De una colmena regalada a producir mieles únicas en la Patagonia, una apuesta por la apicultura agroecológica
Comenzó con una sola colmena que recibió como regalo tras capacitarse en un curso del INTA. Hoy produce mieles diferenciadas, cosecha polen y propóleo, elabora hidromiel y trabaja para incorporar la cría de reinas a su emprendimiento. Su historia está marcada por el esfuerzo, las mareas de la isla y la búsqueda constante de agregar valor a cada producto de la colmena.
Sandra Beker, apicultora del Valle de Viedma.
“Yo arranqué en la apicultura en 2019, a partir de un curso que se dictaba en el INTA Valle Inferior. Hasta ese momento no tenía conocimientos sobre el manejo de un apiario. Había acompañado alguna vez a mi suegro a ver colmenas, pero nada más. Ese curso fue el puntapié inicial de todo lo que vino después”, cuenta Sandra Beker, productora apícola del Valle de Viedma.
Lo que comenzó como una curiosidad terminó convirtiéndose en un emprendimiento que hoy le permite ofrecer una amplia variedad de productos derivados de la colmena. Pero el camino no fue sencillo.
“Cuando terminé el curso vino la pandemia y todo se complicó. Las actividades se frenaron, había restricciones para circular y yo tenía las colmenas en la isla. Para poder atenderlas tenía que gestionar permisos especiales porque son seres vivos que necesitan cuidados permanentes. Fue una época difícil, pero seguí adelante”, recuerda.
Sandra comenzó con una única colmena. “Me la regaló Carmen Silva, una de las instructoras del curso. Esa fue la primera. Después empecé a capturar enjambres y a multiplicar las colmenas. Cada enjambre que aparecía era una oportunidad para crecer”, explica.
Con el tiempo llegó a tener unas treinta colmenas. Sin embargo, una crecida extraordinaria del río cambió sus planes. “Tuve una marea muy grande que me mató más de la mitad de las colmenas. Fue un golpe muy duro. En esta actividad muchas veces hay que volver a empezar. Perdés y arrancás de nuevo.”, relata.
Mieles con características diferentes
Actualmente posee dos apiarios. Uno continúa en la isla y otro se encuentra camino a La Baliza, donde buscó explorar nuevas floraciones y obtener mieles con características diferentes. “Quería encontrar mieles oscuras, más intensas, asociadas al monte. Pensaba que en esa zona iba a lograr esos perfiles, pero me encontré con una sorpresa: terminé obteniendo algunas de las mieles más claras que produje hasta ahora”, comenta entre risas.

La diversidad floral del Valle Inferior permite obtener mieles con características muy diferentes entre sí. Sandra explica que el color, el sabor y la textura dependen directamente de las especies vegetales disponibles para las abejas. “Este año pude producir dos mieles monoflorales muy especiales. Una proviene de la flor amarilla y la otra del abrepuño. Son mieles muy claras, prácticamente blancas, y tienen características que las distinguen claramente de una miel multifloral tradicional. Son productos muy buscados porque tienen sabores particulares y una identidad propia”, explica.
Apostar al valor agregado
La productora destaca que una de las claves de su emprendimiento es apostar al valor agregado. “Yo hago apicultura orgánica y agroecológica. Mi objetivo no es vender grandes volúmenes en tambores, sino producir cantidades más pequeñas y diferenciadas.”, señala.

Además de miel líquida, ofrece miel en panal, una presentación que despierta gran interés entre quienes visitan su stand en ferias y exposiciones. “Muchas personas no saben realmente cómo se produce la miel. Cuando ven un panal completo entienden de dónde sale. A los chicos les llama mucho la atención y les encanta probarla directamente del panal. Es una experiencia distinta y sirve para acercarlos al mundo de las abejas”, cuenta.
La producción no termina allí. Sandra también cosecha polen y propóleo, y trabaja intensamente con la cera producida por sus propias abejas. “Nosotros utilizamos cera pura elaborada en el establecimiento. Recupero la cera, la proceso y hago mis propias láminas para los cuadros. Prefiero hacerlo así porque muchas veces la cera comercial puede venir adulterada. De esta manera tengo la tranquilidad de saber exactamente qué estoy utilizando dentro de las colmenas”, explica.
La capacitación es clave
La capacitación permanente forma parte de la filosofía del emprendimiento. Por eso, uno de los próximos desafíos será incorporar la cría de reinas. “Siempre estoy capacitándome. Ahora vamos a comenzar a producir nuestras propias reinas para abastecer los apiarios. Es un paso importante porque nos permitirá seguir mejorando la genética y tener mayor autonomía”, señala.

Entre los productos más recientes también aparece la hidromiel, una bebida elaborada a base de miel que gana cada vez más espacio entre los consumidores. “Estamos incorporando nuevas alternativas y explorando distintas formas de agregar valor. La idea es ofrecer productos diferentes y aprovechar todo el potencial que tienen las colmenas”, afirma.
Actualmente, los productos de Sandra pueden encontrarse principalmente en la Feria Agroecológica de Viedma y también mediante pedidos directos a través de su Instagram, “la colmena de Sandra”.
Detrás de esta historia también aparece el rol de la capacitación como herramienta de desarrollo local. Los cursos que dicta el INTA permiten acercar conocimientos prácticos a personas que, en muchos casos, no cuentan con experiencia previa en la actividad. La trayectoria de Sandra es un ejemplo concreto: comenzó asistiendo a una capacitación para conocer el manejo básico de las colmenas y hoy produce mieles diferenciadas, elabora productos con valor agregado y proyecta incorporar la cría de reinas a su establecimiento.
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“Yo arranqué en la apicultura en 2019, a partir de un curso que se dictaba en el INTA Valle Inferior. Hasta ese momento no tenía conocimientos sobre el manejo de un apiario. Había acompañado alguna vez a mi suegro a ver colmenas, pero nada más. Ese curso fue el puntapié inicial de todo lo que vino después”, cuenta Sandra Beker, productora apícola del Valle de Viedma.
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