La catedral neogótica que emerge desde la montaña: el templo que convirtió a Bariloche en una postal europea
La Catedral de Nuestra Señora del Nahuel Huapi cuenta la historia de una ciudad construida entre roca, bosque y montaña, donde la arquitectura no intenta imponerse sobre el entorno, sino convivir con él.
En pleno corazón de Bariloche se levanta una construcción que parece llegada desde la Europa medieval, pero nacida entre lagos, montañas y roca volcánica patagónica: la Catedral de Nuestra Señora del Nahuel Huapi.
El templo, inaugurado en 1946, no solo es el principal símbolo religioso de la ciudad, sino también una de las obras arquitectónicas más impactantes de toda la Patagonia argentina.
Antes incluso de observar sus vitrales, arcos o su inmenso campanario, hay un detalle que llama la atención: el suelo. Las piedras parecen emerger desde la vereda como si la montaña quisiera salir a la superficie, y sobre ese basamento natural se construyó una catedral que dialoga permanentemente con el paisaje.

Una obra monumental en medio de la Patagonia
La iglesia fue diseñada por el reconocido arquitecto Alejandro Bustillo, autor de obras emblemáticas como el Hotel Llao Llao y el Monumento Histórico Nacional a la Bandera.
Pero en Bariloche, Bustillo no buscó simplemente construir una iglesia. La intención fue crear un símbolo capaz de representar la identidad de una ciudad que todavía crecía entre caminos de tierra, bosques y lago.
Por eso eligió el estilo neogótico: arcos apuntados, bóvedas de crucería, contrafuertes, arbotantes y enormes vitrales inspirados en las grandes catedrales medievales europeas, aunque reinterpretados en plena Patagonia.
Piedra por piedra, el trabajo artesanal que le dio vida
Uno de los elementos más distintivos del edificio es su piedra blanca, extraída de las canteras del Cerro Carbón. Ese material le otorga al templo una apariencia casi etérea frente al lago, el bosque y la nieve.
La construcción no hubiera sido posible sin el trabajo artesanal de veinte picapedreros liderados por el maestro esloveno José Lukman, quienes durante años tallaron piedra por piedra para dar forma a columnas, arcos y pórticos.
El edificio tiene forma de cruz latina y su cabecera está orientada exactamente hacia el este. El objetivo fue que los primeros rayos del amanecer atravesaran los vitrales y llenaran el interior de colores y reflejos.
Una catedral llena de símbolos patagónicos
En el interior, la arquitectura mantiene una estética austera y monumental. El altar fue construido con una sola piedra, en representación de Cristo como piedra fundamental de la religión cristiana. Detrás se impone una enorme figura de Jesucristo que domina el silencio del templo.
Los 45 vitrales gigantes no solo muestran escenas religiosas. También narran parte de la historia patagónica, con referencias a pueblos originarios y figuras históricas como Nicolás Mascardi y Ceferino Namuncurá.
La catedral está dedicada a Nuestra Señora del Nahuel Huapi, patrona de Bariloche. En una de sus salidas puede verse una escultura tallada en piedra donde la Virgen sostiene al niño Jesús mientras un niño originario permanece de pie a su lado, en una representación profundamente ligada a la identidad regional.
El perfil eterno de Bariloche
El techo de piedra negra culmina en un campanario en forma de aguja de 69 metros de altura, coronado por una cruz que hoy forma parte inseparable del paisaje urbano barilochense.
Aunque muchos turistas no lo saben, la catedral todavía no está completamente terminada. Sin embargo, eso nunca le quitó majestuosidad.
La Catedral de Nuestra Señora del Nahuel Huapi cuenta la historia de una ciudad construida entre roca, bosque y montaña, donde la arquitectura no intenta imponerse sobre el entorno, sino convivir con él.
En pleno corazón de Bariloche se levanta una construcción que parece llegada desde la Europa medieval, pero nacida entre lagos, montañas y roca volcánica patagónica: la Catedral de Nuestra Señora del Nahuel Huapi.
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