El Piedral, la playa escondida del lago Mari Menuco

Por picadas petroleras casi imperceptibles se puede llegar a playas más solitarias y tranquilas a pasar un día ideal a unos 65 km de Neuquén capital.





Encontrar un sendero que las lleve al lago era la misión de Estefanía, Lujan y Mariana, quienes en el auto aceleraban con las bikinis puestas. Iban por ruta 51, pasaron la rotonda y vieron que delante de ellas iba una camioneta con una tabla de SUP en el techo. “Este nos va a llevar hasta el lago, seguilo”, dijo Mariana desde atras asomando la cabeza entre los dos asientos.

Lujan aceleró para no perderlo de vista y no se despegó de atrás de la camioneta que unos kilómetros antes de la Villa , dobló a la izquierda y se metió en un camino de ripio. Luego volvió a doblar a la derecha. A medida que avanzaba, los alpatacos se acercaban a los márgenes de la huella y la hacían más delgada.

Para llegar al lago Mari Menuco, hay picadas petroleras casi imperceptibles, que te conducirán. Sin señalización se bifurcan y se vuelven a unir sin aparente sentido, pero son un acceso a lindas, y a veces tranquilas playas, como El Piedral.

Lujan detuvo el auto en un barranco. Desde ahí, se veía el azul del lago que aparecía gigante frente a ellas. Bajaron, caminaron unos pasos: allí estaba la pequeña playa tapizada de piedras y abrazada por las bardas.

Eran las diez de la mañana de un sábado y solo unos pocos habían madrugado. En el borde izquierdo se veía un grupo de cinco personas, algunos sentados en reposeras. Varios trajes de neoprene desparramados en el suelo, parecían siluetas negras que tomaban sol.

Matías desde el medio iglú amarillo comentaba que, con sus compañeras, pertenecían al Club Santafesino de Neuquén. Ellos van todos los veranos a nadar en aguas abiertas. “Es un lugar tranquilo, no viene mucha gente, el agua es cálida y transparente. Cuando nadas ves el fondo y es hermosa la sensación, es muy cristalina”, decía.

Mabel y Julia sumaban que su profesor los llevó a nadar de noche. A las boyas les pusieron linternas adentro. Mientras unos entrenaban, los de afuera hacían un fuego y al salir comieron unas hamburguesas. Ahora, planeaban ir, para meterse al lago con la luna llena.

Un “piiiiiiiii” se escuchaba en la playa. Era un motor con el que, a 20 metros de ahí, Maxi inflaba su kayak. Recién terminaba de armar dos sombrillas, mientras el más pequeño de la familia, de tres años, con su camiseta anti sol metía los pies en el agua. Hasta allá los habían llevado las voces de los que fueron antes.

“Es la segunda vez que venimos, desde Neuquén capital. Hacemos SUP y como es tranquilo, es ideal. Después de las cuatro el lago queda muy planchado. Desde este punto se ve muy bien el atardecer, que es hermoso. Nunca hay muchas personas”, decía Luana.

A 10 metros, tres chicas también comenzaban a instalarse. Habían llevado una especie de gazebo, que no se dejaba armar fácilmente, pero con porfía, lo lograban de a poco.

Una de ellas, se presentaba como “la amante del lago”, porque desde los seis años que va a pasar los veranos. Habían llegado desde Villa Manzano. “En vez de ir al río que se llena, nos venimos para acá. Depende de como está el pronóstico, podemos pasar el día y volver . Pero si está lindo armamos la carpa cerca de unos arbolitos, en el piso firme”, decía Carolina, mientras sus pequeños perros Gala y Yado, olfateaban toda la costa.

En ese lugar, con sus amigas Sofía y Sole, tienen miles de recuerdos lindos, solo una vez les tocó estar junto con un grupo de chicos que pusieron música alta hasta la madrugada y no pudieron dormir. “Antes no pasaba nunca, por suerte no sucede siempre. Lo único que espero que no se privatice”, decía Carolina.

En la otra punta Lara con su malla entera deportiva y una boya naranja, salía de nadar. Luego subía a su camioneta. Hacia la derecha se veían los acantilados y a lo lejos, una pareja con dos perros, solos en medio de la nada.

Datos:

Para pasar la noche:

El camping del Mari Menuco es una opción que permite acampar, acceder a baños, parrillas y proveeduría. Está señalizado, y en ese sector la costa del lago está forestada y parquizada.

También cerca de allí está el camping Bahía Bonita.

Quienes vayan durante la semana encontrarán un lugar bello y solitario, al que no perturban otros ruidos que no sean los de la naturaleza. Sábados y domingos la concurrencia es más notable, aunque no llega a ser abrumadora como en otros balnearios.


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