómo funciona el cielo: dónde están las estrellas, los planetas, las constelaciones o la propia Vía Láctea. También la distancia en años luz desde la Tierra y todo lo que repercute en lo que vemos arriba.
“El movimiento de una estrella fugaz, por ejemplo, puede ser el reflejo de algo que ocurrió hace cientos, miles o millones de años. Ahí es cuando decís: ‘Wow, no lo puedo creer’. La verdad es que el universo es un paisaje épico, y El Leoncito es un lugar espectacular para hacer este tipo de turismo», ya que tiene más de 250 noches despejadas al año», relata.
La observación dura alrededor de una hora y media. Hay telescopios preparados para el público y también binoculares. “Eso está buenísimo porque los mismos guías te dicen que no hace falta tener un telescopio enorme para disfrutar del astroturismo”, cuenta. La experiencia termina con café caliente y algo para comer antes de volver a las habitaciones.
Pero el momento que más recuerda ocurrió después, cuando todos ya se habían ido a la cama. “Pregunté si podía volver a salir más tarde. Me dijeron que sí, siempre y cuando no hiciera mucha iluminación porque los científicos seguían trabajando con el telescopio gigante”, relata. Entonces calentó agua para el termo y salió otra vez solo hacia la plataforma. No había voces, no había celulares, apenas el ruido del viento y un cielo completamente vivo encima suyo.
“Fue una experiencia de piel de gallina. Ahí pensé que algo tan simple como salir unos kilómetros de una ciudad, llevar algo calentito y mirar el cielo ya es un regalo enorme que te da la vida. Como ver un amanecer o un atardecer, es hermoso”, dice.
Y mientras el planeta seguía girando, las constelaciones cambiaban lentamente de posición sobre las montañas del Leoncito. “Los guías son espectaculares. Explican todo con muchísima paciencia y logran llevar la astronomía al lenguaje de cualquier turista”, cuenta Nico Maucieri. Entonces, la invitación es a descubrir un paisaje nocturno. «A veces no imaginamos que hay un universo por descubrir en el cielo”, concluye.
Cómo es la experiencia en el CASLEO
- La experiencia nocturna dura aproximadamente una hora y media e incluye observación guiada del cielo, telescopios y binoculares.
- Al finalizar, los visitantes comparten un café caliente y algo para comer antes de regresar al alojamiento.
- El hospedaje está dentro del complejo científico, a pocos metros del observatorio. Las habitaciones son simples, cómodas y cuentan con ducha caliente y Wi-Fi.
- A la mañana siguiente se sirve desayuno y también hay un pequeño espacio para comprar merchandising del observatorio.
- “Los guías son espectaculares. Explican todo con muchísima paciencia y logran llevar la astronomía al lenguaje de cualquier turista”, cuenta Nico Maucieri.
- Según relata, uno de los diferenciales del lugar es la calidez humana: “Siempre están atentos: si tenés frío, si necesitás un café o si querés quedarte un rato más escuchando historias del cielo”.
- La experiencia completa, con alojamiento y actividades, arranca desde los $90.000.
- Las reservas se realizan a través de la página oficial: visitascasleo.com.
- Quienes no consigan alojamiento igual pueden hacer la visita diurna al observatorio, disponible sábados, domingos y lunes con tres recorridos por día.
- La entrada para la visita diurna cuesta entre $5.000 y $6.000.
- Para Nico, “es una experiencia que todo el mundo debería hacer al menos una vez”, especialmente por la calidad del cielo, la ubicación privilegiada y el contacto directo con la astronomía.
Cómo llegar al Complejo Astronómico El Leoncito
- De Neuquén a San Juan ,hay 955 km que se hacen en 12 horas. Vuelos directos no hay, pero se puede ir a Mendoza (a 171 mk).
- Desde la ciudad de San Juan se llega por las rutas nacionales 40 y 149 (241 km); y desde Mendoza, por las rutas 7 y 149, pasando por Uspallata (219 km).
- En la página www.sanjuan.tur.ar encontrarás hospedajes y servicios.
Nicolás Maucieri es de Río Grande, Tierra del Fuego. Hace años, y desde el fin del mundo, sale a descubrir lugares y a conocer su gente. Su nombre en Instagram es @elrutaa y allí encontrarás su historia viajera.
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