Fruticultura en la Norpatagonia: la búsqueda de un nuevo equilibrio para una actividad en transformación
La cadena frutícola regional continúa siendo una de las principales generadoras de empleo y divisas de la Patagonia. Actualmente cuenta con unas 33.700 hectáreas productivas, aunque en los últimos años se perdieron unas 10.000 hectáreas.
Cosecha de peras en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.
La fruticultura de la Norpatagonia atraviesa uno de los procesos de transformación más profundos de las últimas décadas. La reducción de la superficie implantada con peras y manzanas, la disminución del número de productores y la necesidad de incorporar nuevas tecnologías obligan a repensar el futuro de una actividad que sigue siendo estratégica para Río Negro y Neuquén.
A pesar de los cambios, la región continúa concentrando más del 90% de la superficie nacional destinada a frutales de pepita, con cerca de 33.700 hectáreas implantadas entre perales, manzanos y membrilleros. Sin embargo, detrás de estos números aparece una realidad que preocupa al sector: en los últimos años la actividad perdió más de 10.000 hectáreas de producción y cientos de productores abandonaron el sistema.
Una actividad que sigue siendo un motor económico
La cadena frutícola regional continúa siendo una de las principales generadoras de empleo y divisas de la Patagonia.
Cada año se comercializan alrededor de 500 mil toneladas de manzanas y más de 600 mil toneladas de peras. La pera mantiene una fuerte inserción internacional, con aproximadamente la mitad de la producción destinada a la exportación, mientras que la manzana encuentra su principal mercado dentro del país.

La actividad genera unos 40.000 puestos de trabajo directos y entre 10.000 y 15.000 indirectos, además de movilizar cada temporada a miles de cosecheros, trabajadores de empaque y transportistas.
Las exportaciones de peras y manzanas representaron cerca de 360 millones de dólares durante 2024, confirmando la importancia económica que la fruticultura mantiene para la región.
Menos productores y menos superficie
Los datos muestran una tendencia que se viene consolidando desde hace más de una década. La superficie implantada con frutales de pepita se mantuvo relativamente estable hasta comienzos de la década pasada. Sin embargo, desde entonces comenzó un proceso de reducción que se profundizó especialmente durante los últimos diez años.
La caída fue acompañada por una disminución aún más marcada en el número de productores. Los establecimientos de menor escala fueron los más afectados, particularmente aquellos con menos de 20 hectáreas, donde las dificultades económicas y los crecientes costos de producción complican la sostenibilidad de la actividad.
Este proceso derivó en una mayor concentración productiva, con explotaciones de mayor tamaño que lograron mantenerse e incluso ampliar su participación dentro del sector.
La oportunidad de diversificar
Uno de los aspectos más interesantes que revela la evolución reciente de la fruticultura regional es el surgimiento de nuevas alternativas productivas. Parte de las tierras que dejaron de destinarse a peras y manzanas fueron reconvertidas hacia cultivos agrícolas bajo riego, principalmente maíz y alfalfa. Pero también comenzaron a ganar espacio otras producciones frutícolas.

Los frutos secos aparecen como uno de los sectores con mayor potencial de crecimiento. Los nogales superan actualmente las 2.100 hectáreas implantadas, mientras que los avellanos y almendros continúan expandiéndose en distintas zonas de la región.
Las cerezas también muestran una evolución positiva y representan una alternativa atractiva para diversificar ingresos y acceder a mercados diferenciados.
Los especialistas destacan que estas producciones abren nuevas oportunidades para los productores, aunque también requieren inversiones, capacitación y estrategias comerciales específicas.
Los desafíos de una nueva etapa
La búsqueda de un nuevo equilibrio para la fruticultura patagónica implica enfrentar varios desafíos simultáneos.

Uno de ellos es mejorar los rendimientos productivos. Los valores promedio registrados en la región continúan por debajo de los obtenidos por otros países competidores del hemisferio sur, como Chile, Sudáfrica o Nueva Zelanda.
También preocupa el elevado porcentaje de fruta que no logra llegar al mercado de consumo fresco y termina destinada a la industria. Entre las principales causas aparecen problemas de calidad, daños climáticos y pérdidas durante la cosecha y el acondicionamiento.
La disponibilidad de mano de obra es otro de los temas centrales. La escasez de trabajadores especializados obliga a buscar nuevas formas de organización y a incorporar tecnologías que permitan mejorar la eficiencia de las tareas.
Herramientas para mejorar la productividad
En este contexto, las denominadas Ag Tech comienzan a posicionarse como una herramienta clave. La automatización, la inteligencia artificial, la robótica y el análisis de datos aparecen como alternativas para mejorar la productividad y afrontar algunos de los desafíos estructurales que enfrenta la actividad.
A ello se suma la necesidad de fortalecer la capacidad de conservación en frío y mejorar las estrategias de comercialización, aspectos fundamentales para agregar valor a la producción y acceder a mejores mercados.
Mientras la fruticultura redefine su perfil productivo, la actividad continúa siendo uno de los pilares económicos y sociales de la Norpatagonia. El desafío hacia adelante será encontrar ese nuevo equilibrio que permita combinar competitividad, innovación y sostenibilidad para sostener una producción que forma parte de la identidad regional.
* Autores: Mariela Curetti; Patricia Villarreal; Katherina Retamal; Dolores Raffo; Walter Nievas
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La fruticultura de la Norpatagonia atraviesa uno de los procesos de transformación más profundos de las últimas décadas. La reducción de la superficie implantada con peras y manzanas, la disminución del número de productores y la necesidad de incorporar nuevas tecnologías obligan a repensar el futuro de una actividad que sigue siendo estratégica para Río Negro y Neuquén.
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