La brama: el espectáculo salvaje que hace temblar la noche pampeana

Entre ciervos colorados, olor a monte y peleas por las hembras, la Reserva Provincial Parque Luro ofrece una de las experiencias naturales más intensas del país. A pocos kilómetros de Santa Rosa, los ciervos colorados protagonizan un ritual único que cada otoño transforma el bosque de caldén.

El bramido del ciervo rompe el silencio del caldenal en las noches frías de otoño. Fotos: Alejandro Carnevale.

Primero es un golpe seco, como si dos ramas gruesas se quebraran en medio de la oscuridad. Son las astas de dos ciervos colorados que chocan entre sí en alguna parte del monte. No se ven, todavía, apenas se adivinan entre las sombras del caldenal, donde la noche parece caer tan cerca de la cabeza que casi se puede tocar. Después llega el olor, intenso, salvaje. Animal. Y finalmente, el bramido, un sonido grave, largo, que atraviesa la llanura pampeana y hace vibrar el aire de abril. El macho busca ser visto, elegido. Busca prolongar su existencia.

A 35 kilómetros de Santa Rosa, la Reserva Provincial Parque Luro protege uno de los últimos relictos de caldenal del país. Son 7.700 hectáreas de médanos, lagunas, salitrales y bosque pampeano donde cada otoño ocurre uno de los espectáculos naturales más intensos de la Argentina: la brama del ciervo colorado.

Los guías Jorge Briguez y Agustin Mansilla, caminan por los senderos esperando que algo se mueva entre los árboles y reciben a los que quieren vivir esta experiencia. “La brama coincide con la época de apareamiento del ciervo colorado. También tiene que ver con la historia de Parque Luro y de Pedro Luro, porque fue él quien introdujo la especie al país. Tanto el ciervo colorado como el jabalí son especies introducidas. Primero se instaló en La Pampa y después se expandió hacia la Patagonia”, cuenta Agustín.

En plena época de reproducción, los machos pelean con sus astas para imponerse y atraer a las hembras.

Hace más de un siglo, Pedro Olegario Luro convirtió estas tierras en un inmenso escenario de caza. Había dejado atrás la medicina y se había instalado en un establecimiento de 23.700 hectáreas, heredado a través de su esposa, Arminda Belén Roca, hija de Ataliva Roca y sobrina de Julio Argentino Roca.

Allí fundó el primer coto de caza organizado del país. Lo llamó San Huberto, en honor al patrono de los cazadores. Trajo jabalíes franceses y ciervos colorados desde los Cárpatos. Eran animales exóticos pensados para la caza, pero terminaron encontrando en la llanura pampeana un territorio perfecto para quedarse.

“Uno puede hablar durante horas sobre la brama, pero si no la vive, no termina de entenderla. Marzo y abril son la época de reproducción y es el momento en el que el ciervo busca liderar”, explica Jorge con la misma pasión que su compañero.

El castillo de Parque Luro, de estilo francés, fue construido por Pedro Luro para recibir a sus invitados en plena llanura pampeana.

Los ciervos colorados llegaron desde Europa, pero se adaptaron rápido. Forman harenes, se disputan el territorio y compiten por las hembras. Sin embargo, en ese universo aparentemente dominado por la fuerza, son ellas las que deciden. “Se habla de un sistema matriarcal porque responden a tres preguntas básicas de la reproducción: dónde, cuándo y con quién”, resume Jorge.

Ellas permanecen en los pastizales donde hay más alimento, ovulan entre marzo y abril; y eligen al macho. “El macho alfa puede tener un harén de hasta 20 hembras, porque ellas andan en manada. Pero eso no garantiza nada: primero tienen que elegirlo. Entre los machos hay peleas para llamar la atención y también aparecen esos gritos característicos de la brama, que funcionan como una señal de poder”, explica Agustín.

Para participar de la experiencia hay que caminar casi tres kilómetros. “Lo lindo es que es algo muy sensitivo: vamos a escuchar a los animales, vamos a tratar de verlos y hasta los vamos a olfatear, porque emanan un olor muy fuerte. Son animales que están en celo y muy territoriales”, cuenta Jorge.

