El pueblito con pulperías de campo que encontró en el asado su fiesta más convocante
A poco más de una hora de la ciudad, Uribelarrea conserva su ritmo de campo y se prepara para el Festival del Costillar Criollo: una celebración donde el fuego, la carne y la tradición convocan multitudes.

El camino se va angostando y el ruido queda atrás. En Uribelarrea, las calles de tierra todavía levantan polvo y el tiempo parece sostenerse en otra velocidad. No hace falta mucho para entender por qué este pueblo de apenas 1.600 habitantes se convirtió en una escapada repetida: hay pulperías abiertas, mesas largas y ese olor a leña que anticipa lo que vendrá.
En los fines de semana largos, el movimiento cambia. Llegan autos desde temprano, familias enteras y grupos de amigos que buscan algo más que un almuerzo. Buscan quedarse, y el pueblo responde con parrillas encendidas, almacenes de campo y recetas que no apuran. Acá se come con pausa, como si el viaje siguiera en cada plato.
Pero hay un día en el que todo se intensifica. Cada 1° de mayo, en el marco del Día del Trabajador, el pueblo se convierte en escenario del Festival del Costillar Criollo. No es una fiesta más: es una postal en escala real de la identidad bonaerense. Este año, la cifra impresiona incluso antes de llegar: 1.300 costillares al asador, alineados y encendidos al mismo tiempo.
El predio de la Sociedad de Fomento se transforma en un paisaje de hierro, brasas y humo. Cada costillar tiene su número, su espacio, su fuego. La organización es precisa, pero el clima es otro: guitarras que aparecen sin escenario, copas que se llenan sin protocolo, conversaciones que se estiran como la tarde.

La entrada anticipada asegura una costilla entera por persona. No hay improvisación ni venta de último momento. El ritual empieza antes: elegir el lugar, cargar reposeras, llevar cuchillos y tablitas. Prepararse, en definitiva, para una jornada que no se mide en horas sino en encuentros.
Entre costillar y costillar, el pueblo sigue siendo el mismo. La plaza, la iglesia Nuestra Señora de Luján y la vieja estación ferroviaria funcionan como pausas inevitables. Son parte de la caminata, del descanso entre comida y comida, de ese recorrido que mezcla historia y presente sin esfuerzo.
Cuando cae la tarde, el humo se vuelve más liviano y el pueblo recupera su calma. Los visitantes empiezan a irse, pero algo queda: el eco de un día que no se apura, que se cocina lento y que, como el mejor asado, encuentra su sentido en el tiempo compartido.
La organización informó que la entrada anticipada incluye una costilla entera asignada por número de puesto, mientras que el paseo gastronómico y el acceso al predio siguen siendo libres y gratuitos para quienes quieran recorrer el evento sin participar del asado principal. Entre los datos importantes para quienes planean asistir se destacan:
- La entrada incluye 1 costilla entera por persona
- Se pueden adquirir hasta 4 costillas por usuario
- No habrá venta en puerta el día del evento
- El retiro del costillar se realiza en un puesto asignado previamente
- Se recomienda llevar reposeras, mantas, cubiertos y tablitas
- El estacionamiento estará organizado por Bomberos Voluntarios de Cañuelas
Además del asado principal, durante toda la jornada habrá puestos gastronómicos regionales y ferias artesanales que suelen acompañar los eventos tradicionales del pueblo, lo que convierte la experiencia en un plan ideal para pasar el día en familia o con amigos.
Con información de Agencia NA.

El camino se va angostando y el ruido queda atrás. En Uribelarrea, las calles de tierra todavía levantan polvo y el tiempo parece sostenerse en otra velocidad. No hace falta mucho para entender por qué este pueblo de apenas 1.600 habitantes se convirtió en una escapada repetida: hay pulperías abiertas, mesas largas y ese olor a leña que anticipa lo que vendrá.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios