7 datos reales que tenemos que saber sobre el Covid-19

Lo que abunda es la desinformación y también las noticias falsas. Para separar realidad de mentira, aquí van siete hechos reales sobre el coronavirus: el uso de barbijos, la higiene personal, las vacunas y sus supuestos riesgos y el origen del virus, entre otros temas.

(Foto: AP)

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Vivir una pandemia en la era de internet significa que, en ocasiones, la desinformación puede propagarse más rápido que los hechos.


Ante una avalancha de afirmaciones sobre el coronavirus y la enfermedad que causa, el covid-19, es posible terminar preguntándose si hacer gárgaras con agua salada es una cura o si el patógeno fue creado por el hombre en un laboratorio chino. (Alerta de spoiler: el agua salada no funciona y los científicos creen que el virus se generó en la naturaleza).

Pero aquí van siete datos reales sobre el coronavirus para tener en cuenta cuando escuches afirmaciones contrarias sobre ellos.


Realidad: los barbijos ayudan a prevenir la propagación del coronavirus



Varios estudios respaldan la teoría de que los recubrimientos faciales reducen el riesgo de infección. Robert Redfield, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) de Estados Unidos, testificó ante el Senado de ese país en septiembre que los cubreboca son “la herramienta de salud pública más importante y poderosa que tenemos” para combatir la pandemia.

Los cubreboca, por supuesto, solo funcionan cuando se los utiliza. Lo que se hace cuando uno se los saca es importante. Alguien podría decir que “casi siempre” utilizó un cubreboca y aún así podría haber tenido momentos en los que tuvo que quitárselo en un lugar público como, por ejemplo, durante una cena.


No se conocen curas para el Covid-19



Si bien una cura para el covid-19 sería más que bienvenida, no se ha descubierto ningún medicamento o tratamiento para eliminar la enfermedad. Desde que el coronavirus surgió en China, a finales de 2019, han circulado innumerables rumores falsos sobre posibles curas. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) de Estados Unidos ha emitido casi 150 cartas de advertencia a compañías que de manera fraudulenta están prometiendo tener una cura, tratamiento, método de prevención o herramienta de diagnóstico. En realidad, “las herramientas farmacéuticas con la que cuentan los médicos para tratar el covid-19 están seriamente limitadas”, como lo ilustró Christopher Rowland.


Quedarse en casa, usar desinfectante y lavarse las manos con más frecuencia es saludable



Ninguno de esos hábitos, que se recomiendan para prevenir la propagación del coronavirus, representan un riesgo para nuestro sistema inmunitario, a pesar de las afirmaciones que dicen lo contrario.

La idea equivocada de que limitar el tiempo que pasamos con personas fuera de nuestro hogar podría dañar nuestra capacidad para combatir enfermedades puede provenir de la “hipótesis de la higiene”, o la idea de que los niños pequeños que están expuestos a gérmenes tienen menos probabilidades de desarrollar alergias y enfermedades autoinmunes.

El barbijo es la herramientas más importante hasta el momento para cuidarse.


Pero este concepto no aplica a los adultos, cuyos sistemas inmunitarios ya se han fortalecido por la exposición a bacterias, según MIT Medical, una clínica del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Si bien la hipótesis de la higiene probablemente también sea la causa de la falsa suposición de que el desinfectante y lavarse las manos debilitan nuestro sistema inmunitario, los científicos de la Clínica Cleveland afirman que no hay evidencia de que aumentar temporalmente estas rutinas de higiene sea perjudicial.


Las vacunas candidatas contra el coronavirus no afectan el ADN de las personas



Dos vacunas candidatas a la espera de la aprobación de la FDA -una de la gigante farmacéutica Pfizer y la empresa de biotecnología alemana BioNTech, y otra de la compañía de biotecnología Moderna- son ejemplos de una nueva tecnología que utiliza un trozo de material genético llamado ARN mensajero.

Ese ARNm le enseña a las células del cuerpo a construir la proteína que está en la superficie del coronavirus, lo que hace que el sistema inmunitario reconozca y bloquee el verdadero virus.


Esta innovadora tecnología contrasta con las vacunas tradicionales, que introducen en el sistema inmunitario una versión inactiva o debilitada de un virus. Pero a pesar de acusaciones que sugieren lo contrario, las candidatas a vacuna contra el coronavirus que utilizan ARNm no “afectan ni interactúan” con el ADN de una persona, según los CDC. Además, fuentes confiables de verificación de datos y de noticias, como Associated Press, BBC, PolitiFact y Poynter, han confirmado con varios científicos que las vacunas de ARNm no modifican el ADN.