Durante la temporada de brama, el parque modifica sus horarios. Abre de 10 a 17 y luego vuelve a habilitar los avistajes al amanecer y al atardecer, que son los momentos en que los animales salen del monte. Hay dos salidas: una de 5.30 a 9 y otra de 17.30 a 21.

Cada año, durante pocas semanas, la naturaleza marca el ritmo y define el inicio y el fin de la brama.

Preparar las astas para marzo


El macho es el único que tiene cornamenta. Una hembra puede pesar entre 80 y 90 kilos, el macho puede superar los 200. Pero lo más sorprendente ocurre después: en agosto, las astas se caen. Puede ser un golpe contra un caldén, durante una pelea o simplemente porque llegó el momento. Después vuelven a crecer, casi un centímetro por día. Primero están cubiertas por una felpa suave, aterciopelada. Después se endurecen.

“Hacia diciembre esa felpa empieza a molestarles. Entonces se rascan contra los árboles y el suelo para desprenderse de esa cobertura. Al mismo tiempo, marcan territorio. Después vuelve todo el proceso de la brama y al año siguiente las astas vuelven a caerse”, explica Jorge y agregan que a ese proceso se lo conoce como volteo. Por eso muchas veces las astas que se usan en cuchillos, lámparas o percheros fueron recogidas del suelo. No siempre implican la muerte del animal.

Los avistajes se realizan en los momentos de mayor actividad: al amanecer y al atardecer.

Mucho para hacer en Parque Luro


“Muchos se enteran de Parque Luro cuando llega la brama, porque es el momento más fuerte del parque. Pero la idea es que la gente conozca todo lo demás que hay acá”, dicen los guías. Está el castillo de estilo francés que Pedro Luro construyó para recibir invitados y cerrar negocios. Está la sala de carruajes, el camping, los senderos, los salitrales, los médanos y las lagunas. También hay guanacos, zorros, ñandúes y avistajes de aves, entre ellas el cardenal amarillo, una de las aves más buscadas.

Parque Luro resguarda uno de los últimos bosques de caldén del país, escenario de este ritual natural.

“Dentro del parque tenemos registradas más de 200 especies”, cuentan los guías. “Es muchísimo si se tiene en cuenta que en toda la provincia hay unas 400”, dicen los guías.

Hay caminatas, visitas al castillo, recorridos nocturnos y observación de estrellas. Porque en este rincón de La Pampa no hay contaminación lumínica y el cielo se vuelve otro espectáculo de estrellas. También al atardecer, cuando el sol cae detrás de los caldenes, el espectáculo es único.

Y a la noche, cuando la vista ya no alcanza, se agudizan los otros sentidos. El silencio pesa en esas tierras donde alguna vez hubo un coto de caza, y hoy es una reserva natural. Donde antes se organizaban jornadas para disparar y ahora se camina en silencio.

Hay guanacos, zorros, ñandúes y más de 200 especies de aves, entre ellas el cardenal amarillo.

Entradas a la Brama


La Pampa tiene una gran diversidad de propuestas para conocer y disfrutar. En la temporada de otoño e invierno se destaca el turismo de bienestar en las termas de Bernardo Larroudé. También las estancias rurales ofrecen experiencias para disfrutar en cualquier momento del año, desde cabalgatas y gastronomía regional hasta la llamada Ruta de la Carne, un circuito en el que distintos establecimientos rurales y hoteles invitan a probar carnes boutique y platos típicos de la provincia.

  • Las visitas guiadas para ver la Brama se realizan en grupos de entre 20 y 25 personas.
    Turno matutino: 5:30 de lunes a sábados. Tarifa por persona: $25.000.
    Turno vespertino: 17:30 de lunes a sábados. Tarifa por persona: $25.000. Incluyen recepción de bienvenida.
    Organiza: Churrinche Reservas al (2954) 646908.
  • Durante todo el año se programan nuevas actividades junto al área de Turismoque se publican en @reservaparqueluro. Los gúas también comparten fotos e información en Instagram: @jorguedavidbriguez y @agustinmansillalp.


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