Tiene 67 años y adaptó su Renault 11 en un “autohome” para recorrer la Argentina 

El Renault 11 se convirtió en una pequeña vivienda sobre ruedas. El primer viaje importante de Delia fue a Las Grutas, desde Navarro, provincia de Buenos Aires.

Por Redacción

Foto: Facebook Delia Isolina Torres

Delia Isolina Torres tiene 67 años, se separó de su marido y adaptó un Renault 11 de 1991 para convertirlo en un “autohome” y recorrer la Argentina. Le sacó la butaca del acompañante, armó una cama, instaló una pequeña cocina y sumó un baño portátil para viajar sola, sin necesidad de comprar una casa rodante. 

El proyecto comenzó durante la pandemia, cuando Delia vivía en el campo cerca de la Ruta 41 y veía pasar casas rodantes y motorhomes frente a su casa. Después de descubrir en YouTube a viajeros que transformaban autos comunes en pequeñas viviendas, empezó a imaginar que podía hacer lo mismo con su propio vehículo. 

Como no tenía dinero para comprar un motorhome y su marido no estaba dispuesto a viajar de esa manera, comenzó a pensar en adaptar el auto que ya tenía. Primero hizo pruebas con almohadones y un viejo catre, hasta que una conocida le dio una idea que resultó clave: sacar la butaca delantera. 

Con esa modificación, el Renault 11 se convirtió en una pequeña vivienda sobre ruedas, con espacios para dormir, cocinar y resolver las necesidades básicas durante los viajes. 

Cómo convirtió un Renault 11 en un “autohome” para viajar sola 


La adaptación del vehículo requirió aprovechar al máximo cada centímetro disponible. En el sector del acompañante, Delia armó una cama de una plaza y dejó espacio de guardado debajo. En la parte de la luneta instaló una pequeña cocina, con un anafe y bidones de agua. 

Del otro lado ubicó un baño, equipado con un inodoro químico portátil. Así logró distribuir las funciones esenciales dentro de un automóvil de 1991, sin tener que comprar una casa rodante ni realizar una transformación costosa. 

Antes de emprender recorridos largos, otros viajeros le recomendaron comenzar con destinos cercanos para acostumbrarse a la experiencia. En 2021 participó de un encuentro de rodanteros en General Belgrano, a unos 100 kilómetros de Lobos, donde empezó a conocer a personas que viajaban de una manera similar. 

La experiencia también le permitió descubrir una red de ayuda entre viajeros. En los grupos de rodanteros podía conseguir recomendaciones sobre lugares para detenerse, mecánicos y personas dispuestas a ayudar ante cualquier inconveniente durante el recorrido. 

De Las Grutas a las Cataratas del Iguazú: los viajes que hizo con su auto 


El primer viaje importante de Delia fue a Las Grutas, en Río Negro. Salió sola, recorrió distintos lugares y se encontró con otros viajeros en el camino. Pasó alrededor de 15 días fuera de su casa y, según recordó, la experiencia le gustó tanto que no quería regresar. 

En 2023 emprendió otro recorrido que comenzó en Chajarí, Entre Ríos, y se extendió por Corrientes y Misiones hasta llegar a las Cataratas del Iguazú. Durante el regreso, también visitó los Saltos del Moconá, en Misiones. 

Uno de los momentos más desafiantes ocurrió durante la subida hacia los saltos, cuando el Renault 11 avanzaba con dificultad y Delia tuvo que detenerse varias veces. Al llegar, la niebla cubría el paisaje y pensó que no podría verlos, pero el tiempo mejoró cerca del mediodía. 

Más adelante, también viajó a Catamarca en caravana y recorrió distintas provincias del norte argentino. Su último gran recorrido duró alrededor de 40 días, incluyó parte de la Ruta 40 y llegó hasta Jujuy, donde conoció Iruya. 

Después de separarse, volvió a viajar y enfrentó sus miedos 


En 2024, después de separarse, Delia atravesó un momento difícil y comenzó a trabajar sus miedos con una psicóloga. Incluso llegó a dudar de si quería volver a salir a la ruta. 

Un encuentro de rodanteros terminó convirtiéndose en una prueba personal. Cuando llegó a Navarro, a unos 30 kilómetros de Lobos, empezó a sentirse mal y pensó en regresar. Sin embargo, decidió continuar y llegó al encuentro sin volver a experimentar ese malestar. 

Desde entonces, siguió recorriendo el país y aprendiendo a reconocer sus propios límites. Durante un viaje a Catamarca, por ejemplo, decidió abandonar el recorrido hacia el Campo de Piedra Pómez porque el auto no respondía bien ante la subida y el viento en contra. 

Delia no interpretó esa decisión como un fracaso, sino como parte de la experiencia de viajar. Para ella, aprender cuándo continuar y cuándo detenerse también forma parte de la vida en la ruta. 


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