“Eso es solo un mito, uno por lo general difundido a propósito por activistas antivacunas para generar deliberadamente confusión y desconfianza”, le dijo a Reuters Mark Lynas, profesor invitado del grupo Alliance for Science de la Universidad Cornell.

“La modificación genética implicaría la inserción deliberada de ADN extraño en el núcleo de una célula humana, y las vacunas simplemente no hacen eso”.


El Covid es más letal que la influenza



Desafortunadamente, el coronavirus es mucho más letal que la gripe estacional. Alrededor de 2% de los casos diagnosticados de coronavirus son letales, en comparación con 0.1% de los casos de gripe diagnosticados.

En ambas enfermedades, los expertos creen que hay muchas más personas infectadas que las que reciben diagnósticos oficiales, lo que significa que las verdaderas tasas de mortalidad son probablemente mucho más bajas. Los CDC estiman que, incluyendo a las personas que han sido infectadas con el coronavirus pero no lo sabían, la tasa de mortalidad en Estados Unidos es de alrededor de 0.65%.


La tasa de mortalidad por infección de gripe puede ser de aproximadamente 0.05 o 0.025%, estiman los epidemiólogos.

Tampoco es cierta la idea de que los médicos están inflando el número de muertos por coronavirus al atribuir muertes de manera indiscriminada al covid-19. Para determinar una causa de muerte, los médicos consideran la infección del paciente, la respuesta al tratamiento y el historial médico. También analizan si las condiciones subyacentes, presentes en la mayoría de las personas que fallecen de covid-19, contribuyeron a la muerte. El covid-19 suele figurar como una causa contribuyente de muerte, mientras que la causa principal suele ser un problema precipitado por la enfermedad, como neumonía. El número oficial de muertes por coronavirus incluye esos fallecimientos porque el covid-19 fue lo que estimuló los otros problemas de salud que mataron al paciente.


Pedirle a las personas de alto riesgo que se queden en casa y dejar que todos los demás tengan una vida normal no “resolverá” la crisis



Dejando de lado las cuestiones morales y éticas en juego, aislar a la población vulnerable y permitir que los demás sigan su cotidianidad como si nada, tiene grandes riesgos.

La columnista del Post Megan McArdle describió alguno de los problemas, como que los hospitales probablemente seguirían saturados con personas de menor riesgo y el hecho de que es casi imposible evitar que las personas de alto riesgo interactúen con otras.

Si bien muchas personas jóvenes pueden tener casos asintomáticos o leves de covid-19, la enfermedad puede ser grave para otras. Los pacientes de 49 años o menos representaron 23.1% de las hospitalizaciones.


Y aunque las personas con condiciones subyacentes son mucho más propensas a ser hospitalizadas o fallecer, las cifras de los CDC desde junio muestran que 7.6% de los pacientes sin condiciones subyacentes fueron hospitalizados.

Dejar que las personas interactúen libremente, como si no hubiera una pandemia, permitiría que el virus se propagara por medio de la población con incluso mayor rapidez, agotando la capacidad de los hospitales ya de por sí saturados y exprimiendo a las y los trabajadores de la salud.

Aislar a la población vulnerable tampoco es práctico. Como señala McCardle en su columna, cerca de 21% de estadounidenses de 65 años o más viven en un hogar multigeneracional, al igual que muchas personas con problemas de salud preexistentes.


Los científicos creen que el coronavirus se originó en animales



Las afirmaciones de que el coronavirus fue creado por el hombre en un laboratorio chino siguen circulando, a pesar de que virólogos y funcionarios de salud pública han explicado repetidas veces que el genoma del virus sugiere que se generó de forma natural. Otros han sugerido que el virus se filtró de manera accidental de un laboratorio que estaba estudiando patógenos transmitidos por murciélagos en Wuhan, la ciudad donde se originó el coronavirus.

Las principales autoridades internacionales y estadounidenses de salud pública -incluyendo la Organización Mundial de la Salud, los CDC y la Oficina del Director de Inteligencia Nacional estadounidense- también han dejado en claro que la evidencia indica que el virus se produjo de forma natural.

Por Marisa Iati, The Washington Post


